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Opinión

Apple y su responsabilidad empresarial: ¿Moda o compromiso efectivo?

A principios del 2021 Apple presentó su sitio web sobre ética empresarial y de negocios, que ha denominado “Ética y Cumplimiento”. A mediados de agosto del mismo año, anunció un sistema de escaneo de archivos para combatir el abuso infantil, el “neuralMatch”. Ambos proyectos pueden ser considerados como un ejercicio concreto de Responsabilidad Social Empresarial. Sin embargo, nada quita que también puedan ser juzgados por algunos como parte de una nueva moda gerencial, que se hará obsoleta prontamente como ha sucedido con otras (gerencia participativa, equipos multifuncionales y organizaciones planas, etc.). Hay quienes interpretan que es un ejercicio actualizado de relaciones públicas. De manera que, para identificar si estas acciones emprendidas por Apple integran un compromiso efectivo dirigido a responder las demandas sociales o tan solo responde a una moda o actualización gerencial, es necesario clarificar el concepto de Responsabilidad Empresarial y de moda gerencial. Para que, a partir de esta base conceptual, abordar los proyectos de carácter social aplicados por Apple e identificar, en la medida de lo posible, si responden a una moda o a un compromiso asumido con la sociedad.

Ahora bien, en atención al concepto de moda gerencial, es conveniente tratar, en primer lugar, el sentido conceptual lato de moda. Por este sentido amplio, se entiende que moda consiste en un fenómeno que se manifiesta a través de un modo de comportamiento o costumbre que está en boga durante algún tiempo entre los miembros de la sociedad. Una vez que trascurre este tiempo, el fenómeno deja de reproducirse socialmente, es decir, deja de imitarse y difundirse, a tal punto que caduca, “pasa de moda”. Teniendo en cuenta esto y aplicándolo a la administración y gestión gerencial de organizaciones humanas, se puede hablar, en un sentido restringido, de moda gerencial. Una moda gerencial se define como una creencia colectiva, difundida y relativamente transitoria, según la cual ciertas técnicas, y quienes las utilizan, están a la vanguardia de la gerencia (Cfr. Armas y Malavé, pp. 1). Con base en ambos sentidos, se puede identificar que el aspecto esencial del concepto de moda es el carácter “transitorio” del fenómeno que se reproduce colectivamente. Dado que este no surge de convicciones personales que llevan a un compromiso efectivo que se prolongue en el tiempo, sino al deseo esporádico de imitar el fenómeno que se difunde socialmente. Esto es más evidente en el ámbito gerencial, en el cual el fenómeno de moda consiste en técnicas que dependen de aspectos funcionales, las cuales una vez dejan de dar los resultados esperados se vuelven obsoletas, pasan de moda.

En cuanto a la Responsabilidad Social Empresarial, se puede decir que es lo opuesto de una moda. Bernardo Kliksberg, especialista en ética empresarial, afirma que es parte de un proceso de evolución de la concepción misma de la empresa privada; el cual, a su vez, está movilizado por poderosas demandas sociales (Cfr. Kliksberg, pp. 2). Estas demandas parten del reconocimiento de que la empresa privada es un impulsor esencial de la economía, y que sus actividades deben ser promovidas y facilitadas pero que, precisamente por eso, por su enorme incidencia en la vida de los ciudadanos, tiene que ser considerada como una institución social con responsabilidades calificadas, y debe autoconsiderarse de este modo.

Kliksberg señala que el proceso que lleva a la Responsabilidad Social Empresarial se podría esquematizar en varias etapas (Cfr. ídem. pp. 3). La primera de ellas fue la etapa en que dominaba la idea de que la empresa tiene como única obligación generar beneficios a sus accionistas. En esta se dejaba de lado, claramente, los beneficios dirigidos a la mejora de la calidad de vida de los empleados, sus familias y la sociedad en general. De allí se pasó a la filantropía empresarial con donaciones en aumento a una rama variada de actividades en muchos casos culturales y educativos. Kliksberg menciona que esos aportes son sin duda valiosos, pero las demandas sociales piden mucho más que eso. Elucida que la empresa además de aportar dinero, se espera que ayude a grandes causas de interés público con su denso caudal de alta gerencia, tecnologías de punta, canales de distribución, conocimientos financieros. La Responsabilidad Social Empresarial, considera Kliksberg, es la etapa actual y por la cual se le pide a las empresas un buen gobierno corporativo, buena relación con su personal, juego limpio con el consumidor, preservación del medio ambiente pero, junto a ello, compromiso social efectivo. Por el que se supere la mera filantropía con proyectos que respondan concretamente a las demandas sociales. Bernardo Kliksberg también indica, que se pide a las empresas globales de países desarrollados el ejercicio de un liderazgo global responsable y que practiquen en sus inversiones en países en desarrollo el mismo código de buen comportamiento que aplican en sus exigentes medios nacionales (Cfr. ídem. 4).

