Observador Urbano

Club de Cuervos: desde hace rato, el fútbol, no es lo más importante

Hace poco mas de un mes, Netflix estrenó la cuarta y última temporada de la serie mexicana Club de Cuervos, que fue en su momento, la primera incursión netamente latinoamericana en el gigante del streaming. En la misma, se relata la decadencia de un ficticio equipo de fútbol de la primera división de aquel país (los Cuervos) en una ficticia ciudad del centro-norte mexicano (Nuevo Toledo). Esa decadencia se inicia con la muerte de Salvador Iglesias, dueño (allí todos los equipos de futbol son sociedades anónimas) del club Cuervos y la posterior lucha por el control del mismo entre sus dos hijos, interpretados con genialidad por Mariana Treviño (Isabel Iglesias) y Luis Gerardo Méndez (Salvador “Chava” Iglesias Jr).

Aunque el final nos tome de sorpresa, su creador, Gaz Alazarki, tuvo siempre fija la idea que cuatro temporadas serían suficiente para describir el paso desde la enemistad entre los Iglesias a la posterior unión de ambos para defender los intereses familiares, que son constantemente amenazados por la corrupción, que en México, como en muchos otros países rodea al mundillo del fútbol.

Imagen: fayewayer.com

En esta temporada final y sin entrar en spoilers innecesarios, la trama se centrará en la lucha de los hermanos Iglesias por mantener el club y su poderío, y al mismo tiempo, esquivar los embates de los grandes empresarios, políticos corruptos, televisoras, dirigentes de la liga y representantes de jugadores que, juntos o en partes, quieren una tajada de los Cuervos. No obstante y si bien es cierto que a veces la serie se empantana en situaciones sin mucho sentido, el regreso de Stephanie Cayo (Mary Luz, viuda de Salvador Iglesias), el de Alosian Vivancos (Aitor Cardoné) y la presencia, esta vez permanente, de Joaquín Ferreira (El Potro) le dan a esta ficción un gran impulso desde su reparto que le permite finalizar su paso por el streaming con muchísimo aire, dejando al espectador con nostalgia y con muchas ganas de más aventuras. Las que podrían llegar en forma de Spin-Off para sumarse a La Balada de Hugo Sánchez y a Yo, el Potro, dos de los intentos por calmar las ansias de los fans, en la espera que se dio entre el fin de la tercera temporada y el inicio de la cuarta.

Ahora, es cierto que la serie está centrada en un equipo de fútbol (lo que podría alejar a primera vista a los que no son muy entusiastas de este deporte), sin embargo el atractivo en Club de Cuervos pasa por conocer desde adentro lo que en verdad sucede entre semana y semana dentro del mundo de la pelota. Así, si bien los actores no dominan el balón como profesionales (ni mucho menos), o el trato que recibe la función de director técnico de un equipo de fútbol es bastante infantil y además menospreciada por los guionistas, constantemente; son las denuncias en los manejos de los pases de los jugadores, la pelea por los derechos de televisación, la propiedad de los clubes, los entramados familiares o incluso la candidatura de un país para organizar un mundial de fútbol (situación inspirada en la elección de México como sede del Mundial 2026 junto con Estados Unidos y Canadá), las que describen con precisión lo que verdaderamente sucede en el ambiente futbolero de aquel país, y nos permiten además, imaginar y entender, cómo se desarrolla en todo el mundo.

A la par de todo esto último, Club de Cuervos es un excelente ejercicio de adaptación a la ficción latinoamericana para quienes desde la Argentina no están familiarizados con esta, por fuera de las series de Luis Miguel o La Casa de las Flores. Y para eso, la relación que desde acá tenemos con la pelota es un tremendo punto a favor. Aunque claro, cuando hablamos de fútbol, tanto en la serie como en la vida real, las cosas tienen cada vez menos que ver con el elemento futbolero por antonomasia y que por definición maradoneana, en aquella épica tarde de noviembre de 2001, sabemos, que no se mancha.

Por Bruno Iriarte

Imagen Destacada: Twitter – El Sol de México