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Cultura

Revolución Sinfónica

Las propuestas de orquestas sinfónicas salteñas que superaron lo imaginado y que buscan ir aún más allá: cómo esas revisiones de grandes artistas del rock y el cine mundial llegaron a colmar salas de teatro pidiendo un bis y algo más. Sinfonías para niños y adolescentes.

La música o el proceso que puede definirse desde aquellas canciones que al escucharlas te transportan hacia una época especial. Atravesar los límites, acercarnos lo más que se pueda a esa sensación disfrute es lo que la música nos genera cada vez que la percibimos. Experimentarla se convierte en una auténtica aventura que casi siempre nos lleva hacia donde todo lo que suena está bien. En Salta las distintas orquestas sinfónicas que coexisten producto del plan Orquestas del Bicentenario -una ambiciosa política cultural que proponía crear orquestas y coros en todo el territorio argentino albergando a cientos de personas en proceso de crecimiento y aprendizaje musical- vienen desarrollando ya desde hace un tiempo conciertos temáticos basados en obras emblemáticas del cine, cultura pop y el rock mundial; acercando así ése universo de sinfonías hacia el público en general. Los conciertos sinfónicos y la gente -unos miles de espectadores por año- parecieron encontrar la comunión perfecta y el panorama de aquí en más es, como mínimo, alentador.

Carolina Pineda Andrade es la directora de la Orquesta Infantil de la Provincia desde hace tres años y tiene a unos 90 niños a su cargo. Junto a Martín D`Elia -director de la Orquesta Juvenil- y Juan Muñoz -coordinador general de orquestas- conforman el núcleo artístico/musical a cargo del desarrollo de todas las ideas que luego terminan materializándose sobre un escenario, interpretando lo que se practica con meses de ensayos para que nada salga mal. “La música conecta energías. Dirigir una orquesta es el vehículo que conecta la curiosidad, desconfianza y -por qué no- el aburrimiento del público con la música. Tenés a tu espalda a la gente que vino a escuchar un concierto y en frente tenés la disciplina -y todos los nervios- de la orquesta que te mira. Es ahí donde la magia sucede. No siempre sale bien pero sí mi trabajo es intentar que pase” señala Pineda Andrade al Observador Urbano. Cuando trabaja la “infanto-juvenil”, como le dicen a la fusión de ambas orquestas de la Provincia, casi un centenar de chicos de entre 8 a 20 años entran en preparación para un concierto que implican ensayos de dos horas y media unas dos veces por semana y/o cinco días consecutivos cuando la fecha de estreno se aproxima: “Es una red lo que se arma. Es lo lindo de la música. Lo que no se ve: uno ve la sala llena pero la vida humana por detrás, que se fortalece ensayo a ensayo, es fantástico.”

Carolina Pineda y la Orquesta en pleno concierto Beatle. Fotografía de Rocío Urzagasti

Salir de Mozart y Beethoven, expandirse un poco más allá “es la premisa que Juan Muñoz siempre quiso para la música clásica. Abrirla hacia otros géneros. Con él y con Martín queremos que cada orquesta tenga su perfil, su propio reconocimiento. Es meritorio lo que se hace: si hay algo bueno, la gente lo consume y gracias a todo eso, tengo la tranquilidad de poder proponer locuras y armar shows temáticos. Ahí fue cuando les dije que hagamos el concierto de Queen” recuerda Carolina para lo que fue el cierre del ciclo 2018. Su inspiración la lleva a su adolescencia cuando escuchó in situ la interpretación de “Barcelona”, el tema apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Canción grabada unos cuatro años atrás por Freddie Mercury en su segundo disco solista junto a la soprano lírica española Montserrat Caballé. “Esa combinación que aparte contaba con la interpretación de la Orquesta sinfónica de Cataluña me marcó a nivel musical y personal. Entonces cuando tuve la posibilidad de elegir qué hacer con los chicos, lo hice. Y la verdad que reventamos el teatro: una sorpresa porque nunca un cuerpo artístico tuvo que repetir la función el mismo día por la alta demanda que tuvimos. Hasta los familiares de la orquesta se quedaron sin lugar en la función. En ‘Love Of My Life’ la gente iluminó con sus celulares la sala, cuando me di vuelta y vi todo eso me temblaron las piernas. Qué fantástica es la música cuando realmente te conectás. Y eso irradiá cultura. Los chicos me dicen ‘ahora vamos en el auto escuchando Queen con mi papá’… Es una actividad muy sana y la familia se conecta.”

