Observador Urbano

En la delgada línea, entre la piedad popular y el sincretismo

Hace pocos días se conoció que el arzobispo de La Plata, Mons. Víctor “Tucho” Fernández, autorizó la entronización de una imagen de la denominada “Virgen del Cerro”, en la parroquia de San Ponciano, en pleno centro de la “Ciudad de las Diagonales”. San Ponciano es el templo más antiguo de La Plata, tan antiguo como la propia fundación de aquella ciudad, por lo que en este 2019 cumplirá 134 años.

Su relevancia histórica, arquitectónica y cultural para la Iglesia platense determinó que en 1997 San Juan Pablo II la instituyera Basílica, destacándose además, que en su interior, se encuentra el histórico Camarín de Nuestra Señora de Luján, el cual se encontraba en el anterior templo dedicado a la Patrona de los argentinos en el pueblo de Luján.

No es entonces una parroquia cualquiera, no está ubicada en las periferias y su entronización no obedece, por ejemplo, al reclamo de una comunidad salteña afincada en aquellos pagos, porque se sabe bien, los salteños son fieles al Señor y la Virgen del Milagro y la “Virgen del Cerro” no es aquí objeto de piedad local, sino más bien, se trata de un interés externo y ajeno.

La novedad provocó consternación en la Iglesia salteña y la propia Arquidiócesis emitió un comunicado exteriorizando su malestar, con las firmas de muchos de los sacerdotes del clero diocesano.

Frente a esta lógica y justificada reacción emanada del pueblo y Arzobispado salteños, Mons. Fernández respondió que el motivo por el cual entroniza esta imagen, es porque “despierta devoción en muchas personas” en distintos lugares de la Argentina, y que no por eso se están asumiendo como verdaderas las supuestas apariciones de la Virgen. Según el Obispo platense, se debe “distinguir una imagen que despierta devoción, de los grupos y supuestos fenómenos que haya alrededor, sean apariciones, mensajes y otras manifestaciones”, y que “de ninguna manera esto implicará hacer una especie de filial del Cerro de Salta ni que se diera intervención a la gente de allá”.

Estas expresiones manifiestan desconocimiento acerca de  la capacidad de difusión que muestran los grupos vinculados a la “Virgen del Cerro”, que llegan incluso a estar presentes distribuyendo papelería en muchas de las celebraciones en la Catedral Metropolitana de Bs. As., pese a la advertencia que allí existe sobre esta devoción, publicada en el Boletín Eclesiástico Arquidiocesano desde el año 2006. En efecto, en ese año, el entonces Card. Bergoglio hizo propia la Carta Pastoral de Mons. Cargniello por la que se desalentaba y se pedía prudencia sobre el particular, invitando a adherir a otras advocaciones reconocidas. E ignora, también las objeciones del propio Papa Francisco, que recientemente se hicieran públicas.

Monseñor Fernández puso énfasis en “la realidad de la devoción de mucha gente. Es inevitable reconocer que, más allá de las diversas dificultades en el camino de comunión que puedan presentarse allá, la imagen despierta devoción en muchas personas”.

Tras recordar que “de hecho esa imagen ya está instalada hace años en muchos lugares del país”, destacó que “en esta ciudad de La Plata hay una gran cantidad de fieles que le tiene devoción a esa imagen. Hasta la gobernadora bonaerense (María Eugenia Vidal) me agradeció que va a tener la imagen cerca”.

El arzobispo de La Plata fundamentó además su decisión afirmando: “Es muy difícil prohibir el uso de una imagen de María -y creo que de hecho eso nunca se logra- sobre todo cuando se está lejos de los contextos problemáticos que pueda haber en el lugar de origen”.

