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Cultura

Michel Foucault: la parrhesía y el coraje de la verdad

Michel Foucault en su obra “El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II”, curso que dictó en el Collége de France entre 1983 y 1984, estudia las relaciones entre sujeto y verdad en la Antigüedad, en el periodo que se extiende desde la Grecia clásica hasta lo que se denomina Antigüedad tardía o comienzos del cristianismo.

El autor francés, al inicio de su obra advierte que estudiará el decir franco, veraz, pero aclara que no analizará lo específico de las estructura de los discursos que se dan y reciben como discurso veraz, es decir, un análisis epistemológico que explique lo que hace posible un conocimiento verdadero; sino sus condiciones y sus formas, el tipo de acto mediante el cual el sujeto, al decir la verdad, se manifiesta, representa a sí mismo y es reconocido por los otros como alguien que dice la verdad. Esto es el estudio de las formas aletúrgicas.

Bajo estas condiciones Foucault aborda este decir franco como parrhesía. Observa que la palabra parrhesía aparece por primera vez en la literatura griega en los textos de Eurípides. Asimismo, que etimológicamente denota alguien, el parresiasta, que dice todo lo que tiene en mente, no oculta nada sino que abre su corazón y su mente a otras personas mediante el discurso. En la parresia se supone que el hablante da cuenta completa y exactamente de lo que tiene en mente y por eso la audiencia está en condiciones de comprender exactamente que piensa el que habla. La palabra parrhesía entonces, se refiere a un tipo de relación entre quien habla y lo que dice.

Sin embargo, Foucault repara que el término se usa en dos sentidos: el peyorativo y el positivo. De acuerdo al primero, se asimilaría la parrhesía a la charlatanería, en este sentido el parresiasta es aquel que dice todo lo que se le pasa por la cabeza sin remitirse a un principio de razón o verdad. Este es el decir falaz de los demagogos, que saben que sus palabras no son ciertas, pero que las utilizan para alagar los oídos del pueblo y ganar su confianza. Lo que hace es persuadir, entusiasmar a los oyentes, imponer una decisión, pero no por decir la verdad, se vale de la adulación y la ignorancia de los hechos sobre los que se hablan.

Con respecto al segundo, significa netamente decir verdad. Como bien señala el autor francés:

“(…) la palabra parrhesía también se emplea con un valor positivo, y en este caso consiste en decir la verdad sin disimulación, ni reserva, ni cláusula de estilo, ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla. A la sazón, el “decirlo todo” es: decir la verdad sin ocultar ninguno de sus aspectos, sin esconderla con nada” (Foucault M.; 2010; pp. 29).

Foucault, centrándose en el sentido positivo de parrhesía, menciona que esta se caracteriza por la intención del sujeto que habla de decir la verdad, lo relevante en la parrhesía no es la verdad del discurso, sino el compromiso del sujeto con esta verdad, es decir, su franqueza. Se establece un vínculo entre el sujeto que toma la palabra y la verdad que enuncia. Del mismo modo, la verdad de la parrhesía no es inofensiva, supone un riesgo para quien la enuncia, puede decirse que alguien emplea la parrhesía y merece consideración como parresiastés solo si decir la verdad entraña un peligro o un riesgo pare él o para ella. Además, el parresiasta está siempre en relación de inferioridad respecto a aquel a quien su verdad afecta, por tanto, al hablar se expone, se hace vulnerable. Tomar la palabra en esta situación puede tener un coste y el parresiasta está dispuesto a pagar con su vida el precio de su verdad. Asimismo, la parrhesía se caracteriza por el compromiso subjetivo con la verdad, exige un determinado coraje, una fortaleza de ánimo, sin la cual sería impracticable. El compromiso de decir la verdad, una verdad que puede encender la cólera de quien escucha, por lo que implica valentía.

La parrhesía desde el contexto político, menciona Foucault, tiene como principal figura a Demóstenes y se refiere al decir veraz o veridicción que se lleva a cabo en la institución política, arenga a las masas, se enfrenta a tiranos, pretende cambiar normas, es decir, es la manifestación de alguien que siendo capaz de decir la verdad se pone de pie ante la asamblea y expresa a la gente lo que tiene que hacer. En síntesis, consiste en el coraje del decir veraz dirigido hacia los demás, a la asamblea, hacia la salvación de los ciudadanos de la polis.

