Observador Urbano

Revolución Sinfónica

Las propuestas de orquestas sinfónicas salteñas que superaron lo imaginado y que buscan ir aún más allá: cómo esas revisiones de grandes artistas del rock y el cine mundial llegaron a colmar salas de teatro pidiendo un bis y algo más. Sinfonías para niños y adolescentes.

La música o el proceso que puede definirse desde aquellas canciones que al escucharlas te transportan hacia una época especial. Atravesar los límites, acercarnos lo más que se pueda a esa sensación disfrute es lo que la música nos genera cada vez que la percibimos. Experimentarla se convierte en una auténtica aventura que casi siempre nos lleva hacia donde todo lo que suena está bien. En Salta las distintas orquestas sinfónicas que coexisten producto del plan Orquestas del Bicentenario -una ambiciosa política cultural que proponía crear orquestas y coros en todo el territorio argentino albergando a cientos de personas en proceso de crecimiento y aprendizaje musical- vienen desarrollando ya desde hace un tiempo conciertos temáticos basados en obras emblemáticas del cine, cultura pop y el rock mundial; acercando así ése universo de sinfonías hacia el público en general. Los conciertos sinfónicos y la gente -unos miles de espectadores por año- parecieron encontrar la comunión perfecta y el panorama de aquí en más es, como mínimo, alentador.

Carolina Pineda Andrade es la directora de la Orquesta Infantil de la Provincia desde hace tres años y tiene a unos 90 niños a su cargo. Junto a Martín D`Elia -director de la Orquesta Juvenil- y Juan Muñoz -coordinador general de orquestas- conforman el núcleo artístico/musical a cargo del desarrollo de todas las ideas que luego terminan materializándose sobre un escenario, interpretando lo que se practica con meses de ensayos para que nada salga mal. «La música conecta energías. Dirigir una orquesta es el vehículo que conecta la curiosidad, desconfianza y -por qué no- el aburrimiento del público con la música. Tenés a tu espalda a la gente que vino a escuchar un concierto y en frente tenés la disciplina -y todos los nervios- de la orquesta que te mira. Es ahí donde la magia sucede. No siempre sale bien pero sí mi trabajo es intentar que pase» señala Pineda Andrade al Observador Urbano. Cuando trabaja la «infanto-juvenil», como le dicen a la fusión de ambas orquestas de la Provincia, casi un centenar de chicos de entre 8 a 20 años entran en preparación para un concierto que implican ensayos de dos horas y media unas dos veces por semana y/o cinco días consecutivos cuando la fecha de estreno se aproxima: «Es una red lo que se arma. Es lo lindo de la música. Lo que no se ve: uno ve la sala llena pero la vida humana por detrás, que se fortalece ensayo a ensayo, es fantástico.»

Carolina Pineda y la Orquesta en pleno concierto Beatle. Fotografía de Rocío Urzagasti

Salir de Mozart y Beethoven, expandirse un poco más allá “es la premisa que Juan Muñoz siempre quiso para la música clásica. Abrirla hacia otros géneros. Con él y con Martín queremos que cada orquesta tenga su perfil, su propio reconocimiento. Es meritorio lo que se hace: si hay algo bueno, la gente lo consume y gracias a todo eso, tengo la tranquilidad de poder proponer locuras y armar shows temáticos. Ahí fue cuando les dije que hagamos el concierto de Queen» recuerda Carolina para lo que fue el cierre del ciclo 2018. Su inspiración la lleva a su adolescencia cuando escuchó in situ la interpretación de «Barcelona», el tema apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Canción grabada unos cuatro años atrás por Freddie Mercury en su segundo disco solista junto a la soprano lírica española Montserrat Caballé. «Esa combinación que aparte contaba con la interpretación de la Orquesta sinfónica de Cataluña me marcó a nivel musical y personal. Entonces cuando tuve la posibilidad de elegir qué hacer con los chicos, lo hice. Y la verdad que reventamos el teatro: una sorpresa porque nunca un cuerpo artístico tuvo que repetir la función el mismo día por la alta demanda que tuvimos. Hasta los familiares de la orquesta se quedaron sin lugar en la función. En ‘Love Of My Life’ la gente iluminó con sus celulares la sala, cuando me di vuelta y vi todo eso me temblaron las piernas. Qué fantástica es la música cuando realmente te conectás. Y eso irradiá cultura. Los chicos me dicen ‘ahora vamos en el auto escuchando Queen con mi papá’… Es una actividad muy sana y la familia se conecta.”

