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Arquitectura

Miopía frente a una realidad

Hay algo cierto en todo lo que nos rodea, que la realidad es social y no individual. Todo lo que nos rodea es propio de lo que formamos socialmente. Pero, ¿qué tan consciente somos de ella? Creamos la realidad tal como somos y no la percibimos tal y como es en su totalidad. La realidad es la interpretación caprichosa de nuestro cerebro, un molde, una representación que abarca experiencias pasadas y expectativas futuras, que nublan nuestra percepción, ya limitada.

A pesar de lo que creemos, como personas, no tenemos la verdad absoluta de la realidad ¿Cómo saber específicamente si en lo que nos focalizamos es lo más adecuado para cierta situación? ¿Hay otros factores de los que no somos conscientes? Podríamos decir que como individuos generamos una distorsión, una parte singular con sello propio de la totalidad aquí presente.

Todo tipo de acciones, educación, grupos, profesión, políticas y otros factores moldean en cada uno una realidad y dentro de ella sus propias acepciones (que son la aceptación de una responsabilidad, obligaciones o preferencia, sin una razón que lo justifique) que se distinguen culturalmente con destellos propios de cada lugar.

La percepción de lo que nos rodea afecta físicamente en nuestro “contexto cultural”. La cultura en la que creemos se hace propia por tradición e historia y nos exponen innegablemente a la construcción de paradigmas.

Hoy más que nunca dicha cultura se mezcla radicalmente con la cultura global, permitiendo abrir las puertas a otras realidades generando un enfrentamiento entre lo que creemos correcto y lo que no, y mientras estemos pegados a nuestros paradigmas nos convertiremos en ciegos para valorar otras miradas del mundo, otras posibilidades.

Cuanto más estamos expuestos a algo o alguien, más frecuente es la asociación  que tenemos. Cualquier experiencia nueva tendrá simplemente a reforzar lo que ya sabemos, lo conocido, lo familiar. Por este motivo hemos evolucionado para disfrutar mucho de ello y de la seguridad que nos proporciona; pero por otro lado, también aparece el miedo a lo desconocido. Por todo eso resulta tan difícil desviarnos de la norma porque gran parte de nuestra biología nos dice que nos arraiguemos a lo que ya nos resulta conocido. Estamos acostumbrados a lo que nos rodea, al contexto, el mismo camino al trabajo, rutinas, arquitectura que a la hora de impulsarnos hacia un estilo aparece la incomodidad de no sentir pertenencia a lo nuevo. Sucede con nuestros comportamientos e ideas. ¿Por qué sería extraño que  lo mismo sucediera con aquella tradición a la hora de encarar una obra de arquitectura? Cuando lo que nos rodea no concuerda con nuestras creencias y puntos de vista, se genera un choque que desprende una necesidad de cambio en la estructura para que no haya conflicto. Por eso es tan difícil pensar diferente, ya que siempre nos arraigamos a lo familiar.

Todas nuestras percepciones dominantes influyen en el comportamiento y en las ideas que tenemos. Hay estructuras que  son como una red de significados que nos ayudan a comprender cuales son las cosas posibles que vemos. Nos provee de reglas que dan forma a nuestras interacciones con el mundo en general.

Una de las razones de que nuestras asunciones sean tan fuertes y pueden influirnos tanto se debe a nuestras emociones. Las reacciones emocionales a distintas circunstancias y escenarios son a veces disparadas muy rápido por percepciones o interpretaciones particulares que estamos experimentando. Empezamos a fantasear y a asignar significados o sentidos muy exagerados a nuestras experiencias. Nuestras historias pasadas van a alimentar las emociones del momento. Es decir, una respuesta emocional puede disparar una respuesta intelectual que lo que hace es perpetuar esas emociones en un abrir y cerrar de ojos. Un gesto sencillo puede ser interpretado como algo en contra nuestro.

Todos sabemos que la historia marcó grandes cambios en la humanidad. La arquitectura se fue adaptando a las necesidades partiendo de una funcionalidad pura, anónima y folclórica hasta meros caprichos de la tan revolucionaria ARQUITECTURA ORGANICA.