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Por último, teniendo en cuenta el contexto político actual ¿Qué tipo de parrhesía es constantemente expresada por los funcionarios públicos? ¿Será posible hallar un Demóstenes en la actualidad?

Por Bruno Leonardo Ponferrada — 03/10/21

Fuentes:

Foucault M. (2010); El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros II. Curso en el Collége de France (1983- 1984); Ed. Fondo de Cultura Económica; 1o ed.; Argentina, Buenos Aires. Recuperado de:

https://monoskop.org/images/4/46/Foucault_Michel_El_coraje_de_la_verdad.pdf

Malo Echeverri S. (2019); El coraje de la verdad en Michel Foucault: otro modo crítico y específico de ser, (im) pensar, decir y vivir; Ed. Universidad Santo Tomas; Colombia, Tunja. Recuperado de:

https://repository.usta.edu.co/handle/11634/30271

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Cultura

La sociedad actual y el fenómeno de la posverdad

Se comprende por sociedad actual aquella que tiene sus inicios en los albores del siglo XXI, las dos décadas que han transcurrido de este siglo. Una sociedad marcada por el cambio climático, avances tecnológicos, cambios geopolíticos provocados por el nuevo protagonismo de China en la política internacional, pandemias, nuevas forma de relaciones interpersonales facilitadas por la tecnología, globalización, movimientos feministas, LGBTQ, etc. Entre todos estos sucesos, también se encuentra el fenómeno de la posverdad.

La idea de posverdad no es exclusiva de este siglo, dado que la formuló Steve Tesich en 1992 para significar que la sociedad, en los tiempos del affaire Irán-Contra, había decidido vivir en un tiempo posterior a la verdad y, por tanto, ajeno a ella (Cfr. Federico Aznar Fernández- Montesinos, 2018; pp. 50). Luego en 2004, Ralph Keyes publicó el libro “La era de la posverdad: deshonestidad y decepción en la vida contemporánea”, contribuyendo a su definitiva instalación. En este libro Keyes explica las características de la posverdad como fenómeno global y expone que en ella las fronteras entre la verdad y la mentira, entre la honradez y la falta de ella, la ficción y la no ficción se confunden (Cfr. Técuatl Quechol M., 2018; pp. 47). Unos años después, en el 2016, es elegida por el Diccionario de Oxford como la palabra del año, ya que este registró un aumento en su frecuencia de búsqueda en el contexto del referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El diccionario indica que la palabra denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que las apelaciones a la emoción y a la creencia personal. De forma que, la emoción y las creencias personales predominan en la configuración de la opinión pública, sobre los hechos objetivos.

Por consiguiente, es posible inferir que el fenómeno de posverdad se sostiene en lo emocional y las creencias compartidas que no tienen fundamento objetivo y racional, e incluso van contra estos. Se privilegia aquello que se escucha, lee o se ve y que concuerda con la postura en la que se cree. Por lo que el fenómeno de la posverdad, no causa que lo subjetivo prime sobre lo objetivo, sino que es el efecto de prácticas orientadas a que esto se produzca y sobre las que el fenómeno se construye.

Estas prácticas eclosionaron en la sociedad actual dentro del campo político, como bien lo indica el Diccionario de Oxford. Respecto a esto, Técuatl Quechol señala (Cfr. Ídem. pp. 49), citando a Zarzalejos, que en la política la mentira o la media verdad siempre han sido recursos manejados con desenvoltura, pero en la actualidad, la respuesta al estatus quo político y económico ha introducido elementos sentimentales, emotivos en sus mensajes falsos dotándolos de una fuerza arrasadora. Siendo el Brexit y la elección de Donald Trump un claro ejemplo de esto.

Asimismo, la posverdad se manifiesta en las prácticas publicitarias, en las empresas, el sector financiero, entre otros. Sin embargo, hay una serie de prácticas que han masificado la posverdad, haciéndola un fenómeno transversal a toda la sociedad. Estas son las prácticas que se generan a partir de las tecnologías de información y comunicación (Cfr. Ídem. pp. 49). Estas tecnologías, caracterizadas por la accesibilidad, inmediatez, velocidad, volumen, multiformatos y diversos contenidos informativos, han posibilitado una forma distinta de producir información, la de carácter digital. Esta forma de producción no se limita a un solo sector de la sociedad o a un espacio geográfico determinado. Sino que se masifica inmediatamente en toda la sociedad de manera internacional. De allí, que se tenga información, en cuestión de minutos, en Sur América sobre un suceso que acaba de ocurrir en Japón.

