Observador Urbano

Pasta Angélica

El tiempo de vacaciones nos da esa posibilidad de explorar sitios en familia. Aún, cuando esto se haga casi involuntariamente.

Fuimos en busca de un conocido restaurant de pescado en el Dique Campo Alegre, para encontrarnos con la novedad de que se halla temporariamente cerrado (así me dijeron al llamar a un teléfono, frente a la tranquera cerrada). Demasiado tarde para intentar llegar a La Ciénaga, decidimos recalar en La Caldera. Google Maps mediante, llegamos hasta detrás del Cristo Penitente para descubrir Los Ángeles.

Serendipia se denomina a un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta. Los Ángeles terminó resultando, ese día, nuestra serendipia.

Visto desde afuera, ubicado por detrás del estacionamiento ubicado a espaldas del Cristo (dicho sea de paso, todo el conjunto escultórico en pésimo estado; teléfono, Sr. Intendente …), probablemente uno sólo le prestaría atención siendo un turista en busca de algo fresco que tomar o algo rápido que comer al paso. Nada de lo que se ve invita a ir más allá de esa visita contingente. El hambre y la certeza de que no hallaríamos ninguna otra cocina abierta en los alrededores nos animó a dar ese paso más y descubrir una mano maestra en pastas caseras.

Sentados afuera (poco espacio y mucho calor para estar adentro), en unos de esos conjuntos de sillas y mesas plegables esponsoreadas por una cerveza local, fuimos muy amablemente atendidos y escuchamos con atención -y memorizamos con alguna dificultad- una carta recitada verbalmente (recomiendo enfáticamente un menú impreso) y a ciegas en materia de precios (así de desesperados de hambre estábamos). Pero el resultado de este acto de fe y memorización valió bien la pena:  los malfatti caseros y las pastas rellenas, las salsas con profusión de aromas, la presencia de hongos, jengibre y hierbas, convirtieron lo que pensábamos apenas como una comida ligera, en una verdadera experiencia gastronómica. Recomiendo a los gritos y a los cuatro vientos el helado casero.

Lo que empañó este momento mágico es el haber tenido que acompañar la comida con el insulso maridaje de un agua mineral gasificada. El problema, una vez más no es del local (que, a decir verdad, tampoco cuenta con variedad de alternativas), sino la restricción que impone la “tolerancia cero”, sublime principio que deviene ineficaz en los hechos (algún día hablaremos de esto).

Precio razonable, y exquisita comida. Esperamos que el emprendimiento resulte y que su rentabilidad permita lo necesario para invertir en infraestructura y comodidades para los comensales (en un día fresco de verano las condiciones para comer afuera son ideales, pero con lluvia o en Julio, la cosa se debe poner brava). La propuesta que llevan adelante se lo merece, como merece también que se la dé a conocer.

Por Enzo Lo Pranzo, el Degustador Urbano

Imagen destacada: www.nuevodiariodesalta.com

Imagen en nota: www.infosalta24.com

Autor

Enzo Lo Pranzo

Viajante. Heredero de los conocimientos gastronómicos de mi abuela. Pasando por un buen momento.