Con base en este marco conceptual, se puede abordar el historial de proyectos de carácter social desarrollados por Apple, para identificar si esta proyección social de la empresa se ajusta a una moda o a un compromiso efectivo.

En el sitio web “Ética y Cumplimiento”, Apple expone los principios éticos que guían su conducta en su relación con clientes, empleados, hasta socios comerciales y personas en cada nivel de su cadena de suministro, producción y comercialización. Estos son: la honestidad, respeto, confidencialidad y cumplimiento. De acuerdo con estos principios, detalla que su compromiso de tratar a todos con dignidad y respeto no termina ahí; sino que creen en el poder de la tecnología para empoderar y conectar a personas de todo el mundo y que las empresas pueden y deben ser una fuerza positiva en servicio a los demás (Cfr. Apple; Our Commitment to Human Rights; pp. 1). Esto condujo a la empresa a presentar y aplicar proyectos que respondan a demandas sociales; así se tienen los mencionados en líneas anteriores y también aquellos que Apple viene aplicando hace unos años atrás, como son: el código de conducta para proveedores en 2005; la realización de auditorías en 2006 en fábrica de proveedores y dentro de la misma empresa; aplicación del modelo “Multistakeholder”, por el cual se trata de reunir a las partes interesadas para que participen en el diálogo y la adopción de decisiones; en 2011 inició con el programa de donaciones de Apple, hasta la fecha ha recaudado casi 600 millones de dólares en donaciones totales; en 2012 se convierte en la primera compañía del sector de la electrónica en incorporarse a la “Fair Labor Association” (FLA), una asociación sin ánimo de lucro con sede en Washington que agrupa a empresas, escuelas y universidades socialmente responsables y organizaciones de la sociedad civil; el programa de donaciones de un porcentaje de las ventas de los productos “Product (Red)”, que tienen el distintivo color rojo, al Fondo Mundial para la investigación y ayuda contra el VHI, y en el 2020 aplicó el mismo programa al Fondo Mundial de respuesta a la COVID-19, entre otros proyectos.

Se puede observar que Apple manifiesta un interés creciente por responder a las demandas sociales, sirviendo como fundamento su código de conducta que se sustenta en la honestidad, respeto, confidencialidad y cumplimiento. Esto lleva a inferir que los proyectos de Apple responden a una Responsabilidad Social Empresarial que se efectiviza en programas y acciones concretas. No obstante, el tiempo que Apple lleva aplicando políticas de Responsabilidad Social es breve, desde el 2005 hasta el 2021 son 15 años. Asimismo hay que mencionar que el inicio e incremento de la aplicación de estas políticas se debió a los materiales nocivos para los empleados y el medio ambiente que utilizaban sus proveedores, así como los suicidios y trabajo infantil detectados en la fábrica de “Foxconn Taiwán”, proveedor que Apple tiene en la ciudad de Shenzhen en el sur de China. Por lo que, lo más acertado es afirmar que Apple manifiesta un compromiso creciente con las necesidades de la sociedad, pero se deberá esperar de uno a dos lustros para definir si este compromiso se mantiene y crece, o decrece hasta el punto de desaparecer, es decir, pasar de moda.

