Observador Urbano

El universo de The Walking Dead aún espera su redención

Quizá entiendan con más facilidad mi punto sobre el universo de The Walking Dead, aquellos fans acérrimos de Metallica que todavía no superan la etapa post 1991 de la banda (momento en el que dejó la esencia para seguir los consejos y las ideas del productor Bob Rock, cambiando su status de fenómeno de culto por el de fenómeno de estadios) y que aún continuaron consumiendo su música, y eventualmente siendo parte de sus conciertos a la espera de una vuelta a las raíces. Sin embargo, a diferencia de Metallica que con el disco St. Anger demostraron que aún tenían la receta para hacernos agitar nuestras melenas (?), el universo de The Walking Dead se encuentra a la deriva desde hace varias temporadas como producto de los continuos cambios de productores, guionistas y el estiramiento innecesario de historias dentro de la serie. 

Si bien, The Walking Dead tuvo unas primeras cinco temporadas fantásticas (la primera a pesar de contar con apenas 6 capítulos es todo lo que una ficción de zombies debe ser), luego comenzó a ahogarse en su propio éxito (en 2015 llegó ser la serie de televisión más vista de la historia). Éxito que la llevó a competir con la multi-premiada, multi-elogiada y multi-vista Game Of Thrones, y ser considerada a la par del gigante de HBO. Ahora bien, lo que motivó este artículo, no fue tanto la temporada 9 de The Walking Dead (que mejora un poco respecto a lo que se venía viendo) sino la primera parte de la temporada 5 de su spin-off, Fear The Walking Dead, que hasta ahora se había mantenido ajena a los dislates de su hermana mayor y que sin dudas prometía gracias a la incorporación de Austin Amelio (el personaje de Dwight en The Walking Dead) como parte de su elenco. Pero que a pesar de su frescura en las temporadas anteriores terminó cayendo al igual que su hermana mayor, en un sinfín de diálogos, ridículos consejos de autoayuda por parte del grupo de sobrevivientes hacia ellos mismos y ridículos consejos de ellos hacia al grupo de niños que se sumaron al elenco. Sin dudas, cosas como estas fueron las que en su momento hicieron que el ENORME George Romero (sí, así con mayúsculas), considerase al universo de The Walking Dead como una chapuza dramática con zombies de decorado. 

No obstante todo esto, los creadores de la serie a sabiendas de que el público es cada vez menor (The Walking Dead tuvo en su último episodio de 2019, apenas 7.900.000 espectadores, un poco más de la mitad que en su momentos de gloria allá por 2015), han tenido la brillante idea de crear otro spin-off y además tres películas que expliquen qué pasó con Rick Grimes (interpretado por Andrew Lincoln), que en la serie principal nos abandonó al final de la temporada 8. Cualquier cosa, menos aprovechar que el cómic en el que se basa The Walking Dead acaba de terminar para con eso darle un gran final a una serie que supo ser fantástica.

Ahora bien, como pasó oportunamente con muchos fans de Metallica que se mantuvieron expectantes ante las idas y vueltas de la banda y a la espera de aquel retorno glorioso a las raíces, los fans de The Walking Dead esperamos que encaucen su universo o que sean conscientes de que el momento de decir adiós, ya llegó.

Por Bruno Iriarte

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