Martín D’Elía, uno de los directores, encarnando a Freddie durante una de las funciones en el Provincial. Foto archivo de la Orquesta.

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Este año el concierto se basó en The Beatles y se recreó desde el afiche promocional la mítica portada de Abbey Road pero esta vez con cuatro niños de la orquesta caracterizados como los fab four cruzando el Paseo Güemes con el Cerro San Bernardo de fondo. Con casi cuatro meses de ensayos la única función que ofrecieron también se agotó pero esta vez no hubo repetición: “es muy cansador y en la música clásica no es común eso de hacer el mismo show una vez terminado el otro, así que este año no hicimos el milagro (risas). Estoy sorprendida del fenómeno que se está dando con la Orquesta infantil. Algunos dicen que acá no se valora la música y sí se la valora; lo que pasa es que a la música clásica le cuesta un poco más porque es más dura de escuchar. Yo que soy música de la Sinfónica a veces escucho otros conciertos y me aburro. Para mí el desafío es enamorar a las salteñas y los salteños para que tengan ganas de venir al teatro a vernos. A veces la gente sabe que hay conciertos y no van” sentencia Carolina. Como en cada cierre de año, el núcleo de directores se reúne para detallar lo que será el año venidero. Los planes para el 2020 incluyen, además de otras funciones de Música y Cine, un concierto basado en Michael Jackson –que iba a estrenarse este año pero se opacó por la salida de Leaving Neverland, el duro y extenso documental que reabrió el debate en torno a las acusaciones de abuso hacia el músico-. También ya se encuentran trabajando en un repertorio de música de videojuegos, “los chicos lo vienen pidiendo. Es lo que consumen en su mayoría así que se hará el intento de probar cómo sale.

Martín Bonilla es el director de la Orquesta Cuchi Leguizamón desde hace nueve años y tiene a cargo 64 chicos de distintos niveles que van desde los 11 a los “20 y pico de años” con un total de 10 docentes. En diálogo con Observador Urbano coincide en que si hay algo que acercó mucho las orquestas a un público nuevo fue la fusión de géneros: “Derriba prejuicios. Pero no por eso se desvirtúa el origen de lo sinfónico. El tema es el buen gusto: unos buenos arreglos, una buena idea.” Lo dice a semanas de haber terminado la recreación de The Wall de Pink Floyd, un concierto sinfónico-teatral que supero toda expectativa posible. Con la participación del grupo Los Fairlane y más de cien personas sobre el escenario el Teatro Provincial nuevamente agotó entradas por una experiencia sinfónica. “Cuando terminamos fue increíble. No parábamos de gritar. El proyecto, por más que involucró a un montón de gente, existió por los chicos de la orquesta. Cuando se me ocurrió siempre fue pensando en la Cuchi Leguizamón. Hasta llegaron a ofrecerme hacer el mismo espectáculo en otras ciudades pero sin la Cuchi. Y no, es un proyecto también de ellos.” En esta faceta Martín también diagramó lo que fue un homenaje a María Elena Walsh –con la participación de la banda Juanetes, también un repaso por las bandas sonoras de sagas como Batman y Star Wars –en eventos de Dimensión Comics– y diversos conciertos en conjunto con comedores infantiles a beneficio.

Bonilla -de espaldas- al mando de la Cuchi Leguizamón junto a Los Fairlane y Santiago Lamagni como cantante invitado. Concierto The Wall. Fotografía de Dos Tipos Y Una Mina.