Por Bruno Ponferrada —— 05/09/21

Fuentes:

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Apple (2021); Ethics and Compliance, Recuperado de: https://www.apple.com/compliance/

Apple (2020); Our Commitment to Human Rights; Recuperado de: https://s2.q4cdn.com/470004039/files/doc_downloads/gov_docs/Apple-Human-Rights- Policy.pdf

Applesfera (2021); Apple donará parte del precio del iPhone SE (PRODUCT)RED al fondo de ayuda a la respuesta ante la COVID-19; Recuperado de: https://www.applesfera.com/apple- 1/apple-donara-parte-precio-iphone-se-product-red-al-fondo-ayuda-a-respuesta-covid-19

Armas V. y Malavé J.; Modas Gerenciales: ¿Qué son? ¿Por qué se difunden?; Recuperado de:

iProfesional (2021); Empleo infantil y suicidios: siguen los dolores de cabeza para Apple; https://www.iprofesional.com/management/111747-empleo-infantil-y- suicidios-siguen-los-dolores-de-cabeza-para-apple

Klilsberg B. (2006); Ética empresarial: ¿moda o demanda imparable?; Fundación Carolina; Washington DC, Recuperado de: http://cyta.com.ar/biblioteca/bddoc/bdlibros/rse/334_as_etica_moda.pdf

Lemonche P. (2012); Apple y sus proveedores. Cuando gestionar con responsabilidad no es suficiente; Revistas Compromiso Empresarial; Recuperado de: https://www.compromisoempresarial.com/rsc/2012/05/apple-y-sus-proveedores-cuando- gestionar-con-responsabilidad-no-es-suficiente/

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Opinión

Nuestras sinuosas relaciones con Rusia

En la asamblea legislativa del pasado 1 de marzo el presidente Alberto Fernández condenó la invasión rusa a Ucrania; exactamente 25 días antes había manifestado su deseo de que Argentina sea la puerta de entrada de Rusia a América Latina. Estas contradicciones, ya habituales en la política exterior del actual gobierno, no son sino el colofón de una historia sinuosa en las relaciones bilaterales de ambos países.

Las relaciones bilaterales recién se establecieron en 1885, durante la primera presidencia de Julio A. Roca. Al poco tiempo, con motivo de la guerra ruso-japonesa en 1904, Argentina fue uno de los pocos países que asistió a Japón, concretamente a través de la venta de dos acorazados. El triunfo japonés -el primero de un país oriental sobre una potencia occidental en la era moderna- supuso un duro golpe para el gobierno del zar y le dio voz al Japón en los asuntos internacionales de la época. Como muestra de agradecimiento, el gobierno nipón erigió en Tokio una plaza con el nombre de República Argentina

Tras la revolución bolchevique, el presidente Hipólito Yrigoyen decidió cortar las relaciones diplomáticas con Rusia, las que no se reestablecerían sino hasta 1946, durante el gobierno de Perón, ya bajo el nombre de Unión Soviética (URSS). El año previo, no obstante, el país y la URSS estuvieron envueltos en una disputa diplomática de relevancia en torno a las Naciones Unidas, pues el régimen soviético no quería que Argentina fuera admitida como miembro fundador de la Organización, al haber sido neutral durante prácticamente toda la guerra. La presión de los países latinoamericanos, que en ese momento eran proporcionalmente un bloque numeroso, y el decidido apoyo de Estados Unidos, que entendía que, si bien Perón era nacionalista y contrario a sus intereses en el sur del continente, en un eventual tercer conflicto a escala mundial estará en contra de la URSS, forzaron el ingreso del país. Como contrapartida, Estados Unidos tuvo que aceptar que la Unión Soviética tenga tres votos en la Asamblea General: El de Rusia (a nombre de la URSS), el de Ucrania y el de Bielorrusia.

Hacia finales de la Segunda Guerra Mundial si algo no se cuestionaba, eso era el anticomunismo de Perón. Sin embargo, el pragmatismo del líder argentino y en nombre de la tercera posición, hizo que a medida que avanzaba la guerra fría tendiera puentes con el Kremlin. No solo se restablecieron relaciones diplomáticas nombrando a un embajador, el primero hasta 1952 fue Federico Cantoni, sino que también creó un programa de delegados obreros como parte de la misión diplomática. En el caso de la Unión Soviética se nombró como agregado obrero de la Embajada argentina a Pedro Conde Magdaleno, un socialista devenido en peronista, para aceitar más las relaciones con el régimen.

