Observador Urbano

El COVID-19 y su impacto en la seguridad alimentaria

De acuerdo al Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) – cuyo director es David Beasley –, el impacto económico del COVID-19 elevaría a la cifra de 265 millones el número de personas expuestas a inseguridad alimentaria aguda, casi duplicando la cifra registrada en 2019 cuando el número de personas que atraviesan tal situación se contabilizó en 135 millones.

Ahora bien, ¿qué significa la seguridad alimentaria? De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) «la seguridad alimentaria se da cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable».

Algunos datos al respecto:

  • Unos 265 millones de personas en los países de ingresos bajos y medios estarán en situación de inseguridad alimentaria aguda a finales de 2020 de no adoptarse medidas rápidas
  • La mayoría de las personas que padeció inseguridad alimentaria aguda en 2019 se encuentran en países afectados por conflictos (77 millones), por el cambio climático (34 millones) y por crisis económicas (24 millones de personas)
  • Las peores crisis alimentarias en 2019 se centraron en 10 países: Yemen, la República Democrática del Congo, Afganistán, Venezuela, Etiopía, Sudán del Sur, Siria, Sudán, Nigeria y Haití
  • En 2019, el 61% de la población de Sudán del Sur se encontraba en estado de crisis alimentaria o peor. Otros seis países tenían al menos el 35% de su población en estado de crisis alimentaria: Sudán, Yemen, República Centroafricana, Zimbabwe, Afganistán, República Árabe Siria y Haití
  • Estos diez países representaban el 66% de la población total, es decir, 88 millones de personas

De acuerdo a la WFP los 5 países con mayor riesgo de padecer hambruna, a la cual la FAO define como «una grave escasez de alimentos en un área geográfica grande o que afecta a un gran número de personas, que comúnmente se dividen en las causadas por fenómenos naturales y aquéllas ocasionadas por acciones humanas», en el corriente año como consecuencia del Coronavirus son, Yemen, República Democrática del Congo, Venezuela, Sudán del Sur y Afganistán:

Asimismo, de acuerdo a la FAO, quienes más amenazados se ven por la pandemia del COVID-19 son los más de 820 millones de personas que ya padecen hambre crónica, es decir, «no comen suficiente energía calórica para llevar una vida normal. Y, que, de ellas, 113 se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria aguda, un hambre tan grave que supone una amenaza inmediata para su vida o sus medios de subsistencia y les hace depender de la ayuda externa para sobrevivir».

“La FAO está especialmente preocupada por el impacto de la pandemia en las comunidades vulnerables que ya están luchando contra el hambre u otras crisis -el brote de langosta del desierto en el Cuerno de África, la inseguridad en el Yemen o el Sahel, por ejemplo- así como en los países que dependen en gran medida de importaciones de alimentos, como los pequeños Estados insulares en desarrollo, y aquellos que dependen de las exportaciones primarias, como el petróleo”.

Por último, David Beasley, director ejecutivo de la WFP, expresó que «actualmente con la crisis de COVID-19 no sólo nos enfrentamos a una pandemia de salud mundial, sino también a una catástrofe humanitaria mundial. Todavía no hay hambrunas, pero debo advertirles que, si no nos preparamos ahora mismo para asegurar el acceso, evitar la falta de financiación y las interrupciones, podríamos enfrentarnos a múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en unos pocos meses».

En base a ello, el informe expuso las 4 prioridades de intervención, para observar de cerca la crítica situación por la que atraviesan millones de personas de las más diversas áreas geográficas y, así poder evitar que todas ellas sufran una potencial interrupción de sus medios de vida y del acceso a los alimentos:

  • Aumentar y expandir los sistemas de vigilancia a distancia de la seguridad alimentaria, casi en tiempo real, que proporcionen información actualizada sobre los efectos del brote en la seguridad alimentaria y en los medios de vida, la salud, el acceso a los servicios, los mercados y las cadenas de suministro, entre otros aspectos, para adoptar medidas inmediatas y de mitigación
  • Mantener la asistencia humanitaria crítica en forma de alimentos, medios de subsistencia y nutrición para los grupos vulnerables -adaptada a los posibles efectos de COVID-19- que garanticen la satisfacción plena de las necesidades
  • Reforzar y ampliar los sistemas de protección social para garantizar que los más vulnerables, que se encuentren afectados por el COVID-19 o corran un alto riesgo de padecerlo, puedan seguir teniendo acceso a los alimentos
  • Aumentar el apoyo a la elaboración de alimentos, al transporte y a los mercados locales de productos, y fomentar la apertura de los corredores comerciales que garanticen el funcionamiento continuo de la cadena de suministro de alimentos y los sistemas agroalimentarios esenciales en los países con crisis alimentarias

Por María Agustina Martinez                                                                   26/04/2020

Fuentes: https://news.un.org/http://www.fao.org/https://es.wfp.org/

Imagen destacada: www.afp.com