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Cultura

¿Por qué Marcos Mundstock, la voz de Les Luthiers, era un tesoro del humor hispanoamericano?

El periodista César Nogareda, de Hipertextual, rinde homenaje al extraordinario Marcos Mundstock, quien falleció el miércoles  22 de abril. Un referente indiscutible del humor fino y elegante, y componente principal de esa maravilla de la música y el humor llamada Les Luthiers. Obviamente, dada la grandeza de su figura, se repiten por todas partes del mundo hispano, las muestras de tristeza y reconocimiento, por su obra artística. Respetamos el título del artículo, pero seguramente, el autor aceptará que digamos, que la voz de Marcos, “es y será” un tesoro del humor.

“Hay días tristes, pero pocos lo son tanto como aquellos en los que muere alguna de las voces más ingeniosas con las que contamos, y hoy hemos perdido la hilarante profundidad de la que gastaba Marcos Mundstock, el inconfundible narrador de la pandilla de humoristas argentinos Les Luthiers. Nació en mayo de 1942 en Santa Fe y en una familia de judíos asquenazíes que habían emigrado a Latinoamérica desde la localidad de Rava-Ruska, hoy parte de Ucrania. Sus padres polacos, que se conocieron en la propia Argentina, hablaban en yidis, variante del alto alemán con elementos hebreos y eslavos.

Él se expresaba bien en esta lengua, pero admitía que “no tan fluidamente como ellos”, según explica en el libro Gerardo Masana y la fundación de Les Luthiers(Sebastián ídem, 2005). ¿Os imagináis a Mundstock parloteando en un idioma tan diferente al español, con el que nos deleitaba cada vez que abría la boca? Porque ya no era solo su acento rioplatense para las personas a las que les resulte cautivador, sino que la índole particular, muy reconocible, de su cuerdas vocales de bajo, su perfecta dicción y su entonación profesional le distinguían como una de las personas del mundo entero a las que daba más gusto oír hablar.

Con Jorge Maronna y los difuntos Daniel Rabinovich y Masana, fue uno de los fundadores de Les Luthiers, los humoristas que llevan más de medio siglo representando obras musicales del ficticio compositor Johann Sebastian Mastropiero, con instrumentos inventados por ellos mismos —y de ahí, su nombre—, y cuyas actuaciones pueden hacerle a uno hasta llorar de la risa. El grupo surgió en 1967 de la fractura de I Musicisti, que había iniciado su trayectoria en septiembre de 1965 durante el Festival de Coros Universitarios en San Miguel de Tucumán, a causa de desavenencias salariales.

Mundstock, sin embargo, aseguraba que era el luthier con menos cualidades musicales: “Tenía una especie de bloqueo. No era que no tuviera capacidad, sino que carecía de la constancia y la paciencia necesaria para sentarme a practicar. Quería aprender todo muy rápidamente. Y en la música, los tiempos de aprendizaje son muy difíciles de modificar”. Y añadió: “Mis intentos de aprender piano no prosperaron. La música es una asignatura pendiente en mi vida. Más adelante, tomé clases de canto con un profesor. Ya había estudiado canto anteriormente, y siempre tuve la fantasía de ser cantante”.

Pero a los que amamos sus aportaciones a Les Luthiers nos importa un bledo —con su ominosa carga según él— que la interpretación musical no constituyera uno de sus fuertes, porque sus jueguecillos de palabras y sus preámbulos a la obra de Mastropiero y muchas de sus interacciones con otros compinches en escena son absolutamente memorables, y dignos de los sonoros aplausos que cosechaban. Y sería fantástico poder conocer sus trabajos previos en radio —de lo que estudios tenía— y publicidad, que abandonó sin vacilaciones por el extraordinario éxito del grupo para aplicarse en exclusiva a las más de 7.000 representaciones que dieron en estos cincuenta y tantos años de humor inteligente, y se dice pronto.

