Seguínos

Cultura

Sony Pictures convertirá en series y películas juegos de PlayStation

Los videojuegos superan hace tiempo ya el ámbito del entretenimiento puramente adolescente. No se trata sólo de entretener y hacer pasar el tiempo. Existe un mundo amplio y complejo, en el que se narran historias de héroes, se recrean momentos históricos y se establecen sagas que llevan años acompañando a millones de personas.

El llevarlos al mundo de las series y al cine tiene antecedentes recientes pero lo que planea Sony Pictures parece una apuesta definitiva y…millonaria.

A finales de octubre, se conocieron las primeras imágenes de Uncharted, la película basada en la exitosa saga de videojuegos de PlayStation. Nada menos que Tom Holland -Spiderman-, se mostró en los pies de Nathan Drake, el personaje central del juego. Pero esto ha sido sólo el inicio.

Imagen de Uncharted

El CEO de Sony Pictures, Tony Vinciquerra realizó declaraciones a Televisión News Daily, sobre el futuro de aquellas producciones cinematográficas basadas en videojuegos. El directivo indicó que la compañía está desarrollando un programa llamado “Sony One”, que consiste que integrar marcas de la compañía en otras divisiones. Por ejemplo: las franquicias de PlayStation en producciones cinematográficas y series de televisión de Sony Pictures. Esto abre el juego a muchísimas especulaciones y excpectativas.

Según la versión oficial, Sony Pictures ya se encuentra trabajando en siete series y tres películas de franquicias de PlayStation. Aunque se desconoce cuáles son. Tampoco se aclaró si entre ellas figuran, la ya mencionada Uncharted, y la tambien confirmada versión de The Last of Us de HBO.

ANUNCIO

Los que disfrutan de los videojuegos seguramente están a la expectativa, aunque son experiencias de entretenimiento muy diferentes. Tampoco será lo mismo convertir un videojuego en una serie. Estas últimas implican, además de mayores requerimientos técnicos y económicos, generar en el público, la suficiente empatía, como para tener continuidad en el tiempo.

Si dejamos volar la imaginación, y los gustos personales, la lista de posibles películas y series, es interminable. God of War, Days Gone, Detroit Become Human o Far Cry, figuran entre mis preferidas. Habrá que esperar.

Por Fernando González                                                                                                                                    27/12/2020

Fuentes: www.hipertextual.com – www.hobbyconsolas.com

Imagen destacada: www.as.com

Imagen en nota: www.store.playstation.com

ANUNCIO

Cultura

Michel Foucault: la parrhesía y el coraje de la verdad

Michel Foucault en su obra “El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II”, curso que dictó en el Collége de France entre 1983 y 1984, estudia las relaciones entre sujeto y verdad en la Antigüedad, en el periodo que se extiende desde la Grecia clásica hasta lo que se denomina Antigüedad tardía o comienzos del cristianismo.

El autor francés, al inicio de su obra advierte que estudiará el decir franco, veraz, pero aclara que no analizará lo específico de las estructura de los discursos que se dan y reciben como discurso veraz, es decir, un análisis epistemológico que explique lo que hace posible un conocimiento verdadero; sino sus condiciones y sus formas, el tipo de acto mediante el cual el sujeto, al decir la verdad, se manifiesta, representa a sí mismo y es reconocido por los otros como alguien que dice la verdad. Esto es el estudio de las formas aletúrgicas.

Bajo estas condiciones Foucault aborda este decir franco como parrhesía. Observa que la palabra parrhesía aparece por primera vez en la literatura griega en los textos de Eurípides. Asimismo, que etimológicamente denota alguien, el parresiasta, que dice todo lo que tiene en mente, no oculta nada sino que abre su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso. En la parresia se supone que el hablante da cuenta completa y exactamente de lo que tiene en mente y por eso la audiencia está en condiciones de comprender exactamente que piensa el que habla. La palabra parrhesía entonces, se refiere a un tipo de relación entre quien habla y lo que dice.

Sin embargo, Foucault repara que el término se usa en dos sentidos: el peyorativo y el positivo. De acuerdo al primero, se asimilaría la parrhesía a la charlatanería, en este sentido el parresiasta es aquel que dice todo lo que se le pasa por la cabeza sin remitirse a un principio de razón o verdad. Este es el decir falaz de los demagogos, que saben que sus palabras no son ciertas, pero que las utilizan para alagar los oídos del pueblo y ganar su confianza. Lo que hace es persuadir, entusiasmar a los oyentes, imponer una decisión, pero no por decir la verdad, se vale de la adulación y la ignorancia de los hechos sobre los que se hablan.

