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Cultura

Humberto Maturana y su concepto de “amor biológico”

El reconocido Dr. en biología de nacionalidad chilena Humberto Maturana, falleció a principios del 2021 a la edad de 92 años. Aunque su disciplina principal fue la biología, su trabajo intelectual, abordó campos disciplinarios diversos: política, psicología, educación, epistemología y filosofía.

Entre sus principales aportes se puede nombrar el primer registro de una célula direccional de un órgano sensorial. Trabajo que realizó junto con Jerome Lettvin, científico investigador y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y por el que fue nominado al Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1966, aunque no obtuvo dicha distinción. Asimismo, se puede indicar el concepto de “autopoiesis” que desarrolló en 1970 junto con su alumno, el destacado biólogo Francisco Varela (Cfr. Ortiz, A. (2017); El pensamiento filosófico de Humberto Maturana: La autopoiesis como fundamento de la ciencia; Revista Espacios; Vol. 38 (No 46); pp. 4). Por este concepto, teniendo en cuenta la significación etimológica de las palabras griegas autos (sí mismo) y poein (producir o crear), Maturana pretendía explicar que los seres vivos son sistemas complejos que se configuran como unidad holística organizada con su propio accionar. En este proceso autoconfigurativo se crean y se producen a sí mismos, por cuanto el ser vivo, o sea el sistema complejo, es el resultado de la acción sistémica autopoiética (Cfr. Maturana, H. & Pörksen, B. (2010); Del ser al hacer. Los orígenes de la biología del conocer; Granica, Buenos Aires; pp. 114).

Además de estos importantes aportes, Humberto Maturana llevó a cabo otros, que si bien eran de carácter interdisciplinario, la base conceptual de abordaje era la biología. Entre estos se puede destacar los conceptos e ideas que presentó en las charlas dictadas en el Centro de Estudios del Desarrollo (CED), en el curso de 1988 en Chile. Las que en 1990 fueron publicadas bajo el título: “Emociones y Lenguaje en Educación y Política” (Maturana H. (1991); Emociones y Lenguaje en Educación y Política; Ed. Hachette; 4a ed.; Chile, Santiago). En específico, lo que Maturana expone es un programa o proyecto ético fundamentado en los conceptos de lenguaje, emoción, objetividad, amor y conspiración, aplicado a los campos de la Educación y Política (Cfr. ídem. pp. 92).

Al tomar como tema central el concepto de “amor” que trabaja Maturana en esta conferencia, es necesario elucidar, en primer lugar, lo que él entiende por “emoción”. Dado que esta noción brinda el soporte biológico-conceptual a partir del cual desarrollará el concepto en cuestión.

Ahora bien, el Dr. Maturana señala que la emoción no es un sentimiento, sino una disposición biológica-corporal-dinámica que define los distintos dominios en que se mueve el sujeto. Cuando uno cambia de emoción cambia de dominio de acción; la emoción es el sustrato del comportamiento y premisa fundamental de todo sistema racional. No es la razón la que lleva a la acción sino la emoción. Más en detalle, él menciona:

Biológicamente, las emociones son disposiciones corporales que determinan o especifican dominios de acciones”. (Ídem; pp. 15)

Asimismo, indica que la emoción que hace posible la convivencia es el amor que constituye el dominio de acciones en que las interacciones recurrentes con otro hacen al otro un legítimo otro en la convivencia.

El amor es la emoción que constituye las acciones de aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia; por lo tanto, amar es abrir un espacio de interacciones recurrentes con otro en el que su presencia es legítima sin exigencias”. (Ídem; pp. 61-62)

Las interacciones recurrentes en el amor amplían y establecen la convivencia, por el contrario las interacciones recurrentes en la agresión interfieren y rompen esta convivencia.

De manera que el amor es un fenómeno biológico básico y cotidiano, constitutivo de la vida humana y fundamento de lo social, ya que sin aceptación del otro en la convivencia no hay fenómeno social. Por ello, para Maturana el amor es la emoción central en la historia evolutiva humana desde sus comienzos, puesto que toda ella acontece como una historia en la que la conservación de un modo de vida en el que el amor, la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, es una condición indispensable para el desarrollo físico, conductual, psíquico, social y espiritual normal del niño, así como para la conservación de la salud física, conductual, psíquica, social y espiritual del adulto (Cfr. ídem. pp. 23).