Con Perón alejado del poder, en especial con los sucesivos gobiernos militares, las relaciones bilaterales volvieron a tensarse. Tras la crisis de los misiles cubanos en 1962, el presidente Guido, condicionado por las Fuerzas Armadas que depusieron a Frondizi, fue uno de los primeros líderes en plegarse al bloque estadounidense. Así, Argentina por primera vez envió dos buques de guerra al Caribe en expresión de su solidaridad con EEUU. Diez años después, el candidato argentino a la Secretaría General de Naciones Unidas, Carlos Ortiz de Rosas, presentado por Francia, y apoyado casi unánimemente, no pudo ser electo por el veto soviético, argumentando que no representaba al “tercer mundo”. El problema real fue que Argentina era miembro del TIAR (alianza militar con la participación de EEUU) y consideraban al argentino demasiado pro estadounidense.

El último gobierno de facto tuvo manchas y contramarchas en sus relaciones con la URSS. Por su carácter decididamente anticomunista apoyó militarmente a EEUU en las intervenciones en Centroamérica y simbólicamente participó del boicot en contra de los Juegos Olímpicos de Moscú. Por otra parte, el reclamo del presidente Carter por el respeto a los derechos humanos extendió puentes con Moscú e incrementó los lazos comerciales que ya se habían tendido previamente, convirtiéndose la URSS en una de los principales compradores de cereales argentinos. Durante el conflicto de Malvinas la Unión Soviética se abstuvo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; sin embargo, hay versiones sobre la ayuda en materia de inteligencia con el gobierno argentino e inclusive ayuda militar a través de terceros Estados.

El primer presidente argentino que realizó una visita oficial a la URSS fue Raúl Alfonsín, quien intentó relanzar los vínculos comerciales y obtener un apoyo explícito en la cuestión Malvinas. Sobre el primer punto hubo algunos avances, sobre el segundo ninguno.

La visita de Carlos Menem se hizo ya en tiempos de la Unión Soviética de Gorbachov, de la perestroika y glasnot, es decir, de una apertura hacia el mundo y la democracia occidental. Aun así, el alineamiento automático del gobierno a Estados Unidos impidió afianzar demasiado las relaciones bilaterales.

El acercamiento

Fue durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández cuando hubo un mayor acercamiento en materia política, ya sea por afinidad ideológica o por querer demostrar el manejo de una política exterior autónoma. En el último conflicto con Crimea, la cancillería argentina no cambió su tradicional postura en favor del respeto por la integridad territorial, pero la presidenta remarcó el doble estándar de las potencias occidentales al respecto. Durante la presidencia de Alberto Fernández, Argentina fue el primer país occidental en comprar la vacuna rusa, aun cuando esta no había pasado por la validación externa que requiere, por protocolo, cualquier descubrimiento científico. 

La defensa de los derechos humanos, que forma parte central en el discurso del actual gobierno y del de Néstor y Cristina Kirchner no se ha detenido para denunciar las persecuciones a las minorías en Rusia ni para abogar por el esclarecimiento de los asesinatos a periodistas o representantes de la oposición.

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Fidelidad sin logros

Tampoco se ha conseguido demasiado en materia de relaciones comerciales: Rusia es hoy el 16º socio comercial de la Argentina, con un comercio bilateral que en 2021 rondaba los 1.600 millones de dólares, aunque cabe aclarar que es uno de los países con los que más está creciendo el intercambio en términos porcentuales.

La diplomacia es una disciplina que requiere destreza para relacionarse con los distintos actores internacionales y evitar, manejar o aminorar los conflictos antes que abrirlos. 

Para ello tiene que tener en vistas todo el escenario internacional y no solo una parcialidad y el timing para actuar o tomar decisiones es indispensable.

Las acciones de política exterior deben ser oportunas y ciertamente la reciente visita del presidente Fernández a Rusia fue altamente inoportuna. La política exterior de un país no requiere de una visión ideológica, sino de una mirada geoestratégica que atienda a los intereses nacionales.

La cabeza de esa política exterior tiene que estar a la altura de esas exigencias y no debería ser el premio a los compromisos partidarios o la fidelidad política, como ha sucedido con no poca frecuencia en nuestro país.

Por Víctor Toledo – Lic. en Relaciones Internacionales —- 12/03/22

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Opinión

¿Sigue siendo efectiva la disuasión?