Los saltos tecnológicos avanzan con los años a pasos cada vez más veloces, logrando que por un lado encontremos mayores soluciones a problemáticas del pasado y por otro, produciendo comodidades para el hombre mismo. No es nada nuevo pensar que la tecnología que tanto nos facilita el día a día, más nos aleja del entorno social. Está comprobado científicamente que las personas por naturaleza son sociales. Entonces, ¿por qué cada vez nos aislamos más, si la naturaleza del hombre está en unirse? ¿Qué rol tiene la arquitectura en esto?

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La arquitectura no se pudo adaptar tan rápido como la velocidad de la tecnología a este cambio (hablamos del hombre siendo más individual que social, pero con un individualismo en cuanto al contacto y no a la conexión). Se indaga mucho en formas nuevas de mostrarse al mundo pero que poco tienen que ver con lo importante: “en la evolución de la función”. Funciones que dejaron de ser importantes para la mayoría de los hogares, pero que se siguen produciendo, sólo porque así fueron enseñados. Hay una carencia absoluta de la vivienda inteligente ¿Cuales serían los siguientes pasos para que se produzca dicha evolución social?

La respuesta está en el análisis minucioso de algo clásico y es “hacia dónde vamos”, no hay que descartar el hecho ya nombrado, la tecnología.  Está en el alcance de los diseñadores implementar con inteligencia “espacios que unan”.

Se dice que el mundo más grande es la familia. Convivir con ella es un descubrir día a día. No la elegimos, por lo que uno debe adaptarse a las distintas personalidades. Poco se habla de cómo volver a compartir momentos, ya que cada miembro necesita de su “espacio” y conforme a ello, nos topamos con que cada vez necesitamos mayor cantidad de horas invertidas allí, alejándonos del vinculo y la relación directa. Anestesiados por los celulares, música con auriculares, redes sociales, programas, etc. ¿Qué nos produce esa miopía de la realidad social, que poco se ve?

Más tiempo para uno mismo es síntoma de que se empieza a ver más las propias necesidades ante la de los demás. Es decir, que empezamos a marcar profundamente el individualismo, dejando de lado a la sociedad en sí. ¿Ponemos nuestros valores y necesidades por encima de los demás? De a poco se produce un desequilibrio entre ambas.

Los errores se corrigen desde casa. La arquitectura que se plantea es una arquitectura inteligente y de estudio. Indagamos en la acción de unir lo que se está perdiendo, buscando espacios de pertenencia entre varios individuos de la sociedad. No solo para empezar a buscar una armonía, sino para instaurar todo aquello que nos compete: la sociabilidad, la tecnología y los espacios inteligentes en el hogar.

Estar a la orden del día no implica tener los materiales más caros o los volúmenes más imponentes en la vivienda. Implica imponer funciones a las necesidades que se demandan. Claro, sin olvidarnos, que la clave está en satisfacer necesidades rompiendo estereotipos que nos llevan por un camino que no nos beneficiará.

Instalar un paradigma. Que la sociedad se niegue a salir de lo cotidiano es mera imposición. Cortar con la popular “prohibir es más fácil que educar”, para que se empiece también a aprender en sociedad lo que es más conveniente. Es lógico pensar que nuevas cosas imparten descontento. Pero también es parte de la vida aprender a vivir y convivir.

Como sociedad, ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo la arquitectura que nos rodea evoluciona con el pasar del tiempo? ¿Nuestras improntas culturales hacen que el cambio sea más gradual?

Por Juan Marcuzzi

Consultora Punto Steel

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Arquitectura

Ethic: “Hacia una arquitectura del Coronavirus”

Publicamos el siguiente artículo de Jorge López Conde, quien expone un amplio panorama de la Arquitectura en el contexto de la inédita situación de la Pandemia. Presente y perspectivas, centradas principalmente en la situación de la Ciudad.

“Asistimos a una serie exponencial de muertes y mentiras desde nuestra casa, nuestra primera herramienta, y miramos por la ventana, y vemos la imagen del hospital militar flotante Comfort llegando a Nueva York. Esa instantánea nos recuerda la de otra nave profética que también llegó a la misma ciudad: el USS Normandie. En ese viaje descendió la ambición de Le Corbusier. Sus manifiestos profetizaban la unión de higienismo, tecnología y vivienda, y su encrucijada también recuerda a la nuestra. Si esa foto recogía las cenizas del crack de 1929 en un mundo que se dirigía inevitablemente hacia la Segunda Guerra Mundial, esta foto parece ser la confirmación de un nuevo orden mundial, producto de una pandemia global.