Martín D’Elía, uno de los directores, encarnando a Freddie durante una de las funciones en el Provincial. Foto archivo de la Orquesta.

Este año el concierto se basó en The Beatles y se recreó desde el afiche promocional la mítica portada de Abbey Road pero esta vez con cuatro niños de la orquesta caracterizados como los fab four cruzando el Paseo Güemes con el Cerro San Bernardo de fondo. Con casi cuatro meses de ensayos la única función que ofrecieron también se agotó pero esta vez no hubo repetición: “es muy cansador y en la música clásica no es común eso de hacer el mismo show una vez terminado el otro, así que este año no hicimos el milagro (risas). Estoy sorprendida del fenómeno que se está dando con la Orquesta infantil. Algunos dicen que acá no se valora la música y sí se la valora; lo que pasa es que a la música clásica le cuesta un poco más porque es más dura de escuchar. Yo que soy música de la Sinfónica a veces escucho otros conciertos y me aburro. Para mí el desafío es enamorar a las salteñas y los salteños para que tengan ganas de venir al teatro a vernos. A veces la gente sabe que hay conciertos y no van» sentencia Carolina. Como en cada cierre de año, el núcleo de directores se reúne para detallar lo que será el año venidero. Los planes para el 2020 incluyen, además de otras funciones de Música y Cine, un concierto basado en Michael Jackson –que iba a estrenarse este año pero se opacó por la salida de Leaving Neverland, el duro y extenso documental que reabrió el debate en torno a las acusaciones de abuso hacia el músico-. También ya se encuentran trabajando en un repertorio de música de videojuegos, «los chicos lo vienen pidiendo. Es lo que consumen en su mayoría así que se hará el intento de probar cómo sale.«

Martín Bonilla es el director de la Orquesta Cuchi Leguizamón desde hace nueve años y tiene a cargo 64 chicos de distintos niveles que van desde los 11 a los “20 y pico de años» con un total de 10 docentes. En diálogo con Observador Urbano coincide en que si hay algo que acercó mucho las orquestas a un público nuevo fue la fusión de géneros: “Derriba prejuicios. Pero no por eso se desvirtúa el origen de lo sinfónico. El tema es el buen gusto: unos buenos arreglos, una buena idea.» Lo dice a semanas de haber terminado la recreación de The Wall de Pink Floyd, un concierto sinfónico-teatral que supero toda expectativa posible. Con la participación del grupo Los Fairlane y más de cien personas sobre el escenario el Teatro Provincial nuevamente agotó entradas por una experiencia sinfónica. “Cuando terminamos fue increíble. No parábamos de gritar. El proyecto, por más que involucró a un montón de gente, existió por los chicos de la orquesta. Cuando se me ocurrió siempre fue pensando en la Cuchi Leguizamón. Hasta llegaron a ofrecerme hacer el mismo espectáculo en otras ciudades pero sin la Cuchi. Y no, es un proyecto también de ellos.» En esta faceta Martín también diagramó lo que fue un homenaje a María Elena Walsh –con la participación de la banda Juanetes, también un repaso por las bandas sonoras de sagas como Batman y Star Wars –en eventos de Dimensión Comics– y diversos conciertos en conjunto con comedores infantiles a beneficio.

Bonilla -de espaldas- al mando de la Cuchi Leguizamón junto a Los Fairlane y Santiago Lamagni como cantante invitado. Concierto The Wall. Fotografía de Dos Tipos Y Una Mina.

“Lo que buscamos fue darle una vuelta de rosca a la palabra inclusión empezando a partir de nosotros. Para mí es darle acceso a los chicos a un montón de estéticas, lenguajes que a lo mejor ni conocían. No ponemos barreras ni con estilos ni con épocas. Siempre que sean manifestaciones de calidad -de rock, folklore, pop o música de cine- se enriquece cada viaje para esta orquesta. Es nuevo, distinto. Nos nutre y aprendemos. Estar en una orquesta significa la colaboración, solidaridad, la suma de las partes, la diversidad: todo suma. Funciona con un lazo humano muy fuerte que puede ser un organismo que colabore desde lo social, educativo, artístico, solidario y también desde el entretenimiento, por qué no. Los chicos se van tomando en serio el rol que les da la orquesta, de lo que generan desde un escenario” señala Bonilla. En miras del 2020 por el momento hay planes de volver a hacer el concierto de The Wall para principios de año. Y después, sí, “continuar manteniéndose activos frente a los desafíos que vayan surgiendo en la exploración de nuevos ritmos.”

Por Pablo Choke Torramorell