Pero es aquí, en donde se plantea el fenómeno de posverdad, sobre si ese suceso, sobre el que se informa, responde realmente a hechos objetivos o responde a intereses netamente subjetivos.

En esta masificación inmediata de la información, las redes sociales son el factor clave para que esto se produzca. Dado que posibilitan una plataforma de usuarios interconectados de manera instantánea en todo el mundo, la cual crece progresivamente. Así también, debido a que las redes sociales se configuran como el medio por el cual se entablan amistades, la información que se transmite a través de ella no responde necesariamente a un apego de la verdad, sino que se somete a las emociones. Técuatl Quechol afirma (Cfr. Ídem. pp. 50) que se magnifica la inmediatez antes que ponderar la verificación de los hechos, de los datos, de la información. Esta aceptación inmediata de lo que corre en redes sociales dificulta reconocer lo falso de lo verdadero, aquello que se apega a lo objetivo.

Técuatl Quechol menciona (Cfr. Ídem. pp. 50), citando en este caso a Berger, seis aspectos que hacen que una información se mencione se comparta y se imite hasta el contagio:

Moneda social. Lo que se habla influye en la percepción que los otros tienen de uno. Es una moneda social saber cosas y hacer que la gente parezca ingeniosa conocedora, interesante o informada.

Disparadores. Son estímulos que llevan a pensar en cosas relacionadas. Emoción. Consiste en crear mensajes e ideas que hagan que la gente sienta algo.

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Publico. Consiste en hacer visible las ideas o productos propios e involucrar a otros en la conducta que se desea.

Valor práctico. Cosiste en crear contenidos que ahorren, mejoren o parezcan útiles. Historias. La gente no solo comparte información, cuenta historias.

A esto hay que añadir la actividad del influencer, aquel que comparte lo que hace, lo que le gusta, lo que lee, lo que usa. Revelando información sobre actitudes y experiencias personales que lo gratifican y que son objeto de transmisión inmediata.

Con base en esto, se puede advertir que el fenómeno de posverdad se construye a partir de prácticas que transmiten información que se apega a aspectos subjetivos más que objetivos, esto significa, prácticas orientadas a empatizar con la opinión pública. Como resultado, los hechos, la realidad, acaban siendo menos relevantes en la conformación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones o las creencias, siendo su principal medio de masificación las redes sociales.

Por Bruno Leandro Ponferrada —- 26/09/21

Fuentes:

Federico Aznar Fernández-Montesinos (2018); El mundo de la posverdad. Cuadernos de estrategia, No. 197, (Ejemplar dedicado a: La posverdad. Seguridad y Defensa), págs. 21-82. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6518645

Oxford Languajes; https://languages.oup.com/word-of-the-year/2016/

Técuatl Quechol M. (2018); La información: entre la verdad y la posverdad, en La posverdad y las noticias falsas (Morales E. coordinadora); Ed. UNAM; Ciudad de México, pp. 47. Recuperado de: https://libgen.is/book/index.php?md5=63F210DD73A57078A5D8CF2B2D554648

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Cultura

Normas y autoridad en Joseph Raz: las razones excluyentes

El filósofo israelí Joseph Raz, especialista en derecho, ética y política, en su obra “Razón Práctica y Normas” (Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid) sitúa su estudio dentro del campo de la filosofía práctica o de la razón práctica. Esta filosofía incluye en su abordaje, por un lado, una parte sustantiva o evaluativa, que indica qué valores se deben seguir, qué razones deben guiar la conducta, qué normas son obligatorias, etc. Por otro lado, una parte formal o conceptual que contribuye a la clarificación lógica de los conceptos como valor, razones para la acción o norma, y a la especificación de la naturaleza de las reglas de inferencia que gobiernan el razonamiento práctico; aquel razonamiento a través del cual se determinan las acciones a realizar (Cfr. Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México; pp. 224). Con base en esto, es posible especificar que el estudio de Raz aborda lo formal o conceptual de la filosofía práctica. Brindando especial interés, como indica el título de la obra, a la relación de los conceptos de razón práctica y normas.