Al igual que Le Corbusier, desconocemos las consecuencias exactas que la primera y siguientes olas de la epidemia tendrán sobre el barco que nos lleva. La mar está confusa: olas altísimas de cuarta revolución industrial, encrespada lucha entre el neoliberalismo globalista y el proteccionismo estatal, y mucha espuma que reduce la visibilidad de los derechos humanos. Se estima que, como consecuencia del coronavirus, se va a doblar el número de personas que pasan hambre  –aumentará de 825 a 1.600 millones–, que más del 87% de la población activa del mundo está afectada laboralmente, que más de 3.000 millones no pueden lavarse las manos y que hay 4.000 millones de personas en cuarentena y otros 2.000 sin vivienda.

¿Podrán las Naciones Unidas gobernar el barco y llevar a puerto los Objetivos de Desarrollo Sostenible? A modo de carta de navegación, definiremos cinco puntos para una arquitectura del coronavirus: territorio, ciudad, salud, vivienda y objeto. Hablemos de futuro.

Territorio

El coronavirus ha atacado una forma de vida y su construcción territorial. El comienzo y desarrollo exponencial de la crisis está en el origen del modelo: la urbanización acelerada que provoca la reducción, el comercio de ecosistemas donde se encuentran los animales salvajes con sus patógenos y la comida como vector de transmisión, y los HUB de transporte, más rápidos y de mayor alcance.

A falta de otros ejemplos comparables y confirmación de la relevancia del confinamiento temprano y otras decisiones políticas, existen relaciones directas entre recursos, densidades, contagios e índices de fallecidos. Ciudades como Los Ángeles, con baja densidad y con buenos equipamientos sanitarios, responden mucho mejor que Nueva York. Queda por ver si en ciudades de alta densidad habrá un grado mayor de inmunidad colectiva –si es que existe– y por lo tanto estos índices de contagio y fallecidos se equilibrarán.

En los entornos rurales o áreas deprimidas de baja densidad la situación es diferente por una suma de factores, como la carencia de servicios y equipamientos, la edad de sus habitantes o la desigualdad económica. Todo ello provoca los mayores índices de mortalidad del país. En Estados Unidos el porcentaje de muertos afroamericanos con bajos ingresos puede ser del 70% sobre el total. En la España vacía el ejemplo de Soria o Segovia es paradigmático: poseen la tasa de contagio por cada 1.000 habitantes más alta de España y superan o igualan a Madrid en la tasa de fallecidos.

Además de reforzar los equipamientos y las infraestructuras del mundo rural y zonas deprimidas, proponemos la integración de herramientas como Blue Dot AI en estudios, universidades y gerencias de urbanismo, para poder equilibrar el poder y el saber entre diseño y predicción.

Visión y predicción de la diáspora del Coronavirus a través de la Inteligencia artificial de BlueDot integrando medios de transporte, entre otros modelos, 2020

Ciudad

«No nos va a matar el coronavirus, sino que moriremos de hambre», explicaba a NYT Nihal Singh, un albañil de Delhi (India)

A la izquierda Wheatfield: a confrontation por Agnes Denes, 1982. A la derecha mapa de bloques logísticos de Mercadona. Expansión, 2017

La base de la civilización y su crecimiento ha estado en la alimentación de las ciudades. El comienzo de la pandemia está vinculado a políticas alimentarias y se produce en un mercado. Hoy vivimos cambios radicales en esta dirección: tiemblan los precios, las cosechas, las cadenas de suministro y los bloques logísticos en la mayoría de los países desarrollados. Vemos en directo al chef español José Andrés y su organización World Central Kitchen –entre otras muchas instituciones en estos y otros países) construir redes de emergencia (junto a bancos de alimentos– para millones de necesitados entre EE.UU. y España. Al mismo tiempo, diferentes plagas llevan al abismo la alimentación de cientos de millones de personas en África.

La situación hasta el momento es ejemplar por lo que respecta a la industria española, uno de los puntales geopolíticos del país a nivel internacional. Apuntemos algunos datos: Almería es capaz de alimentar de forma saludable durante nueve meses del año a 500 millones de habitantes de la Unión Europea; España es la cuarta potencia mundial en la producción de carne de cerdo y Mercamadrid es el mercado de distribución de alimentos más importante de España, el más grande de Europa para carne y la segunda lonja de pescado del mundo, por detrás de Tokio.

