Observador Urbano

El Degustador Urbano: «Manifiesto»

En la vida de toda persona hay momentos decisivos, encrucijadas fatales, caminos que se bifurcan, un antes y un después. Es cuando el médico mira tus análisis y dice lo que nadie quiere escuchar: “vas a tener que hacer un régimen”.

Nada nuevo, ya te lo decían los botones de tus camisas, esas mismas que se venían encogiendo, en la misma proporción que se achicaban las butacas de micros y aviones, los cintos, los sacos y hasta algunos ascensores.

La perspectiva era aterradora: de la pizza con doble muzza y cerveza, del choripán con vino, a la ensaladita de brotes de mijo, se abría un camino dantesco que parece recorrer los nueve círculos infernales, con una escala programada (con alojamiento all inclusive) en el Tercero.

Decidí que si los extremismos son malos, sólo cabía buscar una solución política, entendida como el arte de lo posible, buscando así una razonable tendencia a mejorar la calidad de la alimentación, sin resignar el sabor y dando espacio a posibilidades mesuradas para darse el gusto, de vez en cuando. Eso suponía, además, la negociación permanente. Primero que nada, con uno mismo. Y luego también, con ese Cerbero, graduado en la Licenciatura en Nutrición, al que uno decide someterse voluntariamente.

Para ambas negociaciones es necesario partir de una predisposición tan sincera y razonable, como abierta al mismo tiempo. Mentirse a uno mismo y proponerse metas no creíbles, utópicas o inalcanzables, es tan contraproducente como la intransigencia al momento de proponer (casi diría imponer) una dieta. Un esfuerzo que se procura sin que haya el menor atisbo de recompensa tangible, de satisfacción presente y futura, lleva casi con seguridad, al fracaso. Si debemos llegar a una meta, procuremos ambos -paciente y profesional- que el camino que elijamos, nos lleve efectivamente a ella, pero que al mismo tiempo sea un camino tan seguro como llevadero.

Desde luego, supone un cambio importante de la forma de pensar la alimentación, proceso en el que el Nutricionista nos debe acompañar en la búsqueda de esa armonía entre lo rico y lo sano, entre lo que nos conviene y lo que nos satisface.

Saber que no se pierde la posibilidad (y que de nuestra voluntad depende, en definitiva) de volver a probar aquellos sabores favoritos, nos ayuda a no sentir este proceso como una pérdida: siempre habrá una oportunidad de un asado con los amigos, de una buena fugazzetta bien regada, o de algún postre bien suculento. Podemos incluso llegar a entender que mejor administrados y espaciados, los disfrutaremos aún más.

Es cuestión de abrir la cabeza a nuevas alternativas, adecuadamente asesorado, que no necesariamente retacean el sabor y el disfrute. ¿Fórmulas mágicas o universales? No, no las busque; no las hay. Ahí el profesional nos ayudará a encontrar aquello que necesitamos combinado con aquello que nos gusta y que es a la vez sano, aunque a veces haya que ceder en algo, para que la experiencia completa de este camino sea no sólo aceptable, sino que la podamos considerar muy buena.

Pero vamos con nuestra primera degustación.

Eclecticismo ciudadano en el Paseo Güemes

Imagen: InformateSalta

No cabe duda que la zona del Paseo Güemes se viene convirtiendo -junto con la de la aledaña Pueyrredón- en un nuevo polo gastronómico para los residentes y para el turismo alojado en las cercanías.

Como parte de esa movida, vino a poner sus fichas -una apuesta que supuso una importante inversión- Ciudad Güemes, con una propuesta interesante, con una destacada elaboración, que denota un muy buen manejo de cocina. Un menú acotado en donde prevalece la originalidad sobre la variedad numérica. Platos con la cantidad adecuada y un buen servicio. Carta de vinos aceptable.

Precios, absolutamente razonables, acordes a la calidad de la propuesta que Ciudad Güemes ofrece.

Un punto a considerar -siempre es importante a la hora de salir a comer- es el ambiente del lugar que elegimos. Acá la puesta en valor y la decoración -ecléctica, como pusimos en el título y con un toque vintage (incluyendo algún fonógrafo y hasta un vestido de época en exhibición) ayudan a crear un entorno ameno, con alguna leve interferencia de la música que, aunque en un volumen bajo, no deja de hacernos sentir su constante y acompasada presencia durante toda la velada.

Un lugar muy recomendable para ir con amigos y disfrutar de una cena distendida. Cómodo y ameno tanto para los locales, como para quienes visitan la ciudad y quieren optar por una alternativa no “turística” a la hora de comer.

Calificación:

Cocina: 4 tenedores.

Porciones: 4 tenedores.

Atención: 5 tenedores.

Precios: 4 tenedores.

Ambiente: 3 tenedores

Por El Degustador Urbano

Imagen destacada: Pinterest