Ahora bien, el presente artículo se enfoca en los conceptos de norma y de autoridad que propone Raz en la obra citada anteriormente, así como de la relación entre ambos. Esto con la intención, en un primer momento, de identificar y elucidar el sentido que Raz asigna a cada concepto; y, en un segundo momento, aquello que permite, según el autor, que dichos conceptos se relacionen.

Para comenzar, con respecto al sentido que Raz trata a cada concepto, se debe señalar que este afirma que la norma de mandato debe ser entendida como una razón excluyente:

Al tratar de explicar la naturaleza de las normas de mandato, he sugerido que éstas han de entenderse como razones excluyentes. (Raz J.; Razón Práctica y Normas; pp. 70)

Esto significa que la norma de mandato, de manera general, consiste en una razón para la acción, es decir, un motivo por el cual el sujeto realiza determinada conducta. Al identificar este sentido general del concepto de norma, se puede seguir profundizando en este e indicar que Raz clasifica a la razón para la acción en dos tipos: las de primer y segundo orden (Cfr. ídem. pp. 40-41). Por razones de primer orden entiende las consideraciones personales para actuar, como deseo, preferencias, intereses etc. (Cfr. ídem. 42-43). Las de segundo orden, considera que son toda razón para actuar o para abstenerse de actuar por una razón; por lo que son excluyentes, autoritativas y legales, al mismo tiempo que son dadas por una autoridad como directrices de conducta con el fin de que sean cumplidas (Cfr. ídem. pp. 44-46).

De este modo, se tiene un sentido más específico sobre lo que quiere afirmar Raz al referirse a las normas de mandato como razones excluyentes. Ya que, se puede decir que al ser excluyentes son razones para la acción de segundo orden, esto es, la combinación del acto que el sujeto se comprometió a llevar a cabo, o el ordenado por la regla, y una razón para no actuar por otras razones. Como bien menciona Joseph Raz:

Una razón de segundo orden es toda razón para actuar por una razón o para abstenerse de actuar por una razón. Una razón excluyente es una razón de segundo orden para abstenerse de actuar por alguna razón (ídem. pp.44).

En función a esto, se puede inferir que el sentido que Raz postula del concepto de norma de mandato radica en el de razón excluyente, dado que este le permite explicar que la norma de mandato es la conjunción del acto a realizar por una orden y una razón para abstenerse de actuar por otras razones.

Ya identificado el sentido de norma de mandato, se puede proceder al de autoridad. Raz es claro al referirse a esta, afirma:

Las normas dictadas por una autoridad son otro tipo importante de normas. Su análisis es parte integrante de la explicación de la naturaleza de la autoridad, al menos de la autoridad práctica (que ha de distinguirse de la autoridad teórica, del tipo de una autoridad científica). (ídem. pp. 71)

Como es posible observar, Raz hace una distinción entre autoridad teórica y práctica. En la literatura de ciencias políticas una autoridad teórica da razones para pensar de una determinada manera o creer en la verdad de una proposición; en cambio, seguir a una autoridad práctica ofrece razones acerca de cómo actuar (Cfr. Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, pp. 45). Es en la autoridad de carácter práctico sobre la que el autor centra su estudio, siendo concreto y conciso cuando se refiere a su sentido:

Considerar que una persona posee autoridad es considerar al menos a algunas de sus órdenes u otras expresiones de sus opiniones sobre lo que debe hacerse (por ejemplo, su consejo) como instrucciones autoritativas y, por consiguiente, como razones excluyentes. (ídem. pp. 71)

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De manera que el sentido del concepto de autoridad que propone Raz es práctico, esto significa que la autoridad da razones sobre lo que deben hacer los sujetos. Pero no sólo esto, sino que para que se considere autoridad, sus mandatos, órdenes o instrucciones autoritativas deben ser estimadas como razones excluyentes, es decir, como razones para abstenerse de actuar por otras razones o lo que es lo mismo normas de mandato.

Ahora, en función del sentido de norma de mandato como razón excluyente y el de autoridad como práctica, se puede indicar que aquello que relaciona ambos conceptos es el de razón excluyente. Puesto que, el concepto de razón excluyente permite identificar el sentido práctico de las normas de mandato, como lo que requiere la realización de una acción por una razón, en abstención de otras acciones por otras razones. Al mismo tiempo que justifica el carácter práctico de la autoridad que emite las normas de mandato. Esto quiere decir que, para que la autoridad sea considerada tal tiene que ofrecer razones autoritativas, razones de segundo orden, que desplacen otras razones que hubiesen sido relevantes y suficientes para justificar un cierto tipo de acción en ausencia de la directiva. En consecuencia, la relación entre las normas de mandato y de la autoridad es directamente proporcional, ya que, la autoridad mientras más normas dicte sobre lo que debe hacerse, más será reconocida como tal.