Sobre el hecho y los dichos del prelado platense, se pueden efectuar algunas consideraciones:

La Iglesia se toma muy seriamente la investigación de cada manifestación o fenómeno, para asegurarse la certeza y veracidad de los mismos. Es, para decirlo en términos simples y mundanos, la forma de mantener un “control de calidad”, que nos asegure que la devoción de los fieles se basa en hechos ciertos y fundados, corroborados y certificados a través de un proceso muy exigente, en el que participan no pocos expertos, incluso de muchas ramas de la ciencia. Por eso, ante cada fenómeno que se manifiesta, abre una investigación exhaustiva que se extiende por años.

En el caso de la “Virgen del Cerro”, la intención de la Iglesia para llevar a cabo este proceso se vio desde el comienzo interferida por un contexto complejo, en el cual no siempre hubo un diálogo fluido y colaborativo con la persona que asegura haber tenido estas manifestaciones particulares de la Virgen. Así, pese a los años transcurridos, no es posible discernir ni mucho menos acreditar que estemos realmente ante una manifestación auténtica de la Virgen María. Eso mismo dijo el Arzobispado de Salta en el año 2006, y eso mismo mandó decir el entonces Cardenal Bergoglio a sus sacerdotes de Buenos Aires.

Imagen: eldebatedehoy.com

Resulta por eso sorprendente que Mons. “Tucho” Fernandez -cuya afinidad y amistad con el actual Papa Francisco es ostensible y consonante con su “cursus honorum”- se pliegue a esta iniciativa, que legitima en los hechos una devoción no avalada por la Iglesia.

Pero más sorprendentes aún son los argumentos ensayados para esta decisión, basados, según Mons. Fernandez, en la existencia de la devoción, como un hecho inevitable, más allá de los cuestionamientos presentes; a que la imagen está instalada -de hecho- en muchos lugares del país; a la gran cantidad de fieles que le tiene devoción. A que es difícil prohibir el uso de una imagen, cuando se está lejos de los contextos problemáticos que pueda haber en su lugar de origen, pretendiendo ignorar que son precisamente esos contextos problemáticos los que obstan a un proceso que pueda derivar en su reconocimiento eclesial.

Y por último, pretende valerse de una suerte de argumento de autoridad: el alegado agradecimiento de la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, que por supuesto no aporta en lo más mínimo a un eventual e hipotético reconocimiento que es de resorte exclusivo de la autoridad eclesiástica salteña.

Valga decir que, con estos argumentos que Mons. Fernandez pretende utilizar, para validar su decisión, también podría mandar a colocar en la Catedral de La Plata, sendas imágenes del Gauchito Gil, la Difunta Correa o San La Muerte, ya que al fin y al cabo, también en estos casos se verifica la existencia de una devoción como un hecho más allá de todo cuestionamiento, su extensión en toda la geografía nacional, con una numerosa cantidad de seguidores.

Pero más allá de la polémica que esta determinación del arzobispo platense ocasiona, hay un daño mucho mayor que la misma provoca: la credibilidad de los fieles en sus pastores, la que ya viene bastante escorada a raíz del hecho global de los abusos sexuales y los encubrimientos de muchos de estos delitos. Mons. Fernández con su determinación, ocasiona un serio descrédito, no sólo a su propia figura y condición de obispo, sino que salpica la imagen de fraternidad del conjunto de obispos que conforman la Conferencia Episcopal, exponiendo un obrar inconsulto a contrapelo de lo dispuesto por su par salteño, en ejercicio de su legítima competencia. Y lo que es aún peor, haciendo oídos sordos a la declaración que los presbíteros salteños efectuaron objetando fundadamente esta entronización.

De todos modos, al margen de estas polémicas, no queridas y extrañas para la mayoría de los católicos, está claro que los temas más profundos en la vivencia de la fe, son otros.

Más allá de una u otra imagen, tenemos la convicción, de que son tiempos para vivir con fortaleza y desde la gracia, las exigencias vitales de un Evangelio, que es “Luz y Claridad”.

Por Fernando González

Con la colaboración de Gustavo Caviglia