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Y el cine le quiso acoger también, nada imprevisto por su popularidad tanto en Argentina como en la España hermana. Así que aportó su voz profunda a un personaje de Quebracho (Ricardo Wullicher, 1974), al chef Auguste Gusteau en Ratatouille, a Ítalo en uno de Los cuentos de Fontanarrosa (Brad Bird, Pablo Fisherman y Leonardo Di Cesare, 2007), a la paloma Joey en el doblaje de Bolt (Byron Howard y Chris Williams, 2008) o al ermitaño de Futbolín  (Juan José Campanella) 2013); y actuó en Good Show (Sebastián Borensztein, 1993) como Dios, en tres episodios de Sorpresa y media (1996-2006) o Mark von Mark en uno de La Argentina de Tato (Sebastián y Alejandro Borensztein, 1999).

O como Gustavo Smirnoff en Roma, Víctor en Señora Beba o el analista de No sos vos, soy yo (Adolfo Aristarain, Jorge Gaggero, Juan Taratuto, 2004), alguien en un capítulo de Mosca y Smith en el Once (Ramiro Agulla y Carlos Baccetti, 2004-2005), el jefe de los mercenarios de Torrente 3: El protector (Santiago Segura, 2005), el profesor Pablo Parleta en episodios de ¿Quién es el jefe?(David y Franklin Peña, 2005-2006), Marcos Bustos en Recordando el show de Alejandro Molina, el padre Patricio de Mi primera boda (Alejandro Dolina, Ariel Winograd, 2011) o, por último, Martín Saravia en el reciente remake El cuento de las comadrejas (Campanella, 2019).

Por su labor en Les Luthiers, había recibido el Premio Max de las Artes Escénicas de la Sociedad General de Autores de España en 2001, el Grammy Latino a la excelencia musical en 2011, el Premio Princesa de Asturias de Comunicación en 2017; y el Gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero le concedió la Encomienda de Número de la Orden de Isabel, la Católica en julio de 2007, y el de Mariano Rajoy y por Carta de Naturaleza, la nacionalidad española en septiembre de 2012. Y no es para menos, ya que se trataba de una lumbrera del humor a la altura de gigantes como Groucho Marx, y a la que solo un tumor en su brillante cerebro ha podido apagar ahora. Gracias, señor Mundstock, por tantas muestras de ingenio y por tantas risas”.

Por César Nogareda para www.hipertextual.com                                       23/04/2020

Vídeo de YouTube: “Discurso de Marcos Mundstock, en el Congreso de la lengua del 2019”.

Imagen destacada: www.cnnespanol.cnn.com

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Cultura

Friedrich Nietzsche: lo apolíneo y lo dionisíaco como fuerzas que moldean la vida

Con base en la obra “El nacimiento de la tragedia”, se puede afirmar que Friedrich Nietzsche categoriza lo apolíneo y lo dionisiaco del siguiente modo:

Con sus dos divinidades artísticas, Apolo y Dionisio, se enlaza nuestro conocimiento de que en el mundo griego subsiste una antítesis enorme, en cuanto a origen y metas, entre el arte del escultor, arte apolíneo, y el arte no-escultórico de la música, que es el arte de Dionisio: esos dos instintos tan diferentes marchan uno al lado de otro, casi siempre en abierta discordia entre sí y excitándose mutuamente a dar a luz frutos nuevos y cada vez más vigorosos (…) (Nietzsche F. (2012); El Nacimiento de la tragedia; Madrid; pp. 41).

Se puede observar que Nietzsche se refiere a lo apolíneo y dionisiaco como dos “instintos” (trieb), fuerzas, que él halla en la tragedia griega, pero que también encuentra en las diversas manifestaciones del arte.

Para él la cultura helénica, que tradicionalmente se la considera apolínea, es trágica por antonomasia, porque surge de la interacción antitética entre la fuerza apolínea y dionisiaca, entre la mesura y la desmesura; entendiendo ésta interacción antitética, no al estilo hegeliano de superación sintética de la negación de la afirmación, sino que ambos instintos o fuerzas se niegan mutuamente. Son negaciones que se hallan en constante tensión ontológica, la cual tiende hacia el equilibrio de ambas fuerzas y dinamiza, excita, la realidad poniendo de manifiesto el carácter trágico de ésta. Con tensión ontológica, se hace referencia a la constante destrucción de las apariencias apolíneas individuales por lo horrendo de la existencia, para volver, luego, a reconstruirse en el Uno primordial, exigiendo de ésta manera una constante mutación creadora