No obstante, el biólogo chileno considera que los seres humanos inventan discursos racionales y niegan el amor, por lo que hacen posible la negación del otro. Para Maturana, esto acontece como un fenómeno cultural que desvaloriza a lo emocional e impide al sujeto percibir el entrelazamiento cotidiano entre la razón y la emoción que constituye el vivir humano.

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Yo digo que los fenómenos sociales tienen que ver con la biología, y que la aceptación del otro no es un fenómeno cultural. Más aún, mantengo que lo cultural, en lo social, tiene que ver con la acotación o restricción de la aceptación del otro. Es en la justificación racional de los modos de convivencia donde inventamos discursos o desarrollamos argumentos que justifican la negación del otro”. (Ídem; pp. 65)

Esto significa que el fenómeno cultural estriba en la justificación racional de lo social, por lo que la razón prima por sobre la emoción impidiendo la aceptación y el reconocimiento del otro como un legítimo otro que merece respeto. En cambio, el fenómeno social, afirma Maturana, surge de lo espontáneo de la biología humana, que consiste en estar abierta a la aceptación del otro en la convivencia; dado que resulta que el ser humano es un mamífero, y como tal, es un animal que vive en la emoción. Las emociones no son oscurecimientos del entendimiento, no son restricciones de la razón; las emociones son dinámicas corporales que especifican sus dominios de acción en que el ser humano se mueve. Un cambio de emoción implica un cambio de dominio de acción. Nada ocurre, nada se hace que no esté definido como una acción de una emoción que la hace posible (Cfr. Ídem. pp. 23).

De esta manera, para el Dr. Maturana las emociones brindan el ámbito dentro del cual las personas se relacionan, y en el que se irá generando el reconocimiento del otro como un legítimo otro; siendo el amor el fenómeno biológico emocional que permite aceptar al otro en una relación de reciprocidad emocional de convivencia, dando lugar al fenómeno social.

Por último, se considera importante afirmar que se puede estar de acuerdo o disentir con la propuesta que ha presentado Humberto Maturana entorno a estos conceptos, puesto que se puede argüir que no profundiza en los aspectos psicológicos de la emoción o que deja de lado la consideración metafísica del amor. Sin embargo, esto no quita reconocer el valor epistémico del aporte que realiza desde la biología al campo de lo político-social y la educación.

Por Bruno Ponferrada – Profesor de Filosofía – Técnico en Recursos Humanos

Fuentes:

Maturana H. (1991); Emociones y Lenguaje en Educación y Política; Ed. Hachette; 4a ed.; Chile, Santiago.

Maturana, H. & Pörksen, B. (2010); Del ser al hacer. Los orígenes de la biología del conocer; Buenos Aires: Granica.

Ortiz, A. (2017); El pensamiento filosófico de Humberto Maturana: La autopoiesis como fundamento de la ciencia; Revista Espacios; Vol. 38 (No 46); Recuperado de: https://www.revistaespacios.com/a17v38n46/a17v38n46p31.pdf

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Cultura

Normas y autoridad en Joseph Raz: las razones excluyentes

El filósofo israelí Joseph Raz, especialista en derecho, ética y política, en su obra “Razón Práctica y Normas” (Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid) sitúa su estudio dentro del campo de la filosofía práctica o de la razón práctica. Esta filosofía incluye en su abordaje, por un lado, una parte sustantiva o evaluativa, que indica qué valores se deben seguir, qué razones deben guiar la conducta, qué normas son obligatorias, etc. Por otro lado, una parte formal o conceptual que contribuye a la clarificación lógica de los conceptos como valor, razones para la acción o norma, y a la especificación de la naturaleza de las reglas de inferencia que gobiernan el razonamiento práctico; aquel razonamiento a través del cual se determinan las acciones a realizar (Cfr. Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México; pp. 224). Con base en esto, es posible especificar que el estudio de Raz aborda lo formal o conceptual de la filosofía práctica. Brindando especial interés, como indica el título de la obra, a la relación de los conceptos de razón práctica y normas.

Ahora bien, el presente artículo se enfoca en los conceptos de norma y de autoridad que propone Raz en la obra citada anteriormente, así como de la relación entre ambos. Esto con la intención, en un primer momento, de identificar y elucidar el sentido que Raz asigna a cada concepto; y, en un segundo momento, aquello que permite, según el autor, que dichos conceptos se relacionen.

