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Análisis

Venezuela: la crisis que no encuentra salida

La crisis política en Venezuela no cesa a pesar de los esfuerzos que lleva adelante el Presidente Encargado, Juan Guaidó desde que se autoproclamó como tal el 23 de enero de 2019 y fue reconocido como tal por más de 55 países.

En una entrevista brindada al periodista Andrés Oppenheimer, Juan Guaidó destacó que, en virtud de las acciones del régimen de Nicolás Maduro, su actuación como oposición tiene como eje la construcción de mayorías y el ejercicio de presión a través de protestas continuas, en donde lo que busca, es lograr la solución definitiva al conflicto por el que atraviesa la nación.

Si bien las acciones desplegadas desde su asunción no han dado como resultado un retroceso efectivo por parte del régimen de Maduro, sí se evidencia un cambio en la posición de la comunidad internacional al haber reconocido por un lado la crítica situación de este país como así también, apoyado las acciones de la oposición. Sin embargo, Guaidó hace hincapié en la necesidad de evitar la “normalización de la crisis” por parte de la población y para ello, el accionar dispuesto consiste en recorrer no sólo su país a través de la Operación Libertad, sino el mundo.

Asimismo, es de suma importancia el rol desempeñado por el ACNUDH (La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas) y su Alta Comisionada Michele Bachellet, ya que a través de su último informe de julio (el 9 de septiembre se dará a conocer la actualización del mismo) pudo dar a conocer objetivamente la situación de este país, en donde realizó un llamamiento al gobierno de Maduro para que:

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  • Adopte todas las medidas necesarias para garantizar la disponibilidad y la accesibilidad de alimentos, agua, medicamentos esenciales y servicios de atención de la salud;
  • Adopte de inmediato medidas para cesar, subsanar y prevenir las violaciones de los derechos humanos, en particular las violaciones graves, como la tortura y las ejecuciones extrajudiciales;
  • Ponga en libertad a todas las personas privadas arbitrariamente de su libertad; entre otras.

Por otro lado, la Alta Comisionada, expresó su preocupación por las sanciones impuestas a Venezuela por el gobierno estadounidense de Donald Trump en agosto – que consisten en el congelamiento de todos los activos del gobierno venezolano y la prohibición de las transacciones con éste, a menos que esté específicamente exento – ya que:

“Existe evidencia suficiente que muestra que las sanciones unilaterales con efectos amplios pueden terminar afectando negativamente los derechos fundamentales de las personas, incluyendo sus derechos económicos, así como sus derechos a la alimentación y salud, y que pueden implicar obstáculos para el acceso a la asistencia humanitaria. Incluso las sanciones más dirigidas y concretas, deben de contener garantías estrictas de protección de los derechos humanos”.

De este modo, se evidencia que la situación de Venezuela es endeble. En base a ello, Juan Guaidó, al ser consultado por Andrés Oppenheimer acerca de los posibles métodos de actuación para dar fin no sólo a la crisis sino al gobierno de Maduro, expuso cuáles son las opciones que hay “sobre la mesa”:

“En Venezuela hay 3 opciones de solución a esta crisis en el corto plazo, que llegue la elección como hemos determinado en nuestra ruta, cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres; segundo, una transición sui generis al estilo de lo que sucedió en el ’58 en Venezuela (conformar una transición que también debe ir a posterior a una elección) y, una salida de fuerza. Eso significa que todas las opciones están sobre la mesa y están siendo evaluadas responsablemente”.

Por María Agustina Martinez

Fuentes; www.cnnespanol.cnn.com – www.ohchr.org

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Análisis

El origen de la visión cultural y política de Vladimir Putin

Luego del paréntesis del mandato presidencial de Medvednev (2008-2012), en 2012 se inicia la tercera presidencia de Vladímir Putin que dura hasta las elecciones de marzo de 2018, las cuales vuelve a ganar. En esta nueva etapa, todos los temas que desde 2000 había abordado el mandatario de forma separada quedan ahora aglutinados en torno a la defensa de la identidad nacional, que se compone de patriotismo, valores cristianos y defensa de la influencia extranjera, es decir, muy en línea con la tradición decimonónica (Cfr. María Luisa Pastor Gómez; “Vladímir Putin y la nueva identidad distintiva rusa”; 2019, pp. 79). 

En el diseño de la nueva identidad rusa Putin comparte, al igual que el zar Nicolás I, una concepción mística de Rusia como un imperio que no se define por fronteras territoriales. Asimismo, parte del pensamiento de intelectuales rusos del siglo XIX, entre los que se destaca Konstantin Leontiev, el Nietzsche ruso, quien en su época lamentaba que Europa hubiera emprendido la vía de la secularización y le diera la espalda a sus raíces cristianas. (Cfr. Ibíd. pp. 79-80). 