“Lo que buscamos fue darle una vuelta de rosca a la palabra inclusión empezando a partir de nosotros. Para mí es darle acceso a los chicos a un montón de estéticas, lenguajes que a lo mejor ni conocían. No ponemos barreras ni con estilos ni con épocas. Siempre que sean manifestaciones de calidad -de rock, folklore, pop o música de cine- se enriquece cada viaje para esta orquesta. Es nuevo, distinto. Nos nutre y aprendemos. Estar en una orquesta significa la colaboración, solidaridad, la suma de las partes, la diversidad: todo suma. Funciona con un lazo humano muy fuerte que puede ser un organismo que colabore desde lo social, educativo, artístico, solidario y también desde el entretenimiento, por qué no. Los chicos se van tomando en serio el rol que les da la orquesta, de lo que generan desde un escenario” señala Bonilla. En miras del 2020 por el momento hay planes de volver a hacer el concierto de The Wall para principios de año. Y después, sí, “continuar manteniéndose activos frente a los desafíos que vayan surgiendo en la exploración de nuevos ritmos.”

Por Pablo Choke Torramorell

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Cultura

Michel Foucault: la parrhesía y el coraje de la verdad

Michel Foucault en su obra “El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II”, curso que dictó en el Collége de France entre 1983 y 1984, estudia las relaciones entre sujeto y verdad en la Antigüedad, en el periodo que se extiende desde la Grecia clásica hasta lo que se denomina Antigüedad tardía o comienzos del cristianismo.

El autor francés, al inicio de su obra advierte que estudiará el decir franco, veraz, pero aclara que no analizará lo específico de las estructura de los discursos que se dan y reciben como discurso veraz, es decir, un análisis epistemológico que explique lo que hace posible un conocimiento verdadero; sino sus condiciones y sus formas, el tipo de acto mediante el cual el sujeto, al decir la verdad, se manifiesta, representa a sí mismo y es reconocido por los otros como alguien que dice la verdad. Esto es el estudio de las formas aletúrgicas.

Bajo estas condiciones Foucault aborda este decir franco como parrhesía. Observa que la palabra parrhesía aparece por primera vez en la literatura griega en los textos de Eurípides. Asimismo, que etimológicamente denota alguien, el parresiasta, que dice todo lo que tiene en mente, no oculta nada sino que abre su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso. En la parresia se supone que el hablante da cuenta completa y exactamente de lo que tiene en mente y por eso la audiencia está en condiciones de comprender exactamente que piensa el que habla. La palabra parrhesía entonces, se refiere a un tipo de relación entre quien habla y lo que dice.

Sin embargo, Foucault repara que el término se usa en dos sentidos: el peyorativo y el positivo. De acuerdo al primero, se asimilaría la parrhesía a la charlatanería, en este sentido el parresiasta es aquel que dice todo lo que se le pasa por la cabeza sin remitirse a un principio de razón o verdad. Este es el decir falaz de los demagogos, que saben que sus palabras no son ciertas, pero que las utilizan para alagar los oídos del pueblo y ganar su confianza. Lo que hace es persuadir, entusiasmar a los oyentes, imponer una decisión, pero no por decir la verdad, se vale de la adulación y la ignorancia de los hechos sobre los que se hablan.

Con respecto al segundo, significa netamente decir verdad. Como bien señala el autor francés:

“(…) la palabra parrhesía también se emplea con un valor positivo, y en este caso consiste en decir la verdad sin disimulación, ni reserva, ni cláusula de estilo, ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla. A la sazón, el “decirlo todo” es: decir la verdad sin ocultar ninguno de sus aspectos, sin esconderla con nada” (Foucault M.; 2010; pp. 29).

