Observador Urbano

El valor de las cosas simples: Mamá Paca

Muchas veces, estimado lector, caemos en la tentación del deslumbramiento. Esa fascinación por lo novedoso, lo sofisticado, lo que sale de lo habitual. Y en ese embelesamiento, perdemos de vista lo bueno que tenemos cerca nuestro, a nuestro alcance todos los días.

Esto, que fácilmente podría entenderse como un principio capital para todo aspecto de nuestra vida, tiene también su necesario correlato en la gastronomía.

Cuando el Paseo Güemes aún no perfilaba como un incipiente eje gastronómico y cervecero/hamburguesero/milanesero sub 30, allí ya estaba Mamá Paca, instalada en nuestra geografía.

Bastaba pasar para intuir que se trataba de un sitio tranquilo y acogedor: difícilmente atiborrado de comensales, sobriamente decorado, lo suficiente para obtener una adecuada ambientación. Un lugar que desde la puerta invitaba a comer.

Pero al ingresar, el diferencial aparece inmediatamente para causar la primera buena impresión: el recibimiento y la atención. Me detengo un momento en esto, antes de adentrarme en la comida.

Imagen: tripadvisor.com

Quienes hacen de comer en un restaurant una experiencia que va mucho más allá de saciar el apetito, saben que un buen ambiente y la atención de un buen mozo constituyen una parte esencial, tan importante como la comida que consume.

Aquí la atención es de primera, destacándose la excelente predisposición para satisfacer al comensal, explicar o sugerir los platos. Y aquí no hablo de esa falsa obsecuencia de quien está cargoseando al cliente en procura de una propina, sino de quienes asumen naturalmente la determinación de atender bien porque así corresponde; y con esa naturalidad de quien tiene años de experiencia y hace las cosas por convicción. Y lo logran con creces.

Antes de hacer el pedido (y destaco la paciencia con que esperan, nada más exasperante que un mozo nos “apure” para que ordenes), una entrada de tapas (pan con oliva y salsas) predisponen nuestro ánimo para el plato principal. Pocos lugares entienden cabalmente la importancia de esta cortesía de la casa -técnicamente se llamaría “fidelización del cliente”-, o lo consideran la primera variable de ajuste a la hora de reducir costos: gravísimo error. Puede ser un factor determinante para ganar un cliente frecuente, o para perderlo. Y es una torpeza considerar “costo” lo que en definitiva entra en el rubro “inversión”.

Cocina de estilo española, productos frescos y bien elaborados, sin duda los platos estrella son los mariscos y los pescados, empezando por la paella. O unos buenos callos a la madrileña. Hay alternativas interesantes en carnes y pastas para los que no consumen estos alimentos. Porciones abundantes, una acotada pero adecuada carta de vinos y precios que, sin ser económicos, resultan más que razonables. De postre, las natillas y el tiramisú son excelentes opciones.

Un sitio recomendado para una comida en la cual compartir una conversación amena y un tiempo con la familia y seres queridos.

Por Enzo Lo Pranzo