Europa, decía Leontiev, se halla en decadencia desde el Renacimiento, ya no produce ni santos ni genios, sino ingenieros, diputados y profesores de moral. En cambio, Rusia se halla en la fase ascendente de las civilizaciones; Rusia siempre se desarrolló como una “complejidad floreciente”, como un Estado-civilización cimentado en el pueblo ruso, la lengua rusa, la cultura rusa y otras tradiciones y religiones de Rusia (Cfr. Ibíd. pp. 80; Palabras de Putin en el Club Valdai, 2013. Apud, VILLEGAS; pp. 254).  

Pero ¿quién es Konstantin Leontiev, este pensador del siglo XIX, a quien Putin cita y del cual parte para definir la nueva identidad rusa? ¿Cuáles son las bases conceptuales de su pensamiento? 

Diplomático, médico, filósofo, hombre de letras e incluso monje tardío, en busca de esa alma rusa, bien en el mundo bizantino, bien en la ortodoxia rusa. Leontiev recorrió el antiguo mundo de Constantinopla en busca del camino espiritual y doctrinal que diera sentido a su interpretación del eslavismo ruso (Cfr. S. F. Riquelme; “Rusia y Oriente en Konstantin Leontiev”; 2015, pp. 110). 

Konstantin Leontiev – Foto: Alamy

En 1870 será el momento de eclosión de su doctrina eslavista. Leontiev buscó en la ética y estética bizantina la clave de esta, siempre partiendo de la poesía, de la duda, de la emoción. Solo en lo más profundo del alma, superando temporales filiaciones a grupos étnicos o zonas territoriales, se podía encontrar la esencia de la identidad rusa, de su lugar y misión en la humanidad, ante el terror a perderlas por la muerte personal (el ateísmo liberal) y ante la muerte nacional (la colonización occidental) (Cfr. Ibíd.). 

El miedo a la nada, al olvido, a la pérdida. Una doctrina nacida ante el terror a la soledad, al pecado, a la muerte. Personal y colectivamente, de su identidad y la de su pueblo ruso. Grandes naciones fueron barridas del tiempo y del espacio, grandes hombres fueron olvidados. Leontiev buscaba la seguridad de la belleza y la fuerza, de esa alma recordada en la tierra y en el cielo, salvada entre los pecados de la vida y la santidad del convento (Cfr. Ibíd.). 

Desde esta ontología, Leontiev quiso dar entidad histórica, política y filosófica a esa alma rusa, ortodoxa en lo divino y bizantina en lo estético, ante el terror de un mundo occidental, de un siglo contemporáneo que le hacía transgredir los valores heredados, igualando a todos y a todo. Los fundamentos de ese espíritu civilizatorio ruso eran (Cfr. Ibíd. 111): 

  • La civilización rusa era el complejo sistema cultural de ideas (religiosas, gubernamentales, personales, morales, filosóficas y artísticas), que se producía en toda la vida de las naciones.
  • El bizantinismo nacía como reivindicación de una civilización oriental que unía a distintos pueblos en función de esas ideas religiosas, estatales, morales, filosóficas y artísticas, a partir de la llegada al poder en el Imperio Romano de Constantino.
  • La Edad Media fue configurando una cultura oriental diferenciada de la occidental, en especial tras el Impacto del Renacimiento y la Reforma.
  • Tras la desaparición del viejo Imperio Romano de Oriente, la cultura bizantina se fue asimilando a la eslava, en especial gracias a la labor de la Iglesia Ortodoxa rusa, que alejada de las costas mediterráneas se encontró con el pueblo sencillo, fresco, que no había visto casi nada, ingenuo, directo en sus creencias. 

Pero la lucha espiritual de Leontiev no era simplemente contra las ideas liberales occidentales. Era, especialmente, contra las pasiones, los sentimientos, los hábitos, la ira, la grosería, la malicia, la envidia, la gula, la embriaguez, la depravación, la pereza, etc., que lo occidental instruía en el alma eslava, en su propia alma, presa de un orgullo y una soberbia que le impedía comprender realmente la fe de sus padres. Una lucha entre lo occidental y lo ruso, entre el mundo y sí mismo, entre el alma mundana y el alma rusa. 

De estas contradicciones, de esta búsqueda surgió su doctrina del alma rusa. Doctrina que vinculaba el desarrollo social y cultural de Rusia hacia el Oriente bizantino; espacio histórico que reunía los mismos valores tradicionales que los propios de la Ortodoxia rusa, frente al liberalismo social e igualitario occidental.