La disuasión es una modalidad de la estrategia militar en virtud de la cual, tradicionalmente, consistía en advertir al enemigo a que no haga algo si no quería tener consecuencias negativas. Hasta entrado el siglo XX la que imperaba era la estrategia de la acción pues, hasta entonces, lo que motivaba más a los decisores políticos, era la esperanza del triunfo. Las guerras tenían, relativamente hablando y en términos generales, poco costo para el vencedor en comparación con las ventajas obtenidas o esperadas de ellas.

La era nuclear cambió esa percepción y la disuasión pasó a estar en el centro de la escena. El arma nuclear potenció el efecto disuasorio, en especial cuando la Ex Unión Soviética (URSS) y Estados Unidos (EE.UU.) entraron en una desmesurada carrera armamentística.  A partir de allí se analizaron distintos escenarios posibles sobre el uso de armas nucleares en un eventual conflicto bélico; todos llegaron a la misma conclusión: el arma nuclear más efectiva es aquella que no estalla nunca. EE.UU. y la URSS entendieron que la utilización de este tipo de armamento acarrearía una destrucción mutua asegurada o MAD (loco en inglés).

A partir de entonces hubo una mayor estudio y teorización sobre la disuasión, la que fue definida como un efecto que se logra cuando se convence al adversario, a través de la amenaza, a que haga algo que yo quiero, o que se abstenga de oponerse a lo que yo quiero hacer. Para que la disuasión funcione tiene que haber una amenaza; ésta tiene que ser creíble y tiene que haber una clara e inequívoca comunicación de la intención de causar un daño. Durante toda la guerra fría la disuasión nuclear funcionó. Sin embargo, tras la caída del Muro de Berlín y el colapso soviético la hegemonía estadounidense parecía que había desdibujado la efectividad de la disuasión nuclear. Del mismo modo, la irrupción de otros actores al margen de los estados terminó por reforzar esa imagen de poco útiles. ¿De qué sirven las armas nucleares frente a un grupo terrorista? Ya Mao había dicho que eran una suerte de tigre de papel.

Ahora bien, que no sean efectivas frente a determinadas amenazas no quiere decir que hayan perdido total efectividad. Por alguna razón no la han utilizado ninguno de los poseedores de estas armas en sus conflictos internacionales, pero en cambio sí han sido instrumentos de amenaza o extorsión ¿O acaso no es lo que hace el líder norcoreano Kim Jong-un?

El conflicto en Ucrania ha vuelto a redimensionar los interrogantes en torno al papel de las armas nucleares y la disuasión. ¿Las utilizará Rusia? ¿Las empleará la OTAN? ¿Qué podría suceder en un escenario de empleo de armas nucleares en un conflicto bélico? ¿Sería la destrucción total?

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Hasta la fecha, lo que sucede en Ucrania no es sino el resultado de la disuasión nuclear. Es decir, Putin amenaza pero no se ha atrevido a utilizar estas armas, disuadido por una eventual represalia. EE.UU. impulsa sanciones económicas y ayuda militar, pero de ninguna manera está dispuesto a intervenir militarmente en combate y mucho menos a amenazar con una guerra nuclear. China ha tratado de morigerar a Putin y ha tendido puentes para la negociación entre las partes. Evidentemente, el efecto disuasorio de las armas nucleares sigue siendo efectivo.

Teóricamente este efecto tendría que aminorar en la medida en que los decisores políticos piensan más en las probabilidades de éxito que en la de las pérdidas: si aquellas son altas y éstas ínfimas, es probable que haya una mayor predisposición a utilizar las armas nucleares. Sin embargo, existe lo que se denomina el “poder igualador del átomo” por el cual, aun cuando haya diferencia en la cantidad de armas nucleares de un adversario sobre el otro, la potencia de estas armas las ha igualado cualitativamente. No es necesario tener miles de ojivas nucleares, con una sola que explote basta para borrar del mapa a media humanidad. ¿Tiene esto que dejarnos tranquilos y suponer que la disuasión funcionará con una suerte de piloto automático? Por supuesto que no. En escenarios de crisis, la eventualidad o plausibilidad de realizar el primer ataque nuclear es tentador, así como la especulación en una utilización racional o limitada de estas armas. El problema es que, una vez suelta la bestia, es difícil volver a atarla. Los líