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Cultura

La sociedad actual y el fenómeno de la posverdad

Se comprende por sociedad actual aquella que tiene sus inicios en los albores del siglo XXI, las dos décadas que han transcurrido de este siglo. Una sociedad marcada por el cambio climático, avances tecnológicos, cambios geopolíticos provocados por el nuevo protagonismo de China en la política internacional, pandemias, nuevas forma de relaciones interpersonales facilitadas por la tecnología, globalización, movimientos feministas, LGBTQ, etc. Entre todos estos sucesos, también se encuentra el fenómeno de la posverdad.

La idea de posverdad no es exclusiva de este siglo, dado que la formuló Steve Tesich en 1992 para significar que la sociedad, en los tiempos del affaire Irán-Contra, había decidido vivir en un tiempo posterior a la verdad y, por tanto, ajeno a ella (Cfr. Federico Aznar Fernández- Montesinos, 2018; pp. 50). Luego en 2004, Ralph Keyes publicó el libro “La era de la posverdad: deshonestidad y decepción en la vida contemporánea”, contribuyendo a su definitiva instalación. En este libro Keyes explica las características de la posverdad como fenómeno global y expone que en ella las fronteras entre la verdad y la mentira, entre la honradez y la falta de ella, la ficción y la no ficción se confunden (Cfr. Técuatl Quechol M., 2018; pp. 47). Unos años después, en el 2016, es elegida por el Diccionario de Oxford como la palabra del año, ya que este registró un aumento en su frecuencia de búsqueda en el contexto del referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. El diccionario indica que la palabra denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que las apelaciones a la emoción y a la creencia personal. De forma que, la emoción y las creencias personales predominan en la configuración de la opinión pública, sobre los hechos objetivos.

Por consiguiente, es posible inferir que el fenómeno de posverdad se sostiene en lo emocional y las creencias compartidas que no tienen fundamento objetivo y racional, e incluso van contra estos. Se privilegia aquello que se escucha, lee o se ve y que concuerda con la postura en la que se cree. Por lo que el fenómeno de la posverdad, no causa que lo subjetivo prime sobre lo objetivo, sino que es el efecto de prácticas orientadas a que esto se produzca y sobre las que el fenómeno se construye.

Estas prácticas eclosionaron en la sociedad actual dentro del campo político, como bien lo indica el Diccionario de Oxford. Respecto a esto, Técuatl Quechol señala (Cfr. Ídem. pp. 49), citando a Zarzalejos, que en la política la mentira o la media verdad siempre han sido recursos manejados con desenvoltura, pero en la actualidad, la respuesta al estatus quo político y económico ha introducido elementos sentimentales, emotivos en sus mensajes falsos dotándolos de una fuerza arrasadora. Siendo el Brexit y la elección de Donald Trump un claro ejemplo de esto.

Asimismo, la posverdad se manifiesta en las prácticas publicitarias, en las empresas, el sector financiero, entre otros. Sin embargo, hay una serie de prácticas que han masificado la posverdad, haciéndola un fenómeno transversal a toda la sociedad. Estas son las prácticas que se generan a partir de las tecnologías de información y comunicación (Cfr. Ídem. pp. 49). Estas tecnologías, caracterizadas por la accesibilidad, inmediatez, velocidad, volumen, multiformatos y diversos contenidos informativos, han posibilitado una forma distinta de producir información, la de carácter digital. Esta forma de producción no se limita a un solo sector de la sociedad o a un espacio geográfico determinado. Sino que se masifica inmediatamente en toda la sociedad de manera internacional. De allí, que se tenga información, en cuestión de minutos, en Sur América sobre un suceso que acaba de ocurrir en Japón.

Pero es aquí, en donde se plantea el fenómeno de posverdad, sobre si ese suceso, sobre el que se informa, responde realmente a hechos objetivos o responde a intereses netamente subjetivos.