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El ideal de Leontiev fue el bizantino, no el eslavo. Si bien parte del eslavismo, a su juicio, este no tenía contenido específico, más allá de similitudes culturales; los pueblos eslavos vivían apartados, incluso enemistados, y muchos de ellos, como los eslavos del Imperio austro-húngaro se caracterizaban por los valores europeístas. La unión de los eslavos a la que aspiraba el paneslavismo y la eslavofilia era, por ello, un peligro para el país, ya que introduciría aún más los principios democrático-liberales e igualitarios predominantes en la mayoría de esas regiones eslavas, que descompondrían las verdades conservadoras y bizantinas fundadoras de la nación rusa. La raza (eslava) era un vector sin futuro; la esperanza pasaba por el espíritu (ortodoxo) inserto en la tradición bizantina (Cfr. Ibíd. 112)

Por ello, frente al enfermo mundo occidental, infectado del consumismo ateo y el relativismo moral, Rusia aparecía como la cuna de una civilización cristiana original, marcada por esa tradición bizantina.

¿Vladímir Putin, está intentando, acaso, sanar al mundo del liberalismo occidental y transmitir la moral y belleza del alma rusa? ¿Lo quiere hacer a través del sufrimiento de la guerra y la deshumanización que genera la violencia? Las preguntas quedan planteadas.

Por Bruno Ponferrada – Prof. de Filosofía – 06/02/22

Fuentes: 

M. L. Pastor Gómez; “Vladímir Putin y la nueva identidad distintiva rusa” en Cuadernos de estrategia,  Nº. 200, 2019 (Ejemplar dedicado a: Globalización e identidades. Dilemas del siglo XXI), págs. 63-86.

S. F. Riquelme; “Rusia y Oriente en Konstantin Leontiev” en La Razón Histórica, nº30, 2015, pp. 105-115. 

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Análisis

Ucrania, la línea de fractura

Nadie puede negar que Vladimir Putin ejerce el poder de manera autoritaria. A su vez, resulta evidente que los principios de la democracia occidental no forman parte del ADN del sistema político ruso y que Rusia ha manifestado, desde sus orígenes históricos, una tentación imperial. Estos tres ejes sustanciales no son, empero, suficientes para explicar la situación actual en una región que supone una frontera endeble entre occidente y Rusia. 

¿Por qué Ucrania? 

Hay muchas razones que explican el accionar ruso: económicas, de política interna, de proyección geopolítica, etcétera, que ya han sido analizadas profusamente. Sin embargo, hay razones profundas y arraigadas que hacen de Ucrania un caso particular y sometido a una inestabilidad persistente desde el derrumbe soviético.

El imperio ruso nació en Kiev, actual capital de Ucrania, y durante mucho tiempo ha mantenido su independencia política. Sin embargo, desde 1654, cuando Bohdan Khmelnytsky juró lealtad al Zar a cambio de ayuda contra el dominio Polaco, estuvo bajo la égida de Moscú.
Internamente, es un país dividido pues la región occidental ha formado parte de Polonia, Lituania y Austria-Hungría, mientras que la región oriental ha mantenido estrechos lazos con Rusia. No se trata solamente de una cuestión de mapas y fronteras, sino de un impacto importante sobre la población. Los ucranianos occidentales hablan ucraniano y se han mantenido firmes en sus posiciones nacionalistas; en cambio la población oriental en gran parte habla ruso y no han sido tradicionalmente anti rusas. En materia religiosa la división también es marcada y en este punto es necesario resaltar el carácter descentralizado del Cristianismo Ortodoxo en donde las iglesias son nacionales, lo que implica en cierta medida y según los casos, una ligazón más férrea con los poderes políticos. En el caso de Ucrania, los orientales tienen vínculos con la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero en la región occidental la mayoría pertenece a la denominada Iglesia Uniata, que practica el rito bizantino, pero que reconoce la autoridad del Papa.

Todos estos datos no son solo curiosidades demográficas, sino que han influido decisivamente en la dinámica de los acontecimientos desde el desmembramiento de la Unión Soviética. En las elecciones presidenciales de Ucrania lo habitual ha sido que se enfrenten líderes pro rusos y pro occidentales; el triunfo de unos u otros marca las tensiones con una u otra potencia. Las elecciones presidenciales de 1994 han sido una clara demostración, cuando el líder nacionalista Kravchuck venció en las 13 provincias de Ucrania occidental con amplia mayoría y el líder pro ruso Kuchma hizo lo propio en las 13 provincias de Ucrania Oriental. El último presidente ucraniano filo ruso fue Vìktor Yanukóvich, quien gobernó entre 2010 y 2014. Desde esa fecha, se han acelerado los conflictos internos, desde los intentos secesionistas de Donetsk y Lugansk pasando por la crisis y posterior anexión o recuperación, según el cristal con el que se mire, de Crimea por parte de Rusia.