Para comenzar, con respecto al sentido que Raz trata a cada concepto, se debe señalar que este afirma que la norma de mandato debe ser entendida como una razón excluyente:

Al tratar de explicar la naturaleza de las normas de mandato, he sugerido que éstas han de entenderse como razones excluyentes. (Raz J.; Razón Práctica y Normas; pp. 70)

Esto significa que la norma de mandato, de manera general, consiste en una razón para la acción, es decir, un motivo por el cual el sujeto realiza determinada conducta. Al identificar este sentido general del concepto de norma, se puede seguir profundizando en este e indicar que Raz clasifica a la razón para la acción en dos tipos: las de primer y segundo orden (Cfr. ídem. pp. 40-41). Por razones de primer orden entiende las consideraciones personales para actuar, como deseo, preferencias, intereses etc. (Cfr. ídem. 42-43). Las de segundo orden, considera que son toda razón para actuar o para abstenerse de actuar por una razón; por lo que son excluyentes, autoritativas y legales, al mismo tiempo que son dadas por una autoridad como directrices de conducta con el fin de que sean cumplidas (Cfr. ídem. pp. 44-46).

De este modo, se tiene un sentido más específico sobre lo que quiere afirmar Raz al referirse a las normas de mandato como razones excluyentes. Ya que, se puede decir que al ser excluyentes son razones para la acción de segundo orden, esto es, la combinación del acto que el sujeto se comprometió a llevar a cabo, o el ordenado por la regla, y una razón para no actuar por otras razones. Como bien menciona Joseph Raz:

Una razón de segundo orden es toda razón para actuar por una razón o para abstenerse de actuar por una razón. Una razón excluyente es una razón de segundo orden para abstenerse de actuar por alguna razón (ídem. pp.44).

En función a esto, se puede inferir que el sentido que Raz postula del concepto de norma de mandato radica en el de razón excluyente, dado que este le permite explicar que la norma de mandato es la conjunción del acto a realizar por una orden y una razón para abstenerse de actuar por otras razones.

Ya identificado el sentido de norma de mandato, se puede proceder al de autoridad. Raz es claro al referirse a esta, afirma:

Las normas dictadas por una autoridad son otro tipo importante de normas. Su análisis es parte integrante de la explicación de la naturaleza de la autoridad, al menos de la autoridad práctica (que ha de distinguirse de la autoridad teórica, del tipo de una autoridad científica). (ídem. pp. 71)

Como es posible observar, Raz hace una distinción entre autoridad teórica y práctica. En la literatura de ciencias políticas una autoridad teórica da razones para pensar de una determinada manera o creer en la verdad de una proposición; en cambio, seguir a una autoridad práctica ofrece razones acerca de cómo actuar (Cfr. Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, pp. 45). Es en la autoridad de carácter práctico sobre la que el autor centra su estudio, siendo concreto y conciso cuando se refiere a su sentido:

Considerar que una persona posee autoridad es considerar al menos a algunas de sus órdenes u otras expresiones de sus opiniones sobre lo que debe hacerse (por ejemplo, su consejo) como instrucciones autoritativas y, por consiguiente, como razones excluyentes. (ídem. pp. 71)

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De manera que el sentido del concepto de autoridad que propone Raz es práctico, esto significa que la autoridad da razones sobre lo que deben hacer los sujetos. Pero no sólo esto, sino que para que se considere autoridad, sus mandatos, órdenes o instrucciones autoritativas deben ser estimadas como razones excluyentes, es decir, como razones para abstenerse de actuar por otras razones o lo que es lo mismo normas de mandato.

Ahora, en función del sentido de norma de mandato como razón excluyente y el de autoridad como práctica, se puede indicar que aquello que relaciona ambos conceptos es el de razón excluyente. Puesto que, el concepto de razón excluyente permite identificar el sentido práctico de las normas de mandato, como lo que requiere la realización de una acción por una razón, en abstención de otras acciones por otras razones. Al mismo tiempo que justifica el carácter práctico de la autoridad que emite las normas de mandato. Esto quiere decir que, para que la autoridad sea considerada tal tiene que ofrecer razones autoritativas, razones de segundo orden, que desplacen otras razones que hubiesen sido relevantes y suficientes para justificar un cierto tipo de acción en ausencia de la directiva. En consecuencia, la relación entre las normas de mandato y de la autoridad es directamente proporcional, ya que, la autoridad mientras más normas dicte sobre lo que debe hacerse, más será reconocida como tal.