En esta masificación inmediata de la información, las redes sociales son el factor clave para que esto se produzca. Dado que posibilitan una plataforma de usuarios interconectados de manera instantánea en todo el mundo, la cual crece progresivamente. Así también, debido a que las redes sociales se configuran como el medio por el cual se entablan amistades, la información que se transmite a través de ella no responde necesariamente a un apego de la verdad, sino que se somete a las emociones. Técuatl Quechol afirma (Cfr. Ídem. pp. 50) que se magnifica la inmediatez antes que ponderar la verificación de los hechos, de los datos, de la información. Esta aceptación inmediata de lo que corre en redes sociales dificulta reconocer lo falso de lo verdadero, aquello que se apega a lo objetivo.

Técuatl Quechol menciona (Cfr. Ídem. pp. 50), citando en este caso a Berger, seis aspectos que hacen que una información se mencione se comparta y se imite hasta el contagio:

Moneda social. Lo que se habla influye en la percepción que los otros tienen de uno. Es una moneda social saber cosas y hacer que la gente parezca ingeniosa conocedora, interesante o informada.

Disparadores. Son estímulos que llevan a pensar en cosas relacionadas. Emoción. Consiste en crear mensajes e ideas que hagan que la gente sienta algo.

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Publico. Consiste en hacer visible las ideas o productos propios e involucrar a otros en la conducta que se desea.

Valor práctico. Cosiste en crear contenidos que ahorren, mejoren o parezcan útiles. Historias. La gente no solo comparte información, cuenta historias.

A esto hay que añadir la actividad del influencer, aquel que comparte lo que hace, lo que le gusta, lo que lee, lo que usa. Revelando información sobre actitudes y experiencias personales que lo gratifican y que son objeto de transmisión inmediata.

Con base en esto, se puede advertir que el fenómeno de posverdad se construye a partir de prácticas que transmiten información que se apega a aspectos subjetivos más que objetivos, esto significa, prácticas orientadas a empatizar con la opinión pública. Como resultado, los hechos, la realidad, acaban siendo menos relevantes en la conformación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones o las creencias, siendo su principal medio de masificación las redes sociales.

Por Bruno Leandro Ponferrada —- 26/09/21

Fuentes:

Federico Aznar Fernández-Montesinos (2018); El mundo de la posverdad. Cuadernos de estrategia, No. 197, (Ejemplar dedicado a: La posverdad. Seguridad y Defensa), págs. 21-82. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6518645

Oxford Languajes; https://languages.oup.com/word-of-the-year/2016/

Técuatl Quechol M. (2018); La información: entre la verdad y la posverdad, en La posverdad y las noticias falsas (Morales E. coordinadora); Ed. UNAM; Ciudad de México, pp. 47. Recuperado de: https://libgen.is/book/index.php?md5=63F210DD73A57078A5D8CF2B2D554648

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Cultura

Byung-Chul Han y el rol de la Filosofía hoy

Byung-Chul Han es un filósofo, profesor y escritor especializado en estudios culturales de la Universidad de las Artes de Berlín, originario de Corea del Sur, actualmente con 63 años reside en Alemania y ha desempeñado gran parte de su carrera en aquel país.

Es considerado como uno de los filósofos más destacados en lo que va del siglo gracias a sus distintos trabajos que abordan problemáticas contemporáneas como el modo de producción de la riqueza, la globalización neoliberal, los excesos utilitaristas, la transparencia, entre otras grandes interrogantes de nuestro tiempo.

Su libro estrella es “La Sociedad del Cansancio” y el documental titulado “La sociedad del cansancio – Byung-Chul Han en Seúl / Berlín” de 2015 nos servirán de introducción para su pensamiento, pues en los mismos se establece que la civilización actual en los países occidentalizados está más presente que nunca en la vida de millones de personas, no sólo a partir de las manifestaciones más subterráneas como lo es la estructura económica sino también las más obvias, en Seúl, capital de Corea del Sur muchas personas viajan a distintos puntos de la ciudad socavadas sobre sí mismas en dos alternativas que son generalmente prestarle atención a su celular o prestarle atención a su propio cansancio, sufren de burnout, el “síndrome de estar quemado” reconocido como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud a partir del año 2022.