La producción local de alimentos es un signo de sostenibilidad. Actualmente menos del 30% de la población mundial puede satisfacer su demanda dentro de un radio de 100 km. Es por ello que animamos a la arquitectura y sus escuelas a que trabajen en la reconfiguración geopolítica de las tensiones entre el campo y la ciudad, que diseñen y construyan, sin intermediarios, físicamente y digitalmente, las redes que llevan la comida del huerto al plato. Aprendan en todas las escalas: desde los materiales y sistemas constructivos del invernadero, descontextualizados por Lacaton & Vassal en sus viviendas, a laboratorios como Sociopolis –un proyecto para un hábitat solitario en la frontera entre ciudad y campo–, o nuevos modelos de producción en la ciudad como el proyecto Future Farms de UN Studio. Propuestas donde se pongan de manifiesto los retos de la ciudad que podría venir, un modelo de economía circular que una sector primario, secundario y terciario y que produzca los recursos para conseguir una ciudad autónoma partiendo de la soberanía alimentaria. Por último, quedaría el campo de batalla de todo el sistema: la energía, el diseño y las regulaciones del last mile (robots, delivery, últimos 15 metros) y la gig economy, el turismo (Airbnb), las nuevas formas de urbanismo y ocio con la separación social, o el diseño de la nueva ciudad 4D para el transporte con drones autónomos, etc.

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A la izquierda: Maison Coutras – Lacaton & Vassal, 2000. A la derecha: Future Farms – UN Studio, 2016

Salud, hospitales y residencias

En el siglo XVIII surge la sociedad como medio del bienestar físico, buena salud y longevidad. El urbanismo de la salud se centra en los focos privilegiados de las enfermedades –de las ciudades, de ahí el déficit en lo rural– y sobre ellos activa diferentes protocolos, emergiendo el modelo de hospital que conocemos hoy y que es la invención tecnológica en el orden del poder, base para crear el modelo panóptico. El coronavirus ha puesto el foco en la crisis de ese modelo y tipología: el hospital, la cárcel y la residencia, pero también el entierro. Quizás es un buen momento para pensar y rediseñar el modelo y la ceremonia.

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A la izquierda, Hospital de sangre instalado en el Frontón Recoletos por iniciativa del Ateneo Libertario de Delicias, 1937. A la derecha, Hospital IFEMA, 2020

«El hospital es más un foco de muerte para las ciudades en donde está situado que un agente terapéutico para toda la población, es una mancha sombría en el espacio urbano», escribía Michel Foucault. En los últimos días hemos visto cómo los hospitales han salido y ocupado la ciudad con cientos de tipologías efímeras o formatos prefabricados: un catálogo de islas de enfermedad del siglo XX con evidente margen de mejora. Esa presencia física, sin embargo, deberá tender a desaparecer o diluirse en la deshospitalización de la ciudad, y poseer un reverso digital a través de la telemedicina en todas sus variantes. Aplicaciones como Trace Together –donde se localizan los casos pero también se siguen las líneas de contagio y se puede llegar a predecir urbanísticamente la pandemia delimitando las áreas de contacto–, ayudarán a «purificar» el espacio público y la tipología sanitaria.

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Trace Together – Singapur a la izquierda, Corona Map – Corea del Sur a la derecha, 2020

Por otro lado, alrededor del 50% de los fallecimientos por coronavirus en Francia, Italia, España, UK, Irlanda y Bélgica se han producido en las residencias de mayores. Una tormenta perfecta donde la arquitectura y la gestión a todas las escalas han sido catastróficas. Un nuevo modelo debe surgir en planta, pero también en contenido, gestión y concepto de rentabilidad. Probablemente un panoptismotecnológico y digital de servicio, unido a la necesidad de crear comunidades autónomas dispersas y conectadas a la vez, para ser protegidas en momentos de excepción. Un modelo que tome como punto de partida el proyecto Regen Villages de EFFEKT: una ecovilla de muchos espacios archipiélago, regenerativa y resiliente fuera del grid, autónoma y con tecnologías para reconectar naturaleza, consumo y producción.

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Regen Villages, proyecto realizado por EFFEKT para crear una ecovilla regenerativa y resiliente fuera del grid, autónoma y con tecnologías para reconectar naturaleza consumo y producción, 2020

Vivienda

Cuando Le Corbusier llegó en barco a Nueva York, el fordismo era una realidad que ya lo bañaba todo mientras la industrialización y el marketing empezaban a llegar a la vivienda. Después de la II Guerra Mundial, pasó a ser el eje principal de la arquitectura durante el resto del siglo. Actualmente, más de 2.000 millones de personas en el mundo no tienen un espacio para vivir en condiciones mínimas de higiene y salud, 40.000 de ellas en España. Y de los que lo tienen en nuestro país, 4,5 millones viven en casas de menos de 60 metros cuadrados y el 5% no tiene luz natural. Con estas cifras en aumento exponencial por la situación actual, y la huida y explosión de la burbuja inmobiliaria por los propios fondos, parece un buen momento para girar el enfoque del mercado y recuperar el espíritu de los CIAM para embarcarse en un nuevo Patris, quizá hasta proponer una Carta de Atenas del siglo XXI.  ¿Hay algún nombre mejor que el del barco UNSC Comfort?

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Regen Villages, proyecto realizado por EFFEKT para crear una ecovilla regenerativa y resiliente fuera del grid, autónoma y con tecnologías para reconectar naturaleza consumo y producción, 2020

Hacia una nueva arquitectura confortable

La palabra confort se construyó durante el siglo XX en paralelo a la definición de vivienda que hoy conocemos. El debate entre el universalismo tecnocrático del propio Le Corbusier, Banham o Fuller y el regionalismo climático de Taut o Erskine sigue existiendo, y el coronavirus lo inflama gracias a unos ratones que en ambientes de entre el 40% y 60% de humedad relativa transmiten en menor medida la enfermedad y con una humedad relativa del 50% la eliminan mejor y generan respuestas inmunes más resistentes. Intuíamos que Decosterd & Rahm tenían razón cuando proponían ese diálogo entre usuario y ambiente a través del aire (clima y energía) como nuevo material necesario para dar forma a la arquitectura; ahora que lo confirmamos, hay que replantearse la sostenibilidad y arquitectura ambiental de la casa y de la ciudad desde esta ciencia.

“La casa del futuro no será una, sino muchas”

El proyecto de vivienda autónoma y productiva se desarrolló como suma de la crisis nuclear y la crisis energética. Es posible encontrar algunos de esos modelos alternativos construidos, proyectos sociales con raíces en la ecología y la sostenibilidad de los ecosistemas con un alto grado de tecnificación. Recuperar y conectar esos laboratorios —documentados por Nancy Jack Todd o Stewart Brand— así como revisar lo vernáculo mediante el nuevo paradigma de la casa productiva servirán de guía para las nuevas generaciones.

La casa del futuro podría basarse en los ejemplos anteriores y por lo tanto no será una, sino muchas: el tiempo será el espacio, el espacio, clima, y el clima, ecosistema. La casa será laboratorio que tendrá actividades programadas para ser puntos de encuentros entre tecnología, subsistencia y producción (energética y alimentaria), que será estructura y a su vez otra cosa: circular en la construcción y los residuos, independiente y autónoma. Seremos prosumidores en espacios de confort compartido con varias capas de significado y conexión.

A la izquierda, jardín de invierno de Matilde Bonaparte, 1857. A la derecha, Pabellón de Japón en la Bienal de Venecia por Junhia Ishigami, 2008

Objeto

La arquitectura moderna fundamentó una de sus patas sobre el diseño de mobiliario. El ejemplo de la silla tubular, su repercusión en la historia con más de 2.000 modelos y la lucha por la autoría entre Mart Stam, Marcel Breuer y Mies Van der Rohe es paradigmático. Pelearon por un diseño y una tecnología que no les pertenecía ya que procedía de los asientos de un coche Tatra de 1926.

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Asiento de Tatra, 1926. Prototipo de Mart Stam, Marcel Breuer y Mies Van der Rohe, 1927

Actualmente, la fabricación digital ha dado la vuelta a esa ecuación provocando cambios sistémicos en la arquitectura y el mundo del diseño gracias a tecnologías compartidas que pueden generar un catálogo infinito de diseños de código abierto fabricados en un sistema en red que ha dado respuesta inmediata en esta crisis, a la espera de homologaciones.