De esta manera, se tiene que el concepto de razón excluyente es una noción central en el estudio formal del razonamiento práctico que lleva a cabo Joseph Raz en la obra en cuestión. Ya que permite identificar el sentido de norma de mandato, como una razón de acción de segundo orden. Del mismo modo que permite justificar el carácter práctico de la autoridad y relacionar, de forma directamente proporcional, a estos conceptos.

Por último, es conveniente mencionar que este artículo no agota el estudio realizado por Raz sobre estos conceptos, se podría considerar una introducción a los mismos. Por lo que, para una mayor profundización, se recomienda la lectura de la obra, en especial del capítulo 2 y el postscriptum a la segunda edición.

Por Bruno Ponferrada —– 15/08/21

Fuentes:

Esquivel J. (1976); Comentarios a Razón Práctica y Normas de Raz J.; Diánoia, vol. 22, no. 22; México. Recuperado de: http://dianoia.filosoficas.unam.mx/index.php/dianoia/article/view/959

Raz J. (1991); Razón Práctica y Normas; Centro de Estudios Constitucionales; España, Madrid.

Toscano M. (2018); Autoridad y razones para la acción: dos problemas; Revista de Estudios Políticos, 179, 43-67. Recuperado de: https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/63987

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Friedrich Nietzsche: lo apolíneo y lo dionisíaco como fuerzas que moldean la vida

Con base en la obra “El nacimiento de la tragedia”, se puede afirmar que Friedrich Nietzsche categoriza lo apolíneo y lo dionisiaco del siguiente modo:

Con sus dos divinidades artísticas, Apolo y Dionisio, se enlaza nuestro conocimiento de que en el mundo griego subsiste una antítesis enorme, en cuanto a origen y metas, entre el arte del escultor, arte apolíneo, y el arte no-escultórico de la música, que es el arte de Dionisio: esos dos instintos tan diferentes marchan uno al lado de otro, casi siempre en abierta discordia entre sí y excitándose mutuamente a dar a luz frutos nuevos y cada vez más vigorosos (…) (Nietzsche F. (2012); El Nacimiento de la tragedia; Madrid; pp. 41).

Se puede observar que Nietzsche se refiere a lo apolíneo y dionisiaco como dos “instintos” (trieb), fuerzas, que él halla en la tragedia griega, pero que también encuentra en las diversas manifestaciones del arte.

Para él la cultura helénica, que tradicionalmente se la considera apolínea, es trágica por antonomasia, porque surge de la interacción antitética entre la fuerza apolínea y dionisiaca, entre la mesura y la desmesura; entendiendo ésta interacción antitética, no al estilo hegeliano de superación sintética de la negación de la afirmación, sino que ambos instintos o fuerzas se niegan mutuamente. Son negaciones que se hallan en constante tensión ontológica, la cual tiende hacia el equilibrio de ambas fuerzas y dinamiza, excita, la realidad poniendo de manifiesto el carácter trágico de ésta. Con tensión ontológica, se hace referencia a la constante destrucción de las apariencias apolíneas individuales por lo horrendo de la existencia, para volver, luego, a reconstruirse en el Uno primordial, exigiendo de ésta manera una constante mutación creadora

Más en detalle, lo apolíneo, por el dios Apolo, encarna la bella apariencia. Por su lado lo dionisiaco, por el dios Dionisio, encarna el sufrimiento extremo de ser despedazado. El primero hijo de Zeus y de Leto, es dios de la ley y de las artes. El segundo, hijo de Zeus y de Sémele, es dios del vino y de la disonancia. Teniendo en cuenta esto, para que sea posible la vida, la realidad trágica en la que ésta se expresa exige una ilusión magnífica que extienda un velo de belleza sobre el padecimiento. Esto significa que, aunque ambos dioses se presentan como encarnaciones de fuerzas antagónicas, resultan complementarios.

