Observador Urbano

Salta, cuando el turismo pierde el Tren

Tiempo atrás, los medios informaban de una nueva formación para el tren turístico que une Viedma con Bariloche, en Río Negro.

Un diario de alcance nacional, el año pasado, daba cuenta de un listado de 10 trenes turísticos imperdibles en el mundo (Clarín, 11/9/18, https://www.clarin.com/viajes/historias-rieles-10-trenes-imperdibles-mundo_0_rJMVZM4OX.html). El artículo generosamente suma a nuestro Tren a las Nubes a una nómina que integran trenes de India, Asia, África, los míticos Orient Express,  el Transiberiano, América del Norte, y dos trenes sudamericanos: el Andean Explorer (Perú) y el Tren de las Maravillas (Ecuador). Aunque basta su comparación con cualquiera de los restantes recorridos ferroviarios, para constatar que esa generosidad es excesiva y voluntariosa, tal vez por ser la única opción de cabotaje asequible para los alicaídos bolsillos del turista argentino.

Organizaciones como la Sociedad Internacional de Viajeros en Ferrocarril (https://www.irtsociety.com/worlds-top-25-trains/page/2), ya ni siquiera menciona al Tren a las Nubes, que fuera orgullo de salteños y argentinos en general, y una de las mayores obras de ingeniería ferroviaria del siglo XX.

Producto de desidias y miopías varias a la hora de visualizar en materia de turismo una política de largo plazo (casi un oxímoron entre nosotros), su prestigio y su relevancia en el conjunto de la oferta turística se ha ido reduciendo a la par de su recorrido, que es hoy de apenas 21 km de los 217 que supo tener originalmente, manteniendo siempre el mismo material rodante, con el mantenimiento esencial. Y no hablamos por eso, de un servicio de calidad, a la altura de los antes mencionados con vagones dotados de todo confort y servicios, sino apenas de una prestación que funciona cuando inconvenientes mecánicos en el convoy o en las vías no ponen el rescate de los pasajeros por algún incidente en la tapa de los diarios locales. Semejante disminución (un 10% del tramo original) se traduce, además, en relación al trayecto y a las escasas comodidades con que cuenta, en una tarifa desproporcionada sobre todo para el turista argentino.

Habrá seguramente datos estadísticos que permitan iluminar mejor la situación de nuestro Tren, alguna vez producto estrella del turismo salteño. Me bastan dos anécdotas: la primera, la de un familiar muy cercano que acompañó años atrás a un contingente de japoneses -el país del Tren Bala- que cruzaron, literalmente, medio planeta para filmar un documental sobre esta maravilla y que quedaron fascinados. Otra, la de un amigo de Buenos Aires que hizo alguna vez el recorrido original y que años después, sin advertir la merma actual del servicio, quiso repetir la experiencia. Su decepción fue enorme. Un antes y un después. La decadencia del Tren a las Nubes es un fiel reflejo y consecuencia de otras tantas decadencias de nuestro país y de la provincia que venimos padeciendo a lo largo de muchos años, y que no traeremos -aquí y ahora- a colación.

En momentos como el actual, devaluación y un dólar en constante escalada trastocan la agenda turística de propios y extranjeros, los destinos en el exterior ceden lugar al turismo local, mientras que la plaza local se hace también más apetecible para los forasteros. Y cuando más necesario resulta que la provincia de Salta cuente con recursos genuinos (y el turismo es clave en ese proceso), y más conveniente y propicia resulta una responsable explotación del destino Salta, pareciera que sólo prevalece la indiferencia de quienes debieran asumir, de una vez por todas, las necesarias inversiones para poner en valor un atractivo turístico emblemático de nuestra provincia.

Por Enzo Lo Pranzo

Imagen destacada: www.hotelkilla.com

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