Foucault, centrándose en el sentido positivo de parrhesía, menciona que esta se caracteriza por la intención del sujeto que habla de decir la verdad, lo relevante en la parrhesía no es la verdad del discurso, sino el compromiso del sujeto con esta verdad, es decir, su franqueza. Se establece un vínculo entre el sujeto que toma la palabra y la verdad que enuncia. Del mismo modo, la verdad de la parrhesía no es inofensiva, supone un riesgo para quien la enuncia, puede decirse que alguien emplea la parrhesía y merece consideración como parresiastés solo si decir la verdad entraña un peligro o un riesgo pare él o para ella. Además, el parresiasta está siempre en relación de inferioridad respecto a aquel a quien su verdad afecta, por tanto, al hablar se expone, se hace vulnerable. Tomar la palabra en esta situación puede tener un coste y el parresiasta está dispuesto a pagar con su vida el precio de su verdad. Asimismo, la parrhesía se caracteriza por el compromiso subjetivo con la verdad, exige un determinado coraje, una fortaleza de ánimo, sin la cual sería impracticable. El compromiso de decir la verdad, una verdad que puede encender la cólera de quien escucha, por lo que implica valentía.

La parrhesía desde el contexto político, menciona Foucault, tiene como principal figura a Demóstenes y se refiere al decir veraz o veridicción que se lleva a cabo en la institución política, arenga a las masas, se enfrenta a tiranos, pretende cambiar normas, es decir, es la manifestación de alguien que siendo capaz de decir la verdad se pone de pie ante la asamblea y expresa a la gente lo que tiene que hacer. En síntesis, consiste en el coraje del decir veraz dirigido hacia los demás, a la asamblea, hacia la salvación de los ciudadanos de la polis.

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Por último, teniendo en cuenta el contexto político actual ¿Qué tipo de parrhesía es constantemente expresada por los funcionarios públicos? ¿Será posible hallar un Demóstenes en la actualidad?

Por Bruno Leonardo Ponferrada — 03/10/21

Fuentes:

Foucault M. (2010); El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II. Curso en el Collége de France (1983- 1984); Ed. Fondo de Cultura Económica; 1o ed.; Argentina, Buenos Aires. Recuperado de:

https://monoskop.org/images/4/46/Foucault_Michel_El_coraje_de_la_verdad.pdf

Malo Echeverri S. (2019); El coraje de la verdad en Michel Foucault: otro modo crítico y específico de ser, (im) pensar, decir y vivir; Ed. Universidad Santo Tomas; Colombia, Tunja. Recuperado de:

https://repository.usta.edu.co/handle/11634/30271

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Cultura

La sociedad actual y el fenómeno de la posverdad

Se comprende por sociedad actual aquella que tiene sus inicios en los albores del siglo XXI, las dos décadas que han transcurrido de este siglo. Una sociedad marcada por el cambio climático, avances tecnológicos, cambios geopolíticos provocados por el nuevo protagonismo de China en la política internacional, pandemias, nuevas forma de relaciones interpersonales facilitadas por la tecnología, globalización, movimientos feministas, LGBTQ, etc. Entre todos estos sucesos, también se encuentra el fenómeno de la posverdad.

La idea de posverdad no es exclusiva de este siglo, dado que la formuló Steve Tesich en 1992 para significar que la sociedad, en los tiempos del affaire Irán-Contra, había decidido vivir en un tiempo posterior a la verdad y, por tanto, ajeno a ella (Cfr. Federico Aznar Fernández- Montesinos, 2018; pp. 50). Luego en 2004, Ralph Keyes publicó el libro “La era de la posverdad: deshonestidad y decepción en la vida contemporánea”, contribuyendo a su definitiva instalación. En este libro Keyes explica las características de la posverdad como fenómeno global y expone que en ella las fronteras entre la verdad y la mentira, entre la honradez y la falta de ella, la ficción y la no ficción se confunden (Cfr. Técuatl Quechol M., 2018; pp. 47). Unos años después, en el 2016, es elegida por el Diccionario de Oxford como la palabra del año, ya que este registró un aumento en su frecuencia de búsqueda en el contexto del referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El diccionario indica que la palabra denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que las apelaciones a la emoción y a la creencia personal. De forma que, la emoción y las creencias personales predominan en la configuración de la opinión pública, sobre los hechos objetivos.

