Observador Urbano

Educación y urnas

Sin importar las fuentes que uno tome, los datos que reflejan la situación de la educación en Argentina son siempre alarmantes. Empecemos; de cada 100 estudiantes que ingresan a la Secundaria, solo 60 la terminan. Y de esos 60, apenas 18 van a la universidad. Allí, solo 5 se reciben. Por otra parte, las pruebas PISA que lleva adelante la OCDE y que representan a nivel global una validación bastante aceptada del nivel educativo de cada país, ponen a Argentina en el puesto 59 sobre 65 en la última medición de 2012, ya que no se debe olvidar que en 2015 y por irregularidades en la toma de la muestra, los resultados de nuestro país fueron eliminados del ranking. Sin embargo, cuando asumió Mauricio Macri como presidente y ante esa nefasta circunstancia, implementó rápidamente las pruebas APRENDER con el objetivo de obtener un diagnóstico del panorama. Claro, los resultados no pudieron ser más preocupantes. Solo el 55% de los estudiantes del nivel medio puede interpretar un texto básico, apenas el 49% es capaz de reflexionar y evaluar situaciones prácticas y únicamente un 54% puede resolver operaciones matemáticas básicas.

Ahora bien, cuesta creer que si desde 2013 a 2019 el presupuesto se haya duplicado en dólares (aclaro que el 83% se gasta en los sueldos de 1.057.136 profesores de todos los niveles que son quienes llevan adelante las clases de más de 10.000.000 de estudiantes), los resultados sean cada vez peores. Seamos claro, Argentina ya no solo no está entre los mejores del mundo en educación, sino que países latinoamericanos que antes admiraban el sistema implementado por Sarmiento como Chile, Uruguay, Costa Rica o México hoy en día han superado nuestros resultados.

Por supuesto que para no asustar demasiado al lector, elijo para estas líneas hacer foco en la escuela media aunque por ahí se me haya colado algún que otro dato de la educación primaria. De esta manera, bien grafican los números la situación que estamos atravesando y dan cuenta que la crisis es prácticamente terminal, es decir, o reventamos el sistema y creamos uno nuevo, o los parches y los egoísmos de muchos actores educativos terminarán sepultando todas nuestras esperanzas de crecimiento sustancial en educación.

Con todo y debido a que estamos en plena temporada de elecciones en nuestro país, muchos nos preguntamos: ¿Están los candidatos hablando de educación? Yo diría que si ir en la misma dirección pero más rápido, o crear ministerios por aquí y aumentar el gasto por allá, no es precisamente el debate que la educación merece en ningún país y menos si este se vanagloria de su pasado educacionista. De todas formas, dejo a criterio del lector las conclusiones, y como estamos en veda y para no violar la misma, sugiero tener presente en las urnas a las aulas, a los estudiantes, a los buenos maestros, a los buenos directivos y a los buenos padres.

Por Bruno Iriarte