Con respecto al segundo, significa netamente decir verdad. Como bien señala el autor francés:

“(…) la palabra parrhesía también se emplea con un valor positivo, y en este caso consiste en decir la verdad sin disimulación, ni reserva, ni cláusula de estilo, ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla. A la sazón, el “decirlo todo” es: decir la verdad sin ocultar ninguno de sus aspectos, sin esconderla con nada” (Foucault M.; 2010; pp. 29).

Foucault, centrándose en el sentido positivo de parrhesía, menciona que esta se caracteriza por la intención del sujeto que habla de decir la verdad, lo relevante en la parrhesía no es la verdad del discurso, sino el compromiso del sujeto con esta verdad, es decir, su franqueza. Se establece un vínculo entre el sujeto que toma la palabra y la verdad que enuncia. Del mismo modo, la verdad de la parrhesía no es inofensiva, supone un riesgo para quien la enuncia, puede decirse que alguien emplea la parrhesía y merece consideración como parresiastés solo si decir la verdad entraña un peligro o un riesgo pare él o para ella. Además, el parresiasta está siempre en relación de inferioridad respecto a aquel a quien su verdad afecta, por tanto, al hablar se expone, se hace vulnerable. Tomar la palabra en esta situación puede tener un coste y el parresiasta está dispuesto a pagar con su vida el precio de su verdad. Asimismo, la parrhesía se caracteriza por el compromiso subjetivo con la verdad, exige un determinado coraje, una fortaleza de ánimo, sin la cual sería impracticable. El compromiso de decir la verdad, una verdad que puede encender la cólera de quien escucha, por lo que implica valentía.

La parrhesía desde el contexto político, menciona Foucault, tiene como principal figura a Demóstenes y se refiere al decir veraz o veridicción que se lleva a cabo en la institución política, arenga a las masas, se enfrenta a tiranos, pretende cambiar normas, es decir, es la manifestación de alguien que siendo capaz de decir la verdad se pone de pie ante la asamblea y expresa a la gente lo que tiene que hacer. En síntesis, consiste en el coraje del decir veraz dirigido hacia los demás, a la asamblea, hacia la salvación de los ciudadanos de la polis.

ANUNCIO

Por último, teniendo en cuenta el contexto político actual ¿Qué tipo de parrhesía es constantemente expresada por los funcionarios públicos? ¿Será posible hallar un Demóstenes en la actualidad?

Por Bruno Leonardo Ponferrada — 03/10/21

Fuentes:

Foucault M. (2010); El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II. Curso en el Collége de France (1983- 1984); Ed. Fondo de Cultura Económica; 1o ed.; Argentina, Buenos Aires. Recuperado de:

https://monoskop.org/images/4/46/Foucault_Michel_El_coraje_de_la_verdad.pdf

Malo Echeverri S. (2019); El coraje de la verdad en Michel Foucault: otro modo crítico y específico de ser, (im) pensar, decir y vivir; Ed. Universidad Santo Tomas; Colombia, Tunja. Recuperado de:

https://repository.usta.edu.co/handle/11634/30271

Imágenes destacada y en nota: www.pexels.com

ANUNCIO
Ver más

Cultura

La sociedad actual y el fenómeno de la posverdad

Se comprende por sociedad actual aquella que tiene sus inicios en los albores del siglo XXI, las dos décadas que han transcurrido de este siglo. Una sociedad marcada por el cambio climático, avances tecnológicos, cambios geopolíticos provocados por el nuevo protagonismo de China en la política internacional, pandemias, nuevas forma de relaciones interpersonales facilitadas por la tecnología, globalización, movimientos feministas, LGBTQ, etc. Entre todos estos sucesos, también se encuentra el fenómeno de la posverdad.