De esta manera, se tiene que el concepto de razón excluyente es una noción central en el estudio formal del razonamiento práctico que lleva a cabo Joseph Raz en la obra en cuestión. Ya que permite identificar el sentido de norma de mandato, como una razón de acción de segundo orden. Del mismo modo que permite justificar el carácter práctico de la autoridad y relacionar, de forma directamente proporcional, a estos conceptos.

Por último, es conveniente mencionar que este artículo no agota el estudio realizado por Raz sobre estos conceptos, se podría considerar una introducción a los mismos. Por lo que, para una mayor profundización, se recomienda la lectura de la obra, en especial del capítulo 2 y el postscriptum a la segunda edición.

Por Bruno Ponferrada —– 15/08/21

Fuentes:

Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México. Recuperado de: http://dianoia.filosoficas.unam.mx/index.php/dianoia/article/view/959

Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid.

Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, 43-67. Recuperado de: https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/63987

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Cultura

Humberto Maturana y su concepto de “amor biológico”

El reconocido Dr. en biología de nacionalidad chilena Humberto Maturana, falleció a principios del 2021 a la edad de 92 años. Aunque su disciplina principal fue la biología, su trabajo intelectual, abordó campos disciplinarios diversos: política, psicología, educación, epistemología y filosofía.

Entre sus principales aportes se puede nombrar el primer registro de una célula direccional de un órgano sensorial. Trabajo que realizó junto con Jerome Lettvin, científico investigador y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y por el que fue nominado al Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1966, aunque no obtuvo dicha distinción. Asimismo, se puede indicar el concepto de “autopoiesis” que desarrolló en 1970 junto con su alumno, el destacado biólogo Francisco Varela (Cfr. Ortiz, A. (2017); El pensamiento filosófico de Humberto Maturana: La autopoiesis como fundamento de la ciencia; Revista Espacios; Vol. 38 (No 46); pp. 4). Por este concepto, teniendo en cuenta la significación etimológica de las palabras griegas autos (sí mismo) y poein (producir o crear), Maturana pretendía explicar que los seres vivos son sistemas complejos que se configuran como unidad holística organizada con su propio accionar. En este proceso autoconfigurativo se crean y se producen a sí mismos, por cuanto el ser vivo, o sea el sistema complejo, es el resultado de la acción sistémica autopoiética (Cfr. Maturana, H. & Pörksen, B. (2010); Del ser al hacer. Los orígenes de la biología del conocer; Granica, Buenos Aires; pp. 114).

Además de estos importantes aportes, Humberto Maturana llevó a cabo otros, que si bien eran de carácter interdisciplinario, la base conceptual de abordaje era la biología. Entre estos se puede destacar los conceptos e ideas que presentó en las charlas dictadas en el Centro de Estudios del Desarrollo (CED), en el curso de 1988 en Chile. Las que en 1990 fueron publicadas bajo el título: “Emociones y Lenguaje en Educación y Política” (Maturana H. (1991); Emociones y Lenguaje en Educación y Política; Ed. Hachette; 4a ed.; Chile, Santiago). En específico, lo que Maturana expone es un programa o proyecto ético fundamentado en los conceptos de lenguaje, emoción, objetividad, amor y conspiración, aplicado a los campos de la Educación y Política (Cfr. ídem. pp. 92).

Al tomar como tema central el concepto de “amor” que trabaja Maturana en esta conferencia, es necesario elucidar, en primer lugar, lo que él entiende por “emoción”. Dado que esta noción brinda el soporte biológico-conceptual a partir del cual desarrollará el concepto en cuestión.