Más en detalle, lo apolíneo, por el dios Apolo, encarna la bella apariencia. Por su lado lo dionisiaco, por el dios Dionisio, encarna el sufrimiento extremo de ser despedazado. El primero hijo de Zeus y de Leto, es dios de la ley y de las artes. El segundo, hijo de Zeus y de Sémele, es dios del vino y de la disonancia. Teniendo en cuenta esto, para que sea posible la vida, la realidad trágica en la que ésta se expresa exige una ilusión magnífica que extienda un velo de belleza sobre el padecimiento. Esto significa que, aunque ambos dioses se presentan como encarnaciones de fuerzas antagónicas, resultan complementarios.

Apolo que designa el principio de individuación del mundo placentero de la bella apariencia, genera las formas por medio de las cuales los griegos se salvan del sentido trágico de la vida. Dionisio que expresa la anulación de éste principio, ya que, como se mencionó en líneas anteriores, encarna el sufrimiento de ser despedazado, destrozado en partes, también expresa, sin embargo, la tendencia a reintegrarse que resulta de dicha aniquilación de lo individual. En este sentido, el ser aniquilado, despedazado, morir, no es desaparecer, sino sumergirse en el origen, en el Uno primordial, que produce nueva vida. Asumir éste pasaje constante, éste eterno retorno, es pensar trágicamente; es entender que todo lo que nace se dispone a un ocaso doloroso. Como bien señala Elena Oliveras:

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Hay un consuelo metafísico porque nosotros somos, por breves instantes, el Ser Primordial y podemos sentir su indómito placer de existir. (Oliveras, E. (2007); Estética. La cuestión del arte; Ed. EMECE. Bs. As. pp. 245)

De forma que, a partir de lo expuesto, se puede indicar que Nietzsche considera lo apolíneo y lo dionisiaco como dos fuerzas ontológicas en tensión que fundan el acontecer trágico de la vida, en la cual los hombres no son sólo espectadores, sino, también, protagonistas que se despedazan y vuelven a reconstruirse en un ciclo de eterno retorno; manifestando, de éste modo, que en lo profundo de la existencia trágica la vida se presenta indestructible, poderosa, tan poderosa como los sátiros del coro que viven inextinguiblemente.

Por Bruno Ponferrada – Profesor de Filosofía—- 01/07/21

Fuentes: Nietzsche, F. (2012); “El nacimiento de la tragedia”; Ed. Alianza; Madrid – Oliveras, E. (2007); Estética. “La cuestión del arte”; Ed. EMECE; Bs. As.

Imagen destacada: www.elconfidencial.com

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Cultura

2020: ¿Cuáles fueron las mejores series y películas en el año de la pandemia?

Sin duda alguna el 2020 fue un año “de película”, desde incendios y chanchos cayendo de helicópteros en enero, a un confinamiento obligado por una pandemia que azotó al mundo, a partir de marzo. El cine fue una de las actividades que se prohibieron, por lo que las emociones que nos genera, las íbamos a vivir en nuestro día a día. De la mano del streaming, más presente que nunca.

Pero, ¡ojo, porque a pesar de todo, la industria audiovisual de entretenimiento se las ingenió para hacernos llegar algunas producciones y estas son, a mi parecer, las más destacadas del 2020:

  • The Last Dance

Sin duda alguna la mejor serie del año. Producida por ESPN y transmitida por Netflix, esta serie-documental narra la última temporada de los míticos Bulls de Michael Jordan, en la búsqueda del 6to anillo de la NBA. Jason Hehir (director de la serie) consigue no solo dar a conocer elementos que revivieron una polémica enterrada hace más de 20 años, sino que nos guía a través de una narrativa frenética la historia de uno de los deportistas más importantes de todos los tiempos. Cada capítulo se ve desde una perspectiva única pero todas las luces están puestas sobre una única persona: Michael Jordan.

¿Qué significa el éxito? ¿Qué motiva a una persona? ¿Se puede vivir en la cima todo el tiempo? ¿Cómo eso puede afectarnos? Esas preguntas y muchas más se responden en 8 deslumbrantes episodios.