Apolo que designa el principio de individuación del mundo placentero de la bella apariencia, genera las formas por medio de las cuales los griegos se salvan del sentido trágico de la vida. Dionisio que expresa la anulación de éste principio, ya que, como se mencionó en líneas anteriores, encarna el sufrimiento de ser despedazado, destrozado en partes, también expresa, sin embargo, la tendencia a reintegrarse que resulta de dicha aniquilación de lo individual. En este sentido, el ser aniquilado, despedazado, morir, no es desaparecer, sino sumergirse en el origen, en el Uno primordial, que produce nueva vida. Asumir éste pasaje constante, éste eterno retorno, es pensar trágicamente; es entender que todo lo que nace se dispone a un ocaso doloroso. Como bien señala Elena Oliveras:

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Hay un consuelo metafísico porque nosotros somos, por breves instantes, el Ser Primordial y podemos sentir su indómito placer de existir. (Oliveras, E. (2007); Estética. La cuestión del arte; Ed. EMECE. Bs. As. pp. 245)

De forma que, a partir de lo expuesto, se puede indicar que Nietzsche considera lo apolíneo y lo dionisiaco como dos fuerzas ontológicas en tensión que fundan el acontecer trágico de la vida, en la cual los hombres no son sólo espectadores, sino, también, protagonistas que se despedazan y vuelven a reconstruirse en un ciclo de eterno retorno; manifestando, de éste modo, que en lo profundo de la existencia trágica la vida se presenta indestructible, poderosa, tan poderosa como los sátiros del coro que viven inextinguiblemente.

Por Bruno Ponferrada – Profesor de Filosofía—- 01/07/21

Fuentes: Nietzsche, F. (2012); “El nacimiento de la tragedia”; Ed. Alianza; Madrid – Oliveras, E. (2007); Estética. “La cuestión del arte”; Ed. EMECE; Bs. As.

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2020: ¿Cuáles fueron las mejores series y películas en el año de la pandemia?

Sin duda alguna el 2020 fue un año “de película”, desde incendios y chanchos cayendo de helicópteros en enero, a un confinamiento obligado por una pandemia que azotó al mundo, a partir de marzo. El cine fue una de las actividades que se prohibieron, por lo que las emociones que nos genera, las íbamos a vivir en nuestro día a día. De la mano del streaming, más presente que nunca.

Pero, ¡ojo, porque a pesar de todo, la industria audiovisual de entretenimiento se las ingenió para hacernos llegar algunas producciones y estas son, a mi parecer, las más destacadas del 2020:

  • The Last Dance

Sin duda alguna la mejor serie del año. Producida por ESPN y transmitida por Netflix, esta serie-documental narra la última temporada de los míticos Bulls de Michael Jordan, en la búsqueda del 6to anillo de la NBA. Jason Hehir (director de la serie) consigue no solo dar a conocer elementos que revivieron una polémica enterrada hace más de 20 años, sino que nos guía a través de una narrativa frenética la historia de uno de los deportistas más importantes de todos los tiempos. Cada capítulo se ve desde una perspectiva única pero todas las luces están puestas sobre una única persona: Michael Jordan.

¿Qué significa el éxito? ¿Qué motiva a una persona? ¿Se puede vivir en la cima todo el tiempo? ¿Cómo eso puede afectarnos? Esas preguntas y muchas más se responden en 8 deslumbrantes episodios.

  • The Queen’s Gambit

La revelación del 2020. Luego de deambular durante años por diversos estudios con decenas de libros y guiones rechazados; Netflix apostó por Scott Frank y dio luz verde a realizar esta miniserie basada en el libro homónimo de 1983 de Walter Tevis.
El dominio de los colores y la iluminación, la estética y los vestuarios siempre acordes con la temáticas, y la construcción de los personajes como cada una de las piezas del tablero de ajedrez hacen de “The Queens Gambit” un espectáculo visual.

radiográfica.org.ar

Anya Taylor-Joy le da vida a Beth Harmon, una prodigia del ajedrez con problemas de adicciones que intenta brillar en el tablero entre la década del ’50 y el ’60, lidiando no solo con sus problemas, sino con los prejuicios de ser mujer.
Queen’s Gambit fue una revolución absoluta: se transformó en la miniserie más vista de Netflix; además, las ventas de tableros de ajedrez se incrementaron un 87% en Estados Unidos, los libros de ajedrez aumentaron un 603%, la plataforma chess.com y las búsquedas en Google relacionadas a la temática alcanzaron picos impensados.

Si. Todo esto, por “solo” una serie de ajedrez.