El diseño y la producción en tiempo real de respiradores, desinfectantes, EPI, habitaciones, cocinas, restaurantes, hospitales y ciudades demuestra y confirma que el liderazgo en la innovación es resolver problemas complejos con soluciones elegantes para una nueva forma de vida.

A la izquierda robot ultravioleta para desinfección de UVD Robots; China. En el centro ventilador de bajo coste del MIT para el gobierno de EE:UU. A la derecha, máscara de Tokujin Yoshioka hecha a mano en tres pasos, Japón

Quizás el nuevo Le Corbusier tampoco baje de un barco academizado en Nueva York, sino de una nube siendo maker. Hacemos escala en este crucero por el archipiélago coronavirus, hemos empezado a cartografiar un territorio que se va a reconfigurar en su noción jurídica, política y urbanística por el ataque de la enfermedad. La salud volverá a la sociedad y esta deberá rediseñar sus relaciones tipológicas con la alta y baja densidad, creando nuevas escalas y espacios intermedios entre la brecha física y digital, entre el hospital y la vivienda. Esos ambientes serán clima y ecosistema, y los objetos de código abierto responderán a los objetivos de desarrollo sostenible creando impacto inmediato en el propio territorio, de manera circular. A partir de ahora, como diría Le Corbusier, los arquitectos tienen la palabra.

Fuente: https://ethic.es/2020/05/hacia-una-arquitectura-del-coronavirus/

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Arquitectura

¿Conglomeraciones en el futuro o dispersión de ciudadanos?

Hace una semana, si, literalmente hace una semana me encontraba un domingo en el patio de mi casa sentado en la silla de madera de mi hijo, aguardando en mi cabeza que todo esto de la cuarentena pasara pronto. Hay momentos donde reflexiono, como muchos de nosotros, sobre esto de estar resguardados. No me pongo en modo optimista pensando en tener una respuesta 100% satisfactoria en el próximo anuncio presidencial, todo lo contrario. Eso me permite no ponerme ansioso cada 14 días cuando se vuelven a anunciar nuevas medidas de flexibilizaciones.

Lo cierto es que, uno piensa ¿Qué será de esto luego? ¿Qué cambios traerá aparejados? ¿Cómo será mi trabajo? ¿Qué haremos? ¿Cómo serán las relaciones, los acercamientos, las convivencias, etc.? Son cuestiones que desde la sociedad y las profesiones se analizan y se estudian para dar respuesta a un futuro, que a pesar de ser impredecible ya está marcando pautas sobre esta vorágine de cambios que vienen para quedarse.

Ciertos aspectos importantes empiezan a sonar en el mundo de la arquitectura. Son aspectos que nos importa comprender a todos como ciudadanos. Principalmente, cuando se habla del costo de la construcción y la relevante decisión acerca de dónde viviremos.

Expertos en materia inmobiliaria aseguran que el costo de las viviendas seguirá aumentando porque hay un número limitado de espacio en las ciudades. Esto no suena nada descabellado ya que como personas que habitamos en este hermoso mundo, sabemos que a medida que nos acercamos a las conglomeraciones, los precios de las “propiedades” aumentan. Ya en los comienzos de la era digital empezó a sonar cada vez más fuerte el hecho de que en nuestro planeta todo lo que se encuentra disponible se puede replicar para su venta, todo menos las porciones de tierra, razón por la cual toda esta idea conocida viene desarrollándose desde hace décadas y todos somos conscientes de esta regla lógica.

Con todo esto, es importante considerar que los principales motivos del alto costo de la vivienda en las ciudades -su ubicación- desaparecerá en los próximos años debido a factores estrechamente vinculantes como los autos compartidos -ni hablar mas delante de los que se manejaran solos- y el trabajo a distancia por internet, que ya hoy está dando pasos agigantados en respuesta a una necesidad generada por la Pandemia.

