Observador Urbano

La Céfira: cuando el continente es tan importante como el contenido

Muchos deben conocer La Céfira y la calidad de sus pastas, o habrán ido a comer al local de calle Córdoba, sobre el cual en algún momento efectuaremos una reseña.

En esta oportunidad, queremos dedicarnos al local que abrieron, no hace mucho, en la localidad de Vaqueros.

Con el antecedente del local original, la iniciativa de llegarse hasta Vaqueros resultaba más que interesante, sabiendo que no seríamos defraudados en la calidad de lo que íbamos a comer. Acá no hay vuelta que darle: son unas pastas excelentes, como muy buenas son también las salsas con las que uno puede acompañarlas.

La Céfira de Vaqueros se encuentra muy bien ubicada sobre la Av. San Martín -Ruta 9-, unos metros después de la Subcomisaría, en la esquina con Los Chalchaleros. Edificio de construcción moderna, es bien visible desde el camino.

La noche en que fuimos, el local estaba medianamente lleno, y atendía la recepción, el servicio y la caja una sola persona, una señorita encantadora que ponía todo su empeño por cubrir todos estos frentes. Y, maravillosamente, lo conseguía. No sé si ante un mayor nivel de ocupación y demanda, podría continuar con ese mismo nivel de eficiencia. Como sea, esta situación no afectó en nada el muy buen servicio que obtuvimos. Pero esta persona, precisamente por sus excelentes cualidades, merece contar con alguien que la asista.

Sin duda, el plato fuerte de este restaurante son sus pastas, y es muy poco lo que pueda añadirse sobre ellas, que no sea redundar en su calidad, en la variedad de alternativas que proponen, en la riqueza de combinaciones de las distintas pastas rellenas, siempre servidas a punto. Interesante la oferta de salsas, y la abundancia de frutos de mar en el menú. El tamaño de las porciones, muy adecuado, sin llegar a abundante, pero sin caer en la mezquindad de las porciones “gourmet”.

Hablando de los precios, no estamos refiriendo a una carta económica, sino de un valor acorde con la calidad del producto que se ofrece. Es cierto que, al mirar el menú, uno debe siempre sumar al valor del plato de pastas que elige, el valor de la salsa que lo acompañará, y que se cobra por separado, es decir, que a un plato de doscientos pesos y pico, le deberemos sumar ochenta y pico, noventa pesos, resultando en unos 300 y tantos pesos, lo que coloquen en la mesa, entre nuestros cubiertos. Más el servicio. Pero insisto que es dinero bien invertido.

Párrafo aparte merece el local. Todos sabemos que una parte importante de la población de Vaqueros es, vamos a decirlo así, culturalmente descontracturada. Hay una idiosincrasia propia en un sector de los lugareños, y eso no está sujeto a ningún juicio de valor. Son así, y punto.

Entonces, no era extraño que el local de La Céfira se encuentre imbuido de ese espíritu local, y uno lo toma o lo deja. Hasta puede hallarle alguno cierto encanto a ese eclecticismo que lleva a que coincidan espacialmente en un mismo lugar un restaurante, un centro cultural y un taller. Al fin y al cabo -como ocurre con innumerables locales temáticos-, siendo turistas muchos buscan deliberadamente en San Telmo, Estados Unidos o Europa lugares de este estilo, y abundan los ejemplos.

Pero esa excentricidad buscada obtenida ex profeso debiera hallar sus propios límites, en lo que hace al mantenimiento del salón. Está deslucido. Descuidado, diría.  Específicamente en aquello que da ambiente al lugar: paredes y luces deben colaborar a crear el ámbito adecuado para disfrutar el excepcional producto que La Céfira nos ofrece. Las paredes precisan una mano de pintura, una blanqueada o un color y una ornamentación que ayude a darles vida. Y las luces, cálidas, si se quiere, pero con los artefactos libres de bichos que los tapan a un 50% de su capacidad lumínica. Es poca inversión, pero significará un cambio sustancial.

De esa forma, no parecerá un bar perdido a un costado de una ruta, sino que dará adecuada cabida a un restaurante de su categoría. No se envuelven bombones en papel de diario: vienen en una caja acorde a la delicia que contienen. Eso mismo espero de La Céfira. De nada.

Por El Degustador Urbano