Observador Urbano

El movimiento antivacunas: orígenes

Hace unos meses cuando visité a una de mis hermanas, que tiene un pequeño hijo de 3 años, me comentó que su mejor amiga había decidido saltearse por completo el calendario de vacunación gratuito, obligatorio y vigente en la Argentina para su hija de 4 años. Por supuesto que una decisión tan egoísta, riesgosa e ignorante no forma parte de un capricho de esta madre irresponsable sino que se debe al peligroso avance del movimiento antivacunas en todo el mundo desarrollado y también en países periféricos como el nuestro. 

Este movimiento se expandió mundialmente producto de una investigación científica a cargo del médico británico Andrew Wakefield publicada en 1998 en la revista especializada The Lancet. Allí se destacaba que tras realizar un estudio a 12 niños que padecían autismo, se detectó una relación entre esa condición y la colocación de la vacuna triple viral, destinada a prevenir 3 enfermedades: sarampión, rubéola y paperas (parotiditis). A pesar de que este artículo fue recibido con mucho escepticismo por la comunidad científica, tuvo un gran impulso mediático y contó incluso con la difusión a cargo de estrellas de la televisión norteamericana como Oprah Winfrey que se prestó a una entrevista con la conejita de playboy Jenny McCarthy, por entonces pareja de Jim Carrey, quien señaló a la mencionada vacuna como la causante del autismo en su hijo de 5 años. Esto disparó aún más la popularidad de esta creencia, en Estados Unidos y el resto del mundo, llegando a que el gobierno de Obama reciba más de 5000 demandas de indemnizaciones a cargo de padres, que acusaban a las autoridades, de la responsabilidad estatal en el autismo de sus hijos o peor, que los niveles de sarampión lleguen a superar los 65.000 casos durante 2018 en la Unión Europea según la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que significó un aumento de casi el 200% con respecto al año anterior.

Luego del escándalo que este estudio produjo, el mismo fue rectificado por 10 de los científicos que habían participado de su elaboración y además por la propia revista The Lancet, que incluso decidió eliminarlo de sus archivos. En tanto, Wakefield perdió su licencia como médico dado que rechazó confirmar sus conclusiones a través de un nuevo estudio en pacientes con autismo y que ningún otro estudio pudo ratificar la veracidad de sus afirmaciones. Además, se comprobaron lazos entre el médico británico y posibles negocios que él mismo activó, una vez iniciado el miedo a la vacuna triple viral. Entre estos se encontraba, según el periodista Brian Deer, de The British Medical Journal, el financiamiento secreto de su artículo en The Lancet, a cargo del abogado antivacunas Richard Barr, quien buscaba pruebas científicas para demandar a grandes laboratorios, y el desarrollo de un kit de diagnóstico contra una enfermedad inventada en el estudio, que conectada, a la triple viral, con el autismo. 

El periodista y divulgador científico Luis Alfonso Gámez, concluye en su libro “El Peligro de creer”, que la creencia de que las vacunas causan autismo se debe, en parte, a que los primeros síntomas del mal suelen detectarse a la misma edad, en que los niños reciben la triple viral, pero la ciencia ha demostrado que no hay ninguna relación entre ambos hechos, más allá de una coincidencia temporal. No obstante, desde el momento de la publicación en The Lancet y a pesar de la evidencia científica que demuestra lo contrario, este movimiento persiste en sus creencias, y está forzando a la comunidad científica a presionar para la sanción de una ley similar a la SB 277 de California (Estados Unidos), que prohibió, tras un brote en los parques temáticos de Disney, a que se interpongan “excepción por razones personales”, al calendario de vacunación y que por lo tanto, se vacune forzosamente, en los jardines de aquel estado. Con dicha ley, se logró un aumento de niños vacunados, llegando al 95,6% tras su sanción en 2015,  contra los 90,2% del año anterior.

Por Bruno Iriarte

Fuentes: Gizmodo.es – Lavanguardia.com – Lanacion.com.ar