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La coyuntura pasa, pero la historia queda. En Ucrania la historia marca la existencia de un país dividido en donde los conflictos han estado presentes o latentes de una manera casi permanente. En su célebre “Choque de Civilizaciones”, Samuel Huntington señalaba que la línea de fractura entre la civilización occidental y la ortodoxa pasaba por Ucrania y que el futuro de la región dependía de las relaciones entre estas dos naciones eslavas. El autor suponía como hipótesis más probable una Ucrania unida pero escinda y cercana a Rusia por conveniencia más que por convicción. No descartaba, aunque como una hipótesis menos probable, la división de Ucrania en dos entidades y la anexión de la oriental con Rusia. Claro, en los años 90, cuando Huntington escribió su obra, China no era una potencia mundial y Putin no estaba al frente del Kremlin

Por Lic. Victor Toledo — 27/02/22

Fuente: www.eltribuno.info

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Análisis

Los efectos del Coronavirus en la región de América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe (ALC), se ha convertido en una de las regiones más afectadas a nivel global por la pandemia por Coronavirus, superando, en el séptimo mes desde que se informara el primer caso, los 8 millones y medio de casos confirmados y, más de 300.000 muertes.

Los principales países afectados son: Brasil, Perú, Colombia, México, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, República Dominicana y Panamá.

La situación de la región de ALC es crítica en virtud de numerosas razones. Por un lado, la débil estructura de protección social, la baja inversión en el sistema de salud, acompañado todo ello de profundas desigualdades.

Una de las más drásticas consecuencias de ese escenario es el incremento de las personas en situación de pobreza en la región, que se incrementaría en 45 millones –alcanzando un total de aproximadamente 230 millones de personas– y, también un aumento de las personas en situación de pobreza extrema, 28 millones, alcanzando un total de 96 millones de personas en tal situación.

Por otro, el modelo de desarrollo actual en la región, que ha terminado por evidenciar la imperante necesidad de su transformación:

“Promover políticas industriales y tecnológicas sostenibles, que incluyan medidas que fomenten una senda de crecimiento con bajas emisiones de carbono, reasignen a los trabajadores del sector informal a trabajos decentes, promuevan la transición a las energías renovables, creen capacidades en materia de salud, y de tecnologías digitales y verdes, y reduzcan las vulnerabilidades a nuevas crisis. La inversión en investigación y desarrollo y la cooperación con las universidades, la comunidad científica y el sector privado son cruciales para la resiliencia y la recuperación”.

De acuerdo a la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) la pandemia por Coronavirus provocará la peor recesión en 100 años, estimando una contracción del 9,1% del PBI regional (Producto Bruto Interno) para el corriente año.

Ente los factores de carácter externo que determinarán dicha situación se ubican: caída de las exportaciones, disminución de las remesas a la región y, la merma de la participación de la actividad turística –sobre todo en los países centroamericanos–.

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Asimismo, sumado al impacto “externo” arriba mencionado, a nivel doméstico la situación se torna crítica producto de las medidas de confinamiento y aislamiento social, las cuales repercuten principalmente en el sector de los servicios y, también al sector informal, el cual es una realidad en la mayoría de los países de la región, y como ejemplo se pueden citar a Bolivia, México, Perú y Argentina.

“Muchos de los trabajadores del sector informal tienen una capacidad limitada para hacer frente a períodos de inactividad. Tampoco disponen de acceso a mecanismos de sustitución de ingresos, como los seguros de desempleo, que generalmente están vinculados al trabajo formal”.

En materia económica, las recomendaciones de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y, del Banco Interamericano de Desarrollo, para la reanudación de la actividad económica en los países de la región, abarcan desde priorizar –en la “nueva normalidad” –, la salud de los trabajadores y sus familias, hasta los cambios a introducir por las diversas economías, referidos a la inversión en innovación, y transición hacia la digitalización de las empresas, aumentando, mejorando o creando en la mayoría de los casos, una capacidad digital empresarial:

“América Latina y el Caribe enfrenta el reto de reestablecer rápidamente la actividad económica, salvaguardar la salud de la población y sentar las bases para transformar la actividad productiva con criterios más explícitos de resiliencia a largo plazo. La diversificación de mercados de exportación, la articulación de encadenamientos productivos mediante inversiones en infraestructuras, en conocimiento y su aplicación en actividades productivas debe incluir la creación de resiliencia frente a eventos extremos”. 

Finalmente, un aspecto central para estos países es el reforzamiento de la cooperación multilateral, capacidad que se ha visto debilitada a nivel global, y que, sin embargo, se reporta como una de las acciones que podría aminorar los efectos adversos de la pandemia.

Por María Agustina Martínez                                                                                                      20/09/2020

Fuentes: www.peru.un.org – www.news.un.org

Imagen destacada: www.reuters.com

Gráfico en nota: www.peru.un.org

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