Observador Urbano

Notre Dame, Semana Santa y la Fe

La Catedral de París comenzó a incendiarse y lo pudimos ver en todo el mundo. Casi de forma inmediata se supo que no se registraron víctimas humanas. Se convirtió en una noticia de alcance global que generó muy diversas reacciones. Al tratarse de daños materiales, solamente, pero de una enorme magnitud, las expresiones de consternación se concentraron, o en el carácter cultural de la magnífica Iglesia, y/o su simbolismo para la fe católica.

Se especuló acerca de las causas del incidente. Algunos hablaron de la posibilidad de un atentado, y otros, de fallas humanas por parte de obreros que estaban trabajando en tareas de restauración. Los informes oficiales hablan de un accidente y descartaron un atentado. Sobre esto, se discutirá por siempre. Como suele suceder.

Pero lo que más me ha llamado la atención, es que algunos han manifestado su desazón, al ver que se llore un edificio, por más simbólico que sea; y aún peor, se reúnan cifras millonarias para su reconstrucción en tiempo récord, y no se logren reacciones multitudinarias similares, ante el sufrimiento de millones de seres humanos de carne y hueso.

Ciertamente, estamos llenos de contradicciones. La acumulación de bienes y dineros, en pocas manos, en números astronómicos, frente a las necesidades básicas insatisfechas de millones, es una de tantas. El egoísmo, es uno de nuestros defectos más palmarios.

Es muy probable, que muchos de los que lloran por Notre Dame, sean también gente justa y comprometida, que hace, desde su lugar, lo que puede y sabe, para combatir las injusticias milenarias de nuestro mundo. Muchos incluso, encuentran en la religión, el origen fundamental de su compromiso con el otro.

Imagen: Turismosantiago.com

Este hecho, ha sucedido en el contexto de la Semana Santa, lo que le ha dado un sentido más religioso, si se quiere.  Algo impensado, claro está. Y en este inmenso mar de opiniones y sentimientos, podemos vislumbrar, se me ocurre, dos actitudes que no necesariamente son antagónicas. Por un lado, los que ponen el énfasis en recordar la centralidad de la persona, y otros, que tienen en la Fe, el fundamento de sus vidas, simbolizado, en este caso, en un templo, en una realidad física. Una Fe que desconozca el valor central de la persona, se convierte en algo contradictorio.

Las Semana Santa, es para los que creemos, una oportunidad para recordar y hacer nuevamente presente, la obra de Cristo, que entrega su vida por los hombres. Un Dios que asume las contradicciones y pecados del ser humano, para liberarlo, para transformarlo y renovarlo. En Jesucristo descubrimos que la solidaridad y la entrega por los que sufren, son parte esencial de su acción y mensaje.

El incendio de la Catedral de Notre Dame, y las reacciones sucedidas, ponen de manifiesto, tal vez, nuestras contradicciones, pero también, el profundo valor de aquellos símbolos que representan lo sagrado, lo sobrenatural. Un templo, cualquier templo, extraordinario o sencillo, famoso, o no, apuntan a mirar a lo profundo. Esto es, lo que no quiero olvidar.

Por Fernando González.

Imagen destacada: elpais.com