La idea de posverdad no es exclusiva de este siglo, dado que la formuló Steve Tesich en 1992 para significar que la sociedad, en los tiempos del affaire Irán-Contra, había decidido vivir en un tiempo posterior a la verdad y, por tanto, ajeno a ella (Cfr. Federico Aznar Fernández- Montesinos, 2018; pp. 50). Luego en 2004, Ralph Keyes publicó el libro “La era de la posverdad: deshonestidad y decepción en la vida contemporánea”, contribuyendo a su definitiva instalación. En este libro Keyes explica las características de la posverdad como fenómeno global y expone que en ella las fronteras entre la verdad y la mentira, entre la honradez y la falta de ella, la ficción y la no ficción se confunden (Cfr. Técuatl Quechol M., 2018; pp. 47). Unos años después, en el 2016, es elegida por el Diccionario de Oxford como la palabra del año, ya que este registró un aumento en su frecuencia de búsqueda en el contexto del referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El diccionario indica que la palabra denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que las apelaciones a la emoción y a la creencia personal. De forma que, la emoción y las creencias personales predominan en la configuración de la opinión pública, sobre los hechos objetivos.

Por consiguiente, es posible inferir que el fenómeno de posverdad se sostiene en lo emocional y las creencias compartidas que no tienen fundamento objetivo y racional, e incluso van contra estos. Se privilegia aquello que se escucha, lee o se ve y que concuerda con la postura en la que se cree. Por lo que el fenómeno de la posverdad, no causa que lo subjetivo prime sobre lo objetivo, sino que es el efecto de prácticas orientadas a que esto se produzca y sobre las que el fenómeno se construye.

Estas prácticas eclosionaron en la sociedad actual dentro del campo político, como bien lo indica el Diccionario de Oxford. Respecto a esto, Técuatl Quechol señala (Cfr. Ídem. pp. 49), citando a Zarzalejos, que en la política la mentira o la media verdad siempre han sido recursos manejados con desenvoltura, pero en la actualidad, la respuesta al estatus quo político y económico ha introducido elementos sentimentales, emotivos en sus mensajes falsos dotándolos de una fuerza arrasadora. Siendo el Brexit y la elección de Donald Trump un claro ejemplo de esto.

Asimismo, la posverdad se manifiesta en las prácticas publicitarias, en las empresas, el sector financiero, entre otros. Sin embargo, hay una serie de prácticas que han masificado la posverdad, haciéndola un fenómeno transversal a toda la sociedad. Estas son las prácticas que se generan a partir de las tecnologías de información y comunicación (Cfr. Ídem. pp. 49). Estas tecnologías, caracterizadas por la accesibilidad, inmediatez, velocidad, volumen, multiformatos y diversos contenidos informativos, han posibilitado una forma distinta de producir información, la de carácter digital. Esta forma de producción no se limita a un solo sector de la sociedad o a un espacio geográfico determinado. Sino que se masifica inmediatamente en toda la sociedad de manera internacional. De allí, que se tenga información, en cuestión de minutos, en Sur América sobre un suceso que acaba de ocurrir en Japón.

Pero es aquí, en donde se plantea el fenómeno de posverdad, sobre si ese suceso, sobre el que se informa, responde realmente a hechos objetivos o responde a intereses netamente subjetivos.

En esta masificación inmediata de la información, las redes sociales son el factor clave para que esto se produzca. Dado que posibilitan una plataforma de usuarios interconectados de manera instantánea en todo el mundo, la cual crece progresivamente. Así también, debido a que las redes sociales se configuran como el medio por el cual se entablan amistades, la información que se transmite a través de ella no responde necesariamente a un apego de la verdad, sino que se somete a las emociones. Técuatl Quechol afirma (Cfr. Ídem. pp. 50) que se magnifica la inmediatez antes que ponderar la verificación de los hechos, de los datos, de la información. Esta aceptación inmediata de lo que corre en redes sociales dificulta reconocer lo falso de lo verdadero, aquello que se apega a lo objetivo.

Técuatl Quechol menciona (Cfr. Ídem. pp. 50), citando en este caso a Berger, seis aspectos que hacen que una información se mencione se comparta y se imite hasta el contagio:

Moneda social. Lo que se habla influye en la percepción que los otros tienen de uno. Es una moneda social saber cosas y hacer que la gente parezca ingeniosa conocedora, interesante o informada.

Disparadores. Son estímulos que llevan a pensar en cosas relacionadas. Emoción. Consiste en crear mensajes e ideas que hagan que la gente sienta algo.

ANUNCIO

Publico. Consiste en hacer visible las ideas o productos propios e involucrar a otros en la conducta que se desea.

Valor práctico. Cosiste en crear contenidos que ahorren, mejoren o parezcan útiles. Historias. La gente no solo comparte información, cuenta historias.