  • The Queen’s Gambit

La revelación del 2020. Luego de deambular durante años por diversos estudios con decenas de libros y guiones rechazados; Netflix apostó por Scott Frank y dio luz verde a realizar esta miniserie basada en el libro homónimo de 1983 de Walter Tevis.
El dominio de los colores y la iluminación, la estética y los vestuarios siempre acordes con la temáticas, y la construcción de los personajes como cada una de las piezas del tablero de ajedrez hacen de “The Queens Gambit” un espectáculo visual.

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Anya Taylor-Joy le da vida a Beth Harmon, una prodigia del ajedrez con problemas de adicciones que intenta brillar en el tablero entre la década del ’50 y el ’60, lidiando no solo con sus problemas, sino con los prejuicios de ser mujer.
Queen’s Gambit fue una revolución absoluta: se transformó en la miniserie más vista de Netflix; además, las ventas de tableros de ajedrez se incrementaron un 87% en Estados Unidos, los libros de ajedrez aumentaron un 603%, la plataforma chess.com y las búsquedas en Google relacionadas a la temática alcanzaron picos impensados.

Si. Todo esto, por “solo” una serie de ajedrez.

  • The Mandalorian

La serie creada por Dave Filoni y John Favreau tuvo su 2da temporada en 2020. The Mandalorian ha demostrado ser una de las mejores creaciones que se desprenden de la matriz Star Wars y uno de los puntos más altos desde que la franquicia es propiedad de Disney. Tanto si sos fanático de la trilogía original o si sos un recién iniciado, The Mandalorian es 100% efectivo. Una historia simple, con personajes entrañabales y un camino muy claro a seguir. La multiplicidad de directores le da un toco personal a cada capítulo y nos hace sentir que estamos viendo una película distinta cada episodio.
Disney plus hizo todo bien con esta serie, desde la utilización de marionetas, maquetas y la implementación de la tecnología que revolucionó el CGI (Imágenes generadas por computadora). Como fanático no me puedo desprender… The Mandalorian es la GRAN JOYA MODERNA.

  • The Boys

Basada en los cómics de Garth Ennis, la serie de Amazon este año consiguió algo histórico: fue la primera serie que compitió de igual a igual y le ganó al gigante del streaming Netflix. Una segunda temporada más cruda, dura y cercana a los problemas sociales propios de estos tiempos. Ya lo hemos analizado en una nota anterior, pero pareciera que The Boys se ha ganado nuestros corazones por presentarnos héroes vulnerables, humanos egoístas y sin todo el edulcorante al que Marvel nos acostumbró en los últimos años.

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  • Pixar

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En este apartado me permito una licencia. No voy a elegir una película sino al estudio detrás de ellas. Pixar este año fue uno de los grandes ganadores. Pudo estrenar 2 películas y fueron sin duda lo mejor del año. “Unidos” y “Soul” tienen el adn de la compañía y nos interpelan a niveles que no estamos acostumbrados por películas de animación. Desde la fraternidad y el rol paternal en una relación entre hermanos, y el significado y el propósito de la vida de las personas; Disney Pixar nos eleva, nos llena los ojos de colores, iluminación y belleza, nos endulza los oídos con melodías que no solo están ahí, sino que cuentan la historia también. Pixar es el estudio de animación más certero en la actualidad y nunca, nunca nos va a defraudar.

  • Mank

Netflix tuvo grandes producciones este año, pero una de las más destacadas es la dirigida por el enorme David Fincher. Con guión de Jack Fincher y música de Trent Reznor y Atticus Ross, Mank narra el proceso detrás del guión de una de las películas más importantes de la historia: “Ciudadano Kane”. El abordaje es realmente interesante. Herman Mankowicz es el protagonista, pero nosotros como espectadores somos simplemente eso: personas que observan como se desarrolla una historia. Sin grandes conflictos, sin un nudo que desatar, sin un giro inesperado. Simplemente observando. La música y la estética nos intoxican con la década del ’30, y no solo porque relatan como se vivía en esa época, sino porque el montaje, la edición y la sonoridad de la película nos hacen creer que estamos viendo una producción de los orígenes de Hollywood.
Gary Oldman cumple con todas las expectativas, se carga la película como nadie y ya no sorprende que lo extraordinario con el sea cotidiano.