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Como dijimos, el costo de una propiedad depende estrechamente de varios factores. Es así, que estar cerca de todo el servicio céntrico da más beneficios que vivir a 30 km de él. ¿Qué es lo que hace subir los precios de las propiedades? ¿Por qué un departamento en Salta Capital puede llegar a valer millones de pesos y otro del mismo tamaño en las afueras de San Luis vale menos? La respuesta es muy simple: por sus respectivas ubicaciones. La gente está dispuesta a pagar mucho más por el privilegio de estar cerca de su trabajo y no tener que lidiar con el tráfico. Ni hablar si a todo esto le sumamos la cercanía a espacios recreativos, escuelas, universidades, etc. Pero todo esto cambiara a medida que el home office empiece a contemplarse y a dar mayores respuestas aún a las demandas. La tecnología de la conexión está dando pasos agigantados en esta cuarentena, pasos que, de no haberse dado la pandemia, hubiera demorado un poco más. Esto permitirá en un breve tiempo que más gente se vaya a vivir a suburbios más alejados de las ciudades y los precios de las viviendas bajaran. La realidad virtual hará mas irrelevante la ubicación de nuestra vivienda. Si puedes interactuar con tus compañeros de trabajo mediante visores de realidad virtual ¿Por qué no trabajar desde casa? Finalmente, los costos de proyectar construcciones se abaratarán mucho gracias a las impresoras 3D y los robots que, en un futuro, realizarán gran parte del trabajo de construcción.

En transporte, el segundo rubro en que gastamos la mayor parte de nuestros ingresos en la actualidad, los costos ya se están reduciendo enormemente con fenómenos como Uber y otras aplicaciones que ofrecen taxis privados a menor costo. La dependencia del auto personal empezara a dejar de ser una necesidad. Imagínense que en algún momento, el costo del transporte se desplomara, todos los costos relacionados que desaparecerán: el seguro, las reparaciones, patente, estacionamientos, multas, gasolina. Aseguran que el costo de viajar en auto será de 5 a 10 veces más barato que tener auto propio. (Peter Diamandis, “Why the cost of living is poised to plummet in the next 20 years”).

Miremos a nuestro alrededor: ¿acaso hoy las aplicaciones de celular no están facilitando nuestras gestiones de pago de servicios y compras de productos, entre otras cosas? Las respuestas a muchas de nuestras demandas, las tenemos al alcance de nuestra mano. ¿Es descabellado pensar, que a la larga los bancos físicos desaparecerán? ¿O que se reducirán sus sucursales? La tecnología nos está facilitando la vida en muchos aspectos. El desplazamiento de las grandes urbes está dando alivio al tránsito, la contaminación y las aglomeraciones de gente. Son respuestas que, en tiempos de pandemia, solucionan muchas cuestiones básicas. Por supuesto que a esta máquina le falta aceitarse mucho más, pero estamos ante un cambio, uno del cual podemos dar fe, se empezara a vislumbrar y concretar en muy poco tiempo.

Por Juan Marcuzzi – Arquitecto                                10/05/2020

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Arquitectura

¿Qué es BIM y por qué debería importarnos?

Estamos en el siglo 21 y siempre pensamos que todo lo que se viene es meramente un avance en tecnología que nos simplificara la vida en algún aspecto. El televisor más grande, más moderno, un celular que tenga una cámara que permita tener fotos en la mejor resolución, efecto desenfocado, o impresoras 3D que nos impriman todo objeto que nos falte en algún momento en nuestros hogares, con cepillos de dientes, vasos, jarrones, etc.

Estamos pendientes de todo estos “gadgets” y en materia de viviendas también se está empezando a manifestar una revolución que tenemos que considerar importante.

BIM, por sus siglas en ingles “BIM (Building Information Modeling) es una metodología que permite crear simulaciones digitales de diseño, manejando coordinadamente toda la información que conlleva un proyecto de arquitectura. Desde la recolección de información datos iniciales de un cliente, pasando por su mantenimiento en vida y hasta su demolición.

Este sistema de datos incorpora el 4D (tiempo) y 5D (costos), permitiendo gestionar la información de manera inteligente durante todo el ciclo de vida de un proyecto, automatizando procesos de programación, diseño conceptual, diseño detallado, análisis, documentación, fabricación, logística de construcción, operación y mantenimiento, renovación y/o demolición.