Ahora bien, el Dr. Maturana señala que la emoción no es un sentimiento, sino una disposición biológica-corporal-dinámica que define los distintos dominios en que se mueve el sujeto. Cuando uno cambia de emoción cambia de dominio de acción; la emoción es el sustrato del comportamiento y premisa fundamental de todo sistema racional. No es la razón la que lleva a la acción sino la emoción. Más en detalle, él menciona:

Biológicamente, las emociones son disposiciones corporales que determinan o especifican dominios de acciones”. (Ídem; pp. 15)

Asimismo, indica que la emoción que hace posible la convivencia es el amor que constituye el dominio de acciones en que las interacciones recurrentes con otro hacen al otro un legítimo otro en la convivencia.

El amor es la emoción que constituye las acciones de aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia; por lo tanto, amar es abrir un espacio de interacciones recurrentes con otro en el que su presencia es legítima sin exigencias”. (Ídem; pp. 61-62)

Las interacciones recurrentes en el amor amplían y establecen la convivencia, por el contrario las interacciones recurrentes en la agresión interfieren y rompen esta convivencia.

De manera que el amor es un fenómeno biológico básico y cotidiano, constitutivo de la vida humana y fundamento de lo social, ya que sin aceptación del otro en la convivencia no hay fenómeno social. Por ello, para Maturana el amor es la emoción central en la historia evolutiva humana desde sus comienzos, puesto que toda ella acontece como una historia en la que la conservación de un modo de vida en el que el amor, la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, es una condición indispensable para el desarrollo físico, conductual, psíquico, social y espiritual normal del niño, así como para la conservación de la salud física, conductual, psíquica, social y espiritual del adulto (Cfr. ídem. pp. 23).

No obstante, el biólogo chileno considera que los seres humanos inventan discursos racionales y niegan el amor, por lo que hacen posible la negación del otro. Para Maturana, esto acontece como un fenómeno cultural que desvaloriza a lo emocional e impide al sujeto percibir el entrelazamiento cotidiano entre la razón y la emoción que constituye el vivir humano.

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Yo digo que los fenómenos sociales tienen que ver con la biología, y que la aceptación del otro no es un fenómeno cultural. Más aún, mantengo que lo cultural, en lo social, tiene que ver con la acotación o restricción de la aceptación del otro. Es en la justificación racional de los modos de convivencia donde inventamos discursos o desarrollamos argumentos que justifican la negación del otro”. (Ídem; pp. 65)

Esto significa que el fenómeno cultural estriba en la justificación racional de lo social, por lo que la razón prima por sobre la emoción impidiendo la aceptación y el reconocimiento del otro como un legítimo otro que merece respeto. En cambio, el fenómeno social, afirma Maturana, surge de lo espontáneo de la biología humana, que consiste en estar abierta a la aceptación del otro en la convivencia; dado que resulta que el ser humano es un mamífero, y como tal, es un animal que vive en la emoción. Las emociones no son oscurecimientos del entendimiento, no son restricciones de la razón; las emociones son dinámicas corporales que especifican sus dominios de acción en que el ser humano se mueve. Un cambio de emoción implica un cambio de dominio de acción. Nada ocurre, nada se hace que no esté definido como una acción de una emoción que la hace posible (Cfr. Ídem. pp. 23).

De esta manera, para el Dr. Maturana las emociones brindan el ámbito dentro del cual las personas se relacionan, y en el que se irá generando el reconocimiento del otro como un legítimo otro; siendo el amor el fenómeno biológico emocional que permite aceptar al otro en una relación de reciprocidad emocional de convivencia, dando lugar al fenómeno social.

Por último, se considera importante afirmar que se puede estar de acuerdo o disentir con la propuesta que ha presentado Humberto Maturana entorno a estos conceptos, puesto que se puede argüir que no profundiza en los aspectos psicológicos de la emoción o que deja de lado la consideración metafísica del amor. Sin embargo, esto no quita reconocer el valor epistémico del aporte que realiza desde la biología al campo de lo político-social y la educación.

Por Bruno Ponferrada – Profesor de Filosofía – Técnico en Recursos Humanos

Fuentes:

Maturana H. (1991); Emociones y Lenguaje en Educación y Política; Ed. Hachette; 4a ed.; Chile, Santiago.

Maturana, H. & Pörksen, B. (2010); Del ser al hacer. Los orígenes de la biología del conocer; Buenos Aires: Granica.

Ortiz, A. (2017); El pensamiento filosófico de Humberto Maturana: La autopoiesis como fundamento de la ciencia; Revista Espacios; Vol. 38 (No 46); Recuperado de: https://www.revistaespacios.com/a17v38n46/a17v38n46p31.pdf

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