Por consiguiente, es posible inferir que el fenómeno de posverdad se sostiene en lo emocional y las creencias compartidas que no tienen fundamento objetivo y racional, e incluso van contra estos. Se privilegia aquello que se escucha, lee o se ve y que concuerda con la postura en la que se cree. Por lo que el fenómeno de la posverdad, no causa que lo subjetivo prime sobre lo objetivo, sino que es el efecto de prácticas orientadas a que esto se produzca y sobre las que el fenómeno se construye.

Estas prácticas eclosionaron en la sociedad actual dentro del campo político, como bien lo indica el Diccionario de Oxford. Respecto a esto, Técuatl Quechol señala (Cfr. Ídem. pp. 49), citando a Zarzalejos, que en la política la mentira o la media verdad siempre han sido recursos manejados con desenvoltura, pero en la actualidad, la respuesta al estatus quo político y económico ha introducido elementos sentimentales, emotivos en sus mensajes falsos dotándolos de una fuerza arrasadora. Siendo el Brexit y la elección de Donald Trump un claro ejemplo de esto.

Asimismo, la posverdad se manifiesta en las prácticas publicitarias, en las empresas, el sector financiero, entre otros. Sin embargo, hay una serie de prácticas que han masificado la posverdad, haciéndola un fenómeno transversal a toda la sociedad. Estas son las prácticas que se generan a partir de las tecnologías de información y comunicación (Cfr. Ídem. pp. 49). Estas tecnologías, caracterizadas por la accesibilidad, inmediatez, velocidad, volumen, multiformatos y diversos contenidos informativos, han posibilitado una forma distinta de producir información, la de carácter digital. Esta forma de producción no se limita a un solo sector de la sociedad o a un espacio geográfico determinado. Sino que se masifica inmediatamente en toda la sociedad de manera internacional. De allí, que se tenga información, en cuestión de minutos, en Sur América sobre un suceso que acaba de ocurrir en Japón.

Pero es aquí, en donde se plantea el fenómeno de posverdad, sobre si ese suceso, sobre el que se informa, responde realmente a hechos objetivos o responde a intereses netamente subjetivos.

En esta masificación inmediata de la información, las redes sociales son el factor clave para que esto se produzca. Dado que posibilitan una plataforma de usuarios interconectados de manera instantánea en todo el mundo, la cual crece progresivamente. Así también, debido a que las redes sociales se configuran como el medio por el cual se entablan amistades, la información que se transmite a través de ella no responde necesariamente a un apego de la verdad, sino que se somete a las emociones. Técuatl Quechol afirma (Cfr. Ídem. pp. 50) que se magnifica la inmediatez antes que ponderar la verificación de los hechos, de los datos, de la información. Esta aceptación inmediata de lo que corre en redes sociales dificulta reconocer lo falso de lo verdadero, aquello que se apega a lo objetivo.

Técuatl Quechol menciona (Cfr. Ídem. pp. 50), citando en este caso a Berger, seis aspectos que hacen que una información se mencione se comparta y se imite hasta el contagio:

Moneda social. Lo que se habla influye en la percepción que los otros tienen de uno. Es una moneda social saber cosas y hacer que la gente parezca ingeniosa conocedora, interesante o informada.

Disparadores. Son estímulos que llevan a pensar en cosas relacionadas. Emoción. Consiste en crear mensajes e ideas que hagan que la gente sienta algo.

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Publico. Consiste en hacer visible las ideas o productos propios e involucrar a otros en la conducta que se desea.

Valor práctico. Cosiste en crear contenidos que ahorren, mejoren o parezcan útiles. Historias. La gente no solo comparte información, cuenta historias.

A esto hay que añadir la actividad del influencer, aquel que comparte lo que hace, lo que le gusta, lo que lee, lo que usa. Revelando información sobre actitudes y experiencias personales que lo gratifican y que son objeto de transmisión inmediata.