A esto hay que añadir la actividad del influencer, aquel que comparte lo que hace, lo que le gusta, lo que lee, lo que usa. Revelando información sobre actitudes y experiencias personales que lo gratifican y que son objeto de transmisión inmediata.

Con base en esto, se puede advertir que el fenómeno de posverdad se construye a partir de prácticas que transmiten información que se apega a aspectos subjetivos más que objetivos, esto significa, prácticas orientadas a empatizar con la opinión pública. Como resultado, los hechos, la realidad, acaban siendo menos relevantes en la conformación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones o las creencias, siendo su principal medio de masificación las redes sociales.

Por Bruno Leandro Ponferrada —- 26/09/21

Fuentes:

Federico Aznar Fernández-Montesinos (2018); El mundo de la posverdad. Cuadernos de estrategia, No. 197, (Ejemplar dedicado a: La posverdad. Seguridad y Defensa), págs. 21-82. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6518645

Oxford Languajes; https://languages.oup.com/word-of-the-year/2016/

Técuatl Quechol M. (2018); La información: entre la verdad y la posverdad, en La posverdad y las noticias falsas (Morales E. coordinadora); Ed. UNAM; Ciudad de México, pp. 47. Recuperado de: https://libgen.is/book/index.php?md5=63F210DD73A57078A5D8CF2B2D554648

Imágenes destacada y en nota: www.pixabay.com

ANUNCIO
Ver más

Cultura

Normas y autoridad en Joseph Raz: las razones excluyentes

El filósofo israelí Joseph Raz, especialista en derecho, ética y política, en su obra “Razón Práctica y Normas” (Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid) sitúa su estudio dentro del campo de la filosofía práctica o de la razón práctica. Esta filosofía incluye en su abordaje, por un lado, una parte sustantiva o evaluativa, que indica qué valores se deben seguir, qué razones deben guiar la conducta, qué normas son obligatorias, etc. Por otro lado, una parte formal o conceptual que contribuye a la clarificación lógica de los conceptos como valor, razones para la acción o norma, y a la especificación de la naturaleza de las reglas de inferencia que gobiernan el razonamiento práctico; aquel razonamiento a través del cual se determinan las acciones a realizar (Cfr. Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México; pp. 224). Con base en esto, es posible especificar que el estudio de Raz aborda lo formal o conceptual de la filosofía práctica. Brindando especial interés, como indica el título de la obra, a la relación de los conceptos de razón práctica y normas.

Ahora bien, el presente artículo se enfoca en los conceptos de norma y de autoridad que propone Raz en la obra citada anteriormente, así como de la relación entre ambos. Esto con la intención, en un primer momento, de identificar y elucidar el sentido que Raz asigna a cada concepto; y, en un segundo momento, aquello que permite, según el autor, que dichos conceptos se relacionen.

Para comenzar, con respecto al sentido que Raz trata a cada concepto, se debe señalar que este afirma que la norma de mandato debe ser entendida como una razón excluyente:

Al tratar de explicar la naturaleza de las normas de mandato, he sugerido que éstas han de entenderse como razones excluyentes. (Raz J.; Razón Práctica y Normas; pp. 70)

Esto significa que la norma de mandato, de manera general, consiste en una razón para la acción, es decir, un motivo por el cual el sujeto realiza determinada conducta. Al identificar este sentido general del concepto de norma, se puede seguir profundizando en este e indicar que Raz clasifica a la razón para la acción en dos tipos: las de primer y segundo orden (Cfr. ídem. pp. 40-41). Por razones de primer orden entiende las consideraciones personales para actuar, como deseo, preferencias, intereses etc. (Cfr. ídem. 42-43). Las de segundo orden, considera que son toda razón para actuar o para abstenerse de actuar por una razón; por lo que son excluyentes, autoritativas y legales, al mismo tiempo que son dadas por una autoridad como directrices de conducta con el fin de que sean cumplidas (Cfr. ídem. pp. 44-46).

De este modo, se tiene un sentido más específico sobre lo que quiere afirmar Raz al referirse a las normas de mandato como razones excluyentes. Ya que, se puede decir que al ser excluyentes son razones para la acción de segundo orden, esto es, la combinación del acto que el sujeto se comprometió a llevar a cabo, o el ordenado por la regla, y una razón para no actuar por otras razones. Como bien menciona Joseph Raz:

Una razón de segundo orden es toda razón para actuar por una razón o para abstenerse de actuar por una razón. Una razón excluyente es una razón de segundo orden para abstenerse de actuar por alguna razón (ídem. pp.44).