La súbita expansión del tecnocapital, del Big Data en la vida asiática y del mundo es tanto encomiable como criticable desde el punto de vista antropológico y médico pues ha generado cambios repentinos en la forma de comunicarse y consumir en esas sociedades pues la accesibilidad a la información sin ningún tipo de foco en lo que se busca termina haciendo que en el océano da datos disponibles para terminar generando sujetos ahogados, quemados ante la exposición sinsentido pues en las redes sociales tanto como en los medios de comunicación todo es importante… y a la vez nada lo es. En su libro, “Psicopolítica” publicado y traducido por la editorial Herder en el año 2014 el filósofo lo expone con una gran claridad:

“El dataísmo se muestra como un dadaísmo digital. También el dadaísmo renuncia a un entramado de sentido. Se vacía a la lengua totalmente de su sentido: «Los sucesos de la vida no tienen ni comienzo ni fin. Todo transcurre de manera idiota. Por eso todo es igual. La simplicidad se llama dadá». El dataísmo es nihilismo. Renuncia totalmente al sentido. Los datos y los números no son narrativos, sino aditivos. El sentido, por el contrario, radica en una narración. Los datos colman el vacío de sentido.”

El sistema de producción actual no es disciplinario -en términos Foucaultianos- sino seductor, nos anuncia Han, pues comprende que no hay mejor explotación que la autoexplotación trasladando el eje de responsabilidad de la estructura al sujeto, generando un solipsismo moral que no lo hace ver más allá de sí mismo lo cual inevitablemente le lleva al narcicismo.

“Yes, we can do it” y “Puedes hacerlo, porque eres tú” son las frases hiperpositivas que infestan cada rincón para tratar de darle una continuidad narrativa a la vida de las personas, pero ninguna continuidad narrativa puede surgir de un tiempo congelado, de un cuento sin final en el que se excluye a la negatividad en todas sus formas, en términos hegelianos -autor que nuestro filósofo admira mucho- la exacerbación de la tesis y el ocultamiento de la antítesis nunca da lugar finalmente a la síntesis.

Su manifestación es clara para el autor: depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno límite de la personalidad, agotamiento crónico, pornografía, exhibicionismo y transparencia generalizada, todas formas terminales del tipo de sociedad hiperutilitarista en la que vivimos, la ansiedad autorreferencial que no deja espacio a la alteridad, es este exceso de positividad del que hablamos: dos espejos que eternamente se miran el uno al otro para no poder reflejar nada más que a sí mismos.

Trasladando esta realidad un poco, poniendo los pies en la tierra y la vista en nuestros barrios podemos decir que Salta se encuentra con un pie atrás y uno adelante en comparación a muchas sociedades que estudiamos, pues en ella ha caído un maremoto colosal, el maremoto de la modernidad, dejando algunas intactas, otras cambiadas y otras inexistentes ante tal potencialidad destructiva, pues nuestras tradiciones, nuestros ritos, nuestra forma de concebir el tiempo y esa visión comunitaria que en ciertas fechas del año nos dotaba de homogeneidad hoy en día se está resquebrajando cada vez más bajo el sol de la heterogeneidad.

Este último elemento es clave para comprender el destiempo con el que parece se volverá la forma de caminar como pueblo ante los nuevos fenómenos que ocurren y que en primera instancia no les cedimos la suficiente atención, particularmente los de índole cultural que ya han penetrado densamente en el imaginario colectivo de las actuales y futuras generaciones, generado expresionalidades y visiones del mundo que en muchas familias desconciertan: el diálogo intergeneracional se complejizó mucho más de lo que creíamos en muy poco tiempo.

Nuestro autor nos da elementos analíticos para poder generar un diagnóstico adecuado a la luz de la crítica cultural, y así comprender que no tenemos que seguir aferrarnos a lo que un edificio derrumbado era sino planear su reconstrucción y en algunos casos reforzamiento y reubicación, concebir al caos como la otra cara del orden, la pregunta puntual será cuál orden, en base a cuál sentido: ¿quizá uno más horizontal qué permita representarse la pluralidad de voces ante una sociedad cada vez más heterogénea?

Finalmente, podríamos decir que la filosofía en la actualidad fue degradada a un manual de autoayuda que busca diligentemente nuestra jerarquía dentro del status quo para poder asegurarse que continuemos con nuestra función de utilidad, pero la filosofía es mucho más que eso, al decir de Nietzsche se debe filosofar a los martillazos para comprender este punto de (no) retorno que nos interpela profundamente para concebir un proyecto político que logre acompasar el tiempo a sus formas más narrativas que trasciendan la simple razón instrumental impuesta desde afuera… y ahora, también desde dentro, pues la elección está en nuestras manos: recuperar, descartar, reconstruir, pensar, filosofar.

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Por Iñiaki Morón – alumno de la carrera de Relaciones Internacionales – Ucasal —- 09/04/22

Fuentes:

Han, B. (2010). El Prometeo cansado, La violencia neuronal, Más allá de la sociedad disciplinaria, Vita Activa y La sociedad del cansancio. En La Sociedad del Cansancio (pp. 1-9, 11-24, 25-32, 41-52 y 71-90). Berlín: MSB Matthes Seitz.

Han, B. (2014). La crisis de la libertad y poder inteligente. En Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (pp 11-30). Frankfurt del Meno: S. Fischer Verlag GmbH.

Han, B. (2019). Presión para producir, Presión para ser auténtico y Ritos de cierre. En La desaparición de los rituales (pp. 5-29). Alemania: Herder Editorial, S.L.

Gresler, I. (2015). La sociedad del cansancio Byung-Chul Han en Seúl/Berlín. Documental. Accesible en: https://www.youtube.com/watch?v=USmqektkkrQ.

Morón, I. (2021). Diagnóstico de la ciudad de Salta ante las tesis de Byung-Chul Han. Trabajo final para el Posgrado en Filosofía Contemporánea: Cómo leer a Byung-Chul Han. Salta: Universidad Católica de Salta.

Geli, C. (2018). “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. 02/11/2021, de El País Sitio web: https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html.

Mavrakis, H. (2018). Quién es Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que está en boca de todos. 02/11/2021, de Infobae Sitio web: https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/02/24/quien-es-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-esta-en-boca-de-todos/.

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Siempre los clásicos: la Ilíada y la Odisea

Los temas de la literatura griega provienen de los mitos y leyendas que perduraban en el pueblo heleno desde tiempos inmemoriales. Era un mundo en el que los dioses y los héroes poblaban la tierra y sufrían como los mortales por amor, odio y orgullo.

El esplendor de la literatura griega se inicia con los dos grandes poemas épicos, la Ilíada y la Odisea, atribuidos a Homero. Su origen se remonta a los siglos VIII o IX a.C, y de su autor, al que la tradición ha considerado ciego, solo se sabe que nación en la costa griega de Asia Menor.

La Ilíada narra las últimas fases del asedio a que fue sometida la ciudad de Troya (Ilion, en griego, de ahí el título del poema) por parte de las tropas aqueas o griegas. Agamenón, jefe del ejército griego, que está sitiando Troya para recuperar a Helena, raptada pro el príncipe troyano Paris, se enfrenta con Aquiles, el mejor de sus guerreros. Aquiles, enfurecido, se retira de la batalla hasta que la muerte de su amigo Patroclo a manos de Héctor le decide a volver a la lucha para vengarle. La cólera y el dolor lo empujan a un terrible combate con Héctor, en el que los dioses intervienen a favor de ambos contendientes: Afrodita protege a los troyanos, Atena a los griegos. Finalmente, Aquiles da muerte a Héctor.

La Ilíada es un canto guerrero en el que se destaca el espíritu heroico y se exaltan los valores e ideales de la antigua aristocracia. Los guerreros del poema pertenecen a la alta nobleza, para la cual la suprema gloria es la victoria en combate y el público que escuchaba se compenetraba perfectamente con estos ideales.

Mientras que la Ilíada es un poema de heroicos guerreros, la Odisea es un poema de marineros como una novela de aventuras en torno al regreso del rey Ulises (Odiseo en griego) a su patria Ítaca, tras el incendio de Troya por las tropas griegas. La acción de la Odisea transcurre en cuarenta y un días, que sintetizan los diez años que duro el regreso de Ulises. La obra consta de tres partes que corresponden a tres núcleos temáticos y legendarios: la búsqueda de Ulises por parte de Telémaco, su hijo; la navegación del héroe y todas sus aventuras; la llegada a Ítaca y la venganza de Ulises contra los que, en su ausencia, pretendían casarse con su esposa Penélope, y arrebatarle el reino. A diferencia de Aquiles, héroe aristocrático, valiente y altivo, Ulises aparece como un hombre prudente, astuto, vencedor de las adversidades y ejemplo para todos los hombres que han de luchas en la batalla de la vida.

El mundo que presentan los poemas homéricos es, a la vez, ideal y humano. Por una parte, sigue las vicisitudes de los hombres, pero, por otra parte, la actuación de estos depende de la voluntad de los dioses que intervienen de modo decisivo en el desarrollo de los acontecimientos. Esta participación divina en los asuntos humanos entronca el poema con su origen mítico y al mismo tiempo introduce en él una reflexión sobre los límites de las actuaciones humanas.

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Por Bruno Ponferrada — 13/02/22

Fuentes:

Homero; Obras Completas; Trad. Segala y Estalella Luis, (Barcelona: Ed. Montaner y Simon, 1927). Recuperado de: http://www.traduccionliteraria.org/biblib/H/H102.pdf

Pons María; “Literatura Universal” en Enciclopedia Integral, Edit. Nieto Sacrameto, (Barcelona: Ed. Thema, 1998), pp. 648-649.

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Cultura

Una filosofía desde Latinoamérica

Hacia una filosofía inculturada

En América latina existe la tradición de preguntarse por el ser de América. Dicha tradición, se encuentra afectada por la política, la economía y la cultura.

En lo que respecta al abordaje filosófico de esa pregunta hay tres momentos importantes que marcan la conciencia cultural latinoamericana:

El primer momento es el movimiento de la filosofía de la liberación, cuyo representante es Enrique Dussel. La filosofía de la liberación nació en la Argentina en 1971, bajo la influencia de teorías de la dependencia en ciencias sociales. Se inició a tener conciencia que era menester superar una mera dialéctica “dependencia-liberación” desde la alteridad latinoamericana. La exposición fenomenológica de la alteridad y trascendencia éticas del rostro del otro (del pobre) pone en cuestión toda totalización dentro de la relación sujeto-objeto y aun la mismidad del pensar heideggeriano del ser. Esta interpretación de la alteridad y la trascendencia fue asumida por la filosofía de la liberación, pero ella la comprendió no solo ética, sino ético-históricamente, es decir, no en forma privada o intimista, sino socialmente estructurada e históricamente situada.

En un segundo momento se acentuó la búsqueda de la positividad latinoamericana a través de una hermenéutica histórico-cultural. La mediación entre cultura, religiosidad, símbolos, narrativa populares y el pensamiento filosófico fue encontrada en la sabiduría popular. La sabiduría popular es un universal situado histórica cuanto geoculturalmente. Ella no se encuentra en la filosofía académicamente elaborada, sino en otros ámbitos de vivir y del pensar: el religioso, el político y el poético. Con respecto a “popular”, se entiende “pueblo” como el sujeto comunitario de una historia común, de un estilo común de vida, es decir, de una cultura, y de esperanzas y proyectos históricos comunes. Entre nosotros son los llamados sectores populares: pobres, trabajadores y no privilegiados. Estos guardan mejor los valores básicos de nuestra cultura propia y la memoria de nuestra historia común.

En el tercer momento se avanzó más allá de las intuiciones globales, del planteo de perspectivas, del mero programa y de las cuestiones de método, para intentar la elaboración de nuevas categorías y la reelaboración de otras desde la sabiduría popular latinoamericana como lugar hermenéutico. Una manera de caracterizar el tránsito a esa tercera etapa es usando la distinción de Ricoeur entre la vía corta de la fenomenología existencial, y la vía larga de una hermenéutica de los símbolos y obras de cultura. Ya que el trabajo de elaboración de categorías filosóficas desde la sabiduría popular se caracterizó por la dialéctica, el dialogo entre ambas vías, dentro del circulo hermenéutico. De este modo se fueron elaborando ciertas categorías básicas para una nueva perspectiva filosófica: el ser, acontecer y el estar.

El nosotros estamos

Dentro de la categoría básica del estar, Scannone desarrolla el nosotros estamos, lo plantea como una experiencia inmediata que no puede ser totalmente mediada por la reflexión autoconsciente, y por ello le es irreductible. Por un lado intenta arraigarse en la América profunda, pero al mismo tiempo, desde allí busca asimilar su memoria filosófica occidental, en cuanto y puesto que se trata de un filosofar, y de un filosofar latinoamericano.

De esta manera, en primer lugar, el nosotros es un sujeto comunitario, es sujeto del estar, del ser y de la historia y, por lo tanto, del pensar sapiencial y del simbolizar que lo articula. Este nosotros estamos supone como primera experiencia la interrelación ético-religiosa. El nosotros no es universalización del yo ni es el sujeto trascendental de la relación sujeto-objeto, sino que implica, además del yo, también el tú y los él, que no son reductibles al yo ni siquiera comprendido trascendentemente. Por lo que habrá de comprenderse como universal situado.

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En lo segundo se debe manifestar que lo que prima es el modelo ético-religioso, esta es la experiencia primera, como se señaló más arriba, del nosotros estamos. En la cual se dan simultáneamente, en unidad y distinción, la relación hombre y la relación hombre-Dios.

La tercera característica del filosofar a partir del nosotros estamos esta dada por la eticidad del saber que sabe esa experiencia. Se sabe la verdad en una relación ética con los otros y con Dios que es intrínseca al nosotros. La eticidad aquí no se reduce a la moralidad, sino que implica una dimensión ético-política; y, sin prescindir de la dimensión trascendente y universal, no deja de lado la geo-cultural. Ambos aspectos están implicados en el concepto de nosotros como pueblo.

En cuarto lugar se tiene que señalar, que la relación ética es al mismo tiempo religiosa en un doble sentido. Es religiosa en cuanto el diálogo ético no se juega solo horizontalmente en el nosotros, sino también verticalmente, como relación con Dios. De ahí que, usando la expresión de Ricoeur, al hablar del núcleo de la cultura de un pueblo, se puede hablar del núcleo del núcleo ético-mítico que, en cuanto es ético implica la relación horizontal comunitaria e intercomunitaria, y la vertical con el Absoluto, que la funda como relación ética. La expresión ético-mítico nos abre también al segundo sentido de lo religioso, en cuanto este trasciende al nosotros estamos no solo por arriba, hacia la dimensión vertical, cuyo símbolo es el cielo, sino también por abajo, haca el otro polo de lo religioso, cuyo símbolo es la tierra en cuanto sagrada. En la que se arraiga y acoge el nosotros. Pues la experiencia es que nosotros estamos en la tierra.

La tierra es una categoría clave, dado que el nosotros-pueblo está en relación con la tierra, en la que está. No se trata de una relación meramente económica, sino de una relación primeramente religante y ético-comunitaria. Ella implica realidad y simbolicidad.

Como quinta característica se puede hablar de esa doble religación, simbólica y ética a la Trascendencia que muestra la no-autosuficiencia o pobreza ontológica del nosotros. Esa nota caracteriza la sabiduría de los pueblos y de los pobres y, por ello, la de los pueblos latinoamericanos. Es saber del Absoluto, pero no es saber absoluto, sino pobre.

De esta manera, la no-autosuficiencia del nosotros hace que no esté constituido por sí mismo previamente a la experiencia ético-religiosa del nosotros estamos, y que su saber no este determinado a priori en sí mismo. Para ello necesita del diálogo ético, horizontal y vertical, y de la mediación simbólica. De ahí que el saber sapiencial no se determine solo teóricamente sino también ética y poieticamente (creación o apropiación de símbolos).

Por Bruno Ponferrada — 16/01/22

Fuentes: Scannone J. C.; Nuevo punto de partida de la filosofía latinoamericana (Buenos Aires: Guadalupe, 1990), pp. 15-39.

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