Con base en esto, se puede advertir que el fenómeno de posverdad se construye a partir de prácticas que transmiten información que se apega a aspectos subjetivos más que objetivos, esto significa, prácticas orientadas a empatizar con la opinión pública. Como resultado, los hechos, la realidad, acaban siendo menos relevantes en la conformación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones o las creencias, siendo su principal medio de masificación las redes sociales.

Por Bruno Leandro Ponferrada —- 26/09/21

Fuentes:

Federico Aznar Fernández-Montesinos (2018); El mundo de la posverdad. Cuadernos de estrategia, No. 197, (Ejemplar dedicado a: La posverdad. Seguridad y Defensa), págs. 21-82. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6518645

Oxford Languajes; https://languages.oup.com/word-of-the-year/2016/

Técuatl Quechol M. (2018); La información: entre la verdad y la posverdad, en La posverdad y las noticias falsas (Morales E. coordinadora); Ed. UNAM; Ciudad de México, pp. 47. Recuperado de: https://libgen.is/book/index.php?md5=63F210DD73A57078A5D8CF2B2D554648

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Normas y autoridad en Joseph Raz: las razones excluyentes

El filósofo israelí Joseph Raz, especialista en derecho, ética y política, en su obra “Razón Práctica y Normas” (Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid) sitúa su estudio dentro del campo de la filosofía práctica o de la razón práctica. Esta filosofía incluye en su abordaje, por un lado, una parte sustantiva o evaluativa, que indica qué valores se deben seguir, qué razones deben guiar la conducta, qué normas son obligatorias, etc. Por otro lado, una parte formal o conceptual que contribuye a la clarificación lógica de los conceptos como valor, razones para la acción o norma, y a la especificación de la naturaleza de las reglas de inferencia que gobiernan el razonamiento práctico; aquel razonamiento a través del cual se determinan las acciones a realizar (Cfr. Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México; pp. 224). Con base en esto, es posible especificar que el estudio de Raz aborda lo formal o conceptual de la filosofía práctica. Brindando especial interés, como indica el título de la obra, a la relación de los conceptos de razón práctica y normas.

Ahora bien, el presente artículo se enfoca en los conceptos de norma y de autoridad que propone Raz en la obra citada anteriormente, así como de la relación entre ambos. Esto con la intención, en un primer momento, de identificar y elucidar el sentido que Raz asigna a cada concepto; y, en un segundo momento, aquello que permite, según el autor, que dichos conceptos se relacionen.

Para comenzar, con respecto al sentido que Raz trata a cada concepto, se debe señalar que este afirma que la norma de mandato debe ser entendida como una razón excluyente:

Al tratar de explicar la naturaleza de las normas de mandato, he sugerido que éstas han de entenderse como razones excluyentes. (Raz J.; Razón Práctica y Normas; pp. 70)

Esto significa que la norma de mandato, de manera general, consiste en una razón para la acción, es decir, un motivo por el cual el sujeto realiza determinada conducta. Al identificar este sentido general del concepto de norma, se puede seguir profundizando en este e indicar que Raz clasifica a la razón para la acción en dos tipos: las de primer y segundo orden (Cfr. ídem. pp. 40-41). Por razones de primer orden entiende las consideraciones personales para actuar, como deseo, preferencias, intereses etc. (Cfr. ídem. 42-43). Las de segundo orden, considera que son toda razón para actuar o para abstenerse de actuar por una razón; por lo que son excluyentes, autoritativas y legales, al mismo tiempo que son dadas por una autoridad como directrices de conducta con el fin de que sean cumplidas (Cfr. ídem. pp. 44-46).