En función a esto, se puede inferir que el sentido que Raz postula del concepto de norma de mandato radica en el de razón excluyente, dado que este le permite explicar que la norma de mandato es la conjunción del acto a realizar por una orden y una razón para abstenerse de actuar por otras razones.

Ya identificado el sentido de norma de mandato, se puede proceder al de autoridad. Raz es claro al referirse a esta, afirma:

Las normas dictadas por una autoridad son otro tipo importante de normas. Su análisis es parte integrante de la explicación de la naturaleza de la autoridad, al menos de la autoridad práctica (que ha de distinguirse de la autoridad teórica, del tipo de una autoridad científica). (ídem. pp. 71)

Como es posible observar, Raz hace una distinción entre autoridad teórica y práctica. En la literatura de ciencias políticas una autoridad teórica da razones para pensar de una determinada manera o creer en la verdad de una proposición; en cambio, seguir a una autoridad práctica ofrece razones acerca de cómo actuar (Cfr. Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, pp. 45). Es en la autoridad de carácter práctico sobre la que el autor centra su estudio, siendo concreto y conciso cuando se refiere a su sentido:

Considerar que una persona posee autoridad es considerar al menos a algunas de sus órdenes u otras expresiones de sus opiniones sobre lo que debe hacerse (por ejemplo, su consejo) como instrucciones autoritativas y, por consiguiente, como razones excluyentes. (ídem. pp. 71)

ANUNCIO

De manera que el sentido del concepto de autoridad que propone Raz es práctico, esto significa que la autoridad da razones sobre lo que deben hacer los sujetos. Pero no sólo esto, sino que para que se considere autoridad, sus mandatos, órdenes o instrucciones autoritativas deben ser estimadas como razones excluyentes, es decir, como razones para abstenerse de actuar por otras razones o lo que es lo mismo normas de mandato.

Ahora, en función del sentido de norma de mandato como razón excluyente y el de autoridad como práctica, se puede indicar que aquello que relaciona ambos conceptos es el de razón excluyente. Puesto que, el concepto de razón excluyente permite identificar el sentido práctico de las normas de mandato, como lo que requiere la realización de una acción por una razón, en abstención de otras acciones por otras razones. Al mismo tiempo que justifica el carácter práctico de la autoridad que emite las normas de mandato. Esto quiere decir que, para que la autoridad sea considerada tal tiene que ofrecer razones autoritativas, razones de segundo orden, que desplacen otras razones que hubiesen sido relevantes y suficientes para justificar un cierto tipo de acción en ausencia de la directiva. En consecuencia, la relación entre las normas de mandato y de la autoridad es directamente proporcional, ya que, la autoridad mientras más normas dicte sobre lo que debe hacerse, más será reconocida como tal.

De esta manera, se tiene que el concepto de razón excluyente es una noción central en el estudio formal del razonamiento práctico que lleva a cabo Joseph Raz en la obra en cuestión. Ya que permite identificar el sentido de norma de mandato, como una razón de acción de segundo orden. Del mismo modo que permite justificar el carácter práctico de la autoridad y relacionar, de forma directamente proporcional, a estos conceptos.

Por último, es conveniente mencionar que este artículo no agota el estudio realizado por Raz sobre estos conceptos, se podría considerar una introducción a los mismos. Por lo que, para una mayor profundización, se recomienda la lectura de la obra, en especial del capítulo 2 y el postscriptum a la segunda edición.

Por Bruno Ponferrada —– 15/08/21

Fuentes:

Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México. Recuperado de: http://dianoia.filosoficas.unam.mx/index.php/dianoia/article/view/959

Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid.

Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, 43-67. Recuperado de: https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/63987

Imagen destacada: www.3-16am.co.uk

Imagen en nota: www.pixabay.com

ANUNCIO
Ver más

Populares

Observador urbano © 2018 - 2021 // Observar la realidad, lo que nos rodea, es inevitable. Comprenderla, interpretarla, también. En nuestro sitio queremos hacerlo, pero a partir la mirada de los otros, de nosotros mismos, de los que nos lean, de los que propongamos para su lectura. Cada publicación tendrá ese sentido. Y desde una ciudad, en la que vivimos la mayoría de los que participamos de este proyecto. Aunque en verdad, desde la ciudad por la que transitemos. Observador Urbano, un portal de noticias.