  • Tenet

Uno de los estrenos más complicados del año. Un par de semanas pospuesta pero finalmente estrenada en los cines, Christopher Nolan hace lo que nos tiene acostumbrados: hacernos dudar de todo y no entender nada.
Sin ser lo mejor de uno de los directores más destacados de los últimos años, Tenet es un despliegue visual y sonoro. Una organización conoce los secretos detrás de la inversión en el tiempo, poder realizar acciones a la inversa, es decir, realizar acciones que ya fueron realizadas.

Si si si, pido disculpas, es bastante complejo de leer y de entender. Hasta los protagonistas de la historia admitieron que ni en medio del rodaje comprendían lo que estaban haciendo.

Si sos fan de Nolan o si te dejas sumergir por la idea y la aventura, una película 100% disfrutable.

  • El rey de Staten Island:

Una comedia-dramática dirigida por Judd Apatow y protagonizada por el comediante de SNL (Saturday Night Live) Pete Davidson.
La mayor peculiaridad de la historia es que es una semi-autobiografía de Pete Davidson, con modificaciones en la historia, cuenta como le afectó en su vida la pérdida de su padre – un bombero – y como eso afectó no solo a su desarrollo, sino su relación con su madre y hermana. Por momentos resulta muy incómoda de ver, pero eso refleja lo bien dirigida que está y lo fácil que es conectar con ella.

Una película sobre el amor, la pérdida, la búsqueda y la reinvención que dieron una bocanada de aire fresco a este 2020 turbulento.

Por Agustín Fernández                                                                                                                                03/01/2021

Imagen destacada: www.pixabay.com

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Cultura

Sony Pictures convertirá en series y películas juegos de PlayStation

Los videojuegos superan hace tiempo ya el ámbito del entretenimiento puramente adolescente. No se trata sólo de entretener y hacer pasar el tiempo. Existe un mundo amplio y complejo, en el que se narran historias de héroes, se recrean momentos históricos y se establecen sagas que llevan años acompañando a millones de personas.

El llevarlos al mundo de las series y al cine tiene antecedentes recientes pero lo que planea Sony Pictures parece una apuesta definitiva y…millonaria.

A finales de octubre, se conocieron las primeras imágenes de Uncharted, la película basada en la exitosa saga de videojuegos de PlayStation. Nada menos que Tom Holland -Spiderman-, se mostró en los pies de Nathan Drake, el personaje central del juego. Pero esto ha sido sólo el inicio.

Imagen de Uncharted

El CEO de Sony Pictures, Tony Vinciquerra realizó declaraciones a Televisión News Daily, sobre el futuro de aquellas producciones cinematográficas basadas en videojuegos. El directivo indicó que la compañía está desarrollando un programa llamado “Sony One”, que consiste que integrar marcas de la compañía en otras divisiones. Por ejemplo: las franquicias de PlayStation en producciones cinematográficas y series de televisión de Sony Pictures. Esto abre el juego a muchísimas especulaciones y excpectativas.

Según la versión oficial, Sony Pictures ya se encuentra trabajando en siete series y tres películas de franquicias de PlayStation. Aunque se desconoce cuáles son. Tampoco se aclaró si entre ellas figuran, la ya mencionada Uncharted, y la tambien confirmada versión de The Last of Us de HBO.

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Los que disfrutan de los videojuegos seguramente están a la expectativa, aunque son experiencias de entretenimiento muy diferentes. Tampoco será lo mismo convertir un videojuego en una serie. Estas últimas implican, además de mayores requerimientos técnicos y económicos, generar en el público, la suficiente empatía, como para tener continuidad en el tiempo.

Si dejamos volar la imaginación, y los gustos personales, la lista de posibles películas y series, es interminable. God of War, Days Gone, Detroit Become Human o Far Cry, figuran entre mis preferidas. Habrá que esperar.

Por Fernando González                                                                                                                                    27/12/2020

Fuentes: www.hipertextual.com – www.hobbyconsolas.com

Imagen destacada: www.as.com

Imagen en nota: www.store.playstation.com

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