En cualquier proyecto de diseño y construcción existen infinitos participantes, existen infinitas interacciones entre partes. Los proyectos son multidisciplinarios e incluyen información que no todos manejan. Entonces, nos empezamos a preguntar ¿quién es responsable de qué en cada proyecto? ¿hasta dónde llega la responsabilidad de cada actor interviniente? BIM permite ordenar la complejidad de este proceso. Los proveedores también juegan una parte fundamental dentro de esta constelación de actores, ya que con ellos estamos en constante relación para definir con qué se va a construir el proyecto, y esa relación es diaria.

BIM permite el trabajo en conjunto de arquitectos, clientes, constructores, ingenieros y otros actores relevantes en un sólo proceso inteligente y compartido.

“Pero espera un segundo, aquí me estas explicando que es esto y todavía no entiendo porque debería importarme”- seguro pensaremos algo así.

Lo cierto es que durante mucho tiempo el arquitecto fue considerado como una “entidad” que resuelve en un papel todo el Proyecto y pagamos por ello luego de tener los planos requeridos. Lo cierto es que muchas veces los profesionales pecamos de querer resolver todo capricho que se nos presenta y no terminamos de resolver de la forma más eficiente lo que se nos presenta ante nuestro escritorio.

La metodología de trabajo que se nos presenta hace que en una mesa se sienten todos los actores intervinientes y empiecen a dar sus opiniones profesionales para resolver cuestiones fundamentales del proyecto. La tecnología viene de la mano con ello y nos permite tener un análisis mucho más exhaustivo de lo que queremos lograr en menor tiempo.

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Es decir que un trabajo bien realizado permitirá saber el costo real, la cantidad de desperdicio (debería ser mínima), los tiempos, responsabilidades y mantenimiento del mismo durante su vida útil hasta que se demuela. Ya que hasta hace un par de años el rol del arquitecto desaparecía una vez construido el proyecto, ahora se le hace un seguimiento donde se puede detectar muchas cosas como el mantenimiento necesario en fachadas más desfavorables por acción climática.

Frente a todo lo que se viene, esta metodología de trabajo puede resolver cuestiones como:

  • Ahorro de tiempo.
  • La detección temprana de problemas (muchas veces se resuelven en obra cuestiones que no estaban contempladas y que pueden llegar a ser costosas).
  • Facilidades de uso y mantenimiento del edificio relacionadas con la información contenida en el modelo.
  • Posibilidades visuales para la comercialización del edificio.
  • Datos incluidos en el modelo para otros propósitos, por ejemplo, ambientales.
  • Mayor facilidad para tomar decisiones a la hora de hacer o no una inversión.
  • Planificar de manera temprana todo lo relacionado con mobiliario y equipamiento.

Ya se empieza a advertir con todo esto que el camino empieza a allanarse para que el cliente sea participe de todo lo que sucede. Uno deja de ser un jurado que opine si lo que recibe es bonito o no. uno toma cartas en el asunto y se ve envuelto en muchas cuestiones que hace el Proyecto tome vida a través de la participación del equipo multidisciplinario.

¿esto quiere decir entonces que tengo que entender todo lo que se plantea en las reuniones? ¿tengo que hacerme un conocedor de las formas de construir y de resolver cosas? Absolutamente no. las reuniones se hacen de diferentes formas y con diferentes actores, pero como clientes no tenemos que estar en la reunión donde el contratista se junta con el cliente para resolver que manera es más económica unir los cabios del techo. 

El dinamismo y complemento de un equipo hace que para el arquitecto la resolución del Proyecto “mellizo” en la computadora sea una fiel copia a lo que se materializara en obra, pero con todos los detalles y documentaciones ejecutivas necesarias que harán que el contratista entienda lo que está haciendo.

Es decir que esta tecnología es un combo que, dependiendo la etapa de actuación, brindara soluciones específicas a quien las necesite. Desde el cliente, pasando por el electricista, el contratista, el paisajista, el fontanero, el pintor, etc.

Es importante comprender que si de proyectos que requieren mucha inversión siempre se pregunte si trabajan con metodología BIM. Y desde esa pregunta se analice que factores se desea contemplar para analizar, es un ida y vuelta, un análisis que se realizara con el equipo de arquitectura para realizar proyectos y se vea su viabilidad. Es común entender en este contexto que por cada UD$1 que se invierte en las primeras etapas de diseño, en el Proyecto se ahorra cerca de UD$75. Es decir que a grandes rasgos es una forma de proteger nuestra futura inversión.

Por Juan Marcuzzi – Arquitecto

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