De este modo, se tiene un sentido más específico sobre lo que quiere afirmar Raz al referirse a las normas de mandato como razones excluyentes. Ya que, se puede decir que al ser excluyentes son razones para la acción de segundo orden, esto es, la combinación del acto que el sujeto se comprometió a llevar a cabo, o el ordenado por la regla, y una razón para no actuar por otras razones. Como bien menciona Joseph Raz:

Una razón de segundo orden es toda razón para actuar por una razón o para abstenerse de actuar por una razón. Una razón excluyente es una razón de segundo orden para abstenerse de actuar por alguna razón (ídem. pp.44).

En función a esto, se puede inferir que el sentido que Raz postula del concepto de norma de mandato radica en el de razón excluyente, dado que este le permite explicar que la norma de mandato es la conjunción del acto a realizar por una orden y una razón para abstenerse de actuar por otras razones.

Ya identificado el sentido de norma de mandato, se puede proceder al de autoridad. Raz es claro al referirse a esta, afirma:

Las normas dictadas por una autoridad son otro tipo importante de normas. Su análisis es parte integrante de la explicación de la naturaleza de la autoridad, al menos de la autoridad práctica (que ha de distinguirse de la autoridad teórica, del tipo de una autoridad científica). (ídem. pp. 71)

Como es posible observar, Raz hace una distinción entre autoridad teórica y práctica. En la literatura de ciencias políticas una autoridad teórica da razones para pensar de una determinada manera o creer en la verdad de una proposición; en cambio, seguir a una autoridad práctica ofrece razones acerca de cómo actuar (Cfr. Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, pp. 45). Es en la autoridad de carácter práctico sobre la que el autor centra su estudio, siendo concreto y conciso cuando se refiere a su sentido:

Considerar que una persona posee autoridad es considerar al menos a algunas de sus órdenes u otras expresiones de sus opiniones sobre lo que debe hacerse (por ejemplo, su consejo) como instrucciones autoritativas y, por consiguiente, como razones excluyentes. (ídem. pp. 71)

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De manera que el sentido del concepto de autoridad que propone Raz es práctico, esto significa que la autoridad da razones sobre lo que deben hacer los sujetos. Pero no sólo esto, sino que para que se considere autoridad, sus mandatos, órdenes o instrucciones autoritativas deben ser estimadas como razones excluyentes, es decir, como razones para abstenerse de actuar por otras razones o lo que es lo mismo normas de mandato.

Ahora, en función del sentido de norma de mandato como razón excluyente y el de autoridad como práctica, se puede indicar que aquello que relaciona ambos conceptos es el de razón excluyente. Puesto que, el concepto de razón excluyente permite identificar el sentido práctico de las normas de mandato, como lo que requiere la realización de una acción por una razón, en abstención de otras acciones por otras razones. Al mismo tiempo que justifica el carácter práctico de la autoridad que emite las normas de mandato. Esto quiere decir que, para que la autoridad sea considerada tal tiene que ofrecer razones autoritativas, razones de segundo orden, que desplacen otras razones que hubiesen sido relevantes y suficientes para justificar un cierto tipo de acción en ausencia de la directiva. En consecuencia, la relación entre las normas de mandato y de la autoridad es directamente proporcional, ya que, la autoridad mientras más normas dicte sobre lo que debe hacerse, más será reconocida como tal.

De esta manera, se tiene que el concepto de razón excluyente es una noción central en el estudio formal del razonamiento práctico que lleva a cabo Joseph Raz en la obra en cuestión. Ya que permite identificar el sentido de norma de mandato, como una razón de acción de segundo orden. Del mismo modo que permite justificar el carácter práctico de la autoridad y relacionar, de forma directamente proporcional, a estos conceptos.

Por último, es conveniente mencionar que este artículo no agota el estudio realizado por Raz sobre estos conceptos, se podría considerar una introducción a los mismos. Por lo que, para una mayor profundización, se recomienda la lectura de la obra, en especial del capítulo 2 y el postscriptum a la segunda edición.

Por Bruno Ponferrada —– 15/08/21

Fuentes:

Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México. Recuperado de: http://dianoia.filosoficas.unam.mx/index.php/dianoia/article/view/959

Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid.

Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, 43-67. Recuperado de: https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/63987

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