  • The Mandalorian

La serie creada por Dave Filoni y John Favreau tuvo su 2da temporada en 2020. The Mandalorian ha demostrado ser una de las mejores creaciones que se desprenden de la matriz Star Wars y uno de los puntos más altos desde que la franquicia es propiedad de Disney. Tanto si sos fanático de la trilogía original o si sos un recién iniciado, The Mandalorian es 100% efectivo. Una historia simple, con personajes entrañabales y un camino muy claro a seguir. La multiplicidad de directores le da un toco personal a cada capítulo y nos hace sentir que estamos viendo una película distinta cada episodio.
Disney plus hizo todo bien con esta serie, desde la utilización de marionetas, maquetas y la implementación de la tecnología que revolucionó el CGI (Imágenes generadas por computadora). Como fanático no me puedo desprender… The Mandalorian es la GRAN JOYA MODERNA.

  • The Boys

Basada en los cómics de Garth Ennis, la serie de Amazon este año consiguió algo histórico: fue la primera serie que compitió de igual a igual y le ganó al gigante del streaming Netflix. Una segunda temporada más cruda, dura y cercana a los problemas sociales propios de estos tiempos. Ya lo hemos analizado en una nota anterior, pero pareciera que The Boys se ha ganado nuestros corazones por presentarnos héroes vulnerables, humanos egoístas y sin todo el edulcorante al que Marvel nos acostumbró en los últimos años.

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  • Pixar

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En este apartado me permito una licencia. No voy a elegir una película sino al estudio detrás de ellas. Pixar este año fue uno de los grandes ganadores. Pudo estrenar 2 películas y fueron sin duda lo mejor del año. “Unidos” y “Soul” tienen el adn de la compañía y nos interpelan a niveles que no estamos acostumbrados por películas de animación. Desde la fraternidad y el rol paternal en una relación entre hermanos, y el significado y el propósito de la vida de las personas; Disney Pixar nos eleva, nos llena los ojos de colores, iluminación y belleza, nos endulza los oídos con melodías que no solo están ahí, sino que cuentan la historia también. Pixar es el estudio de animación más certero en la actualidad y nunca, nunca nos va a defraudar.

  • Mank

Netflix tuvo grandes producciones este año, pero una de las más destacadas es la dirigida por el enorme David Fincher. Con guión de Jack Fincher y música de Trent Reznor y Atticus Ross, Mank narra el proceso detrás del guión de una de las películas más importantes de la historia: “Ciudadano Kane”. El abordaje es realmente interesante. Herman Mankowicz es el protagonista, pero nosotros como espectadores somos simplemente eso: personas que observan como se desarrolla una historia. Sin grandes conflictos, sin un nudo que desatar, sin un giro inesperado. Simplemente observando. La música y la estética nos intoxican con la década del ’30, y no solo porque relatan como se vivía en esa época, sino porque el montaje, la edición y la sonoridad de la película nos hacen creer que estamos viendo una producción de los orígenes de Hollywood.
Gary Oldman cumple con todas las expectativas, se carga la película como nadie y ya no sorprende que lo extraordinario con el sea cotidiano.

  • Tenet

Uno de los estrenos más complicados del año. Un par de semanas pospuesta pero finalmente estrenada en los cines, Christopher Nolan hace lo que nos tiene acostumbrados: hacernos dudar de todo y no entender nada.
Sin ser lo mejor de uno de los directores más destacados de los últimos años, Tenet es un despliegue visual y sonoro. Una organización conoce los secretos detrás de la inversión en el tiempo, poder realizar acciones a la inversa, es decir, realizar acciones que ya fueron realizadas.

Si si si, pido disculpas, es bastante complejo de leer y de entender. Hasta los protagonistas de la historia admitieron que ni en medio del rodaje comprendían lo que estaban haciendo.

Si sos fan de Nolan o si te dejas sumergir por la idea y la aventura, una película 100% disfrutable.

  • El rey de Staten Island:

Una comedia-dramática dirigida por Judd Apatow y protagonizada por el comediante de SNL (Saturday Night Live) Pete Davidson.
La mayor peculiaridad de la historia es que es una semi-autobiografía de Pete Davidson, con modificaciones en la historia, cuenta como le afectó en su vida la pérdida de su padre – un bombero – y como eso afectó no solo a su desarrollo, sino su relación con su madre y hermana. Por momentos resulta muy incómoda de ver, pero eso refleja lo bien dirigida que está y lo fácil que es conectar con ella.

Una película sobre el amor, la pérdida, la búsqueda y la reinvención que dieron una bocanada de aire fresco a este 2020 turbulento.

Por Agustín Fernández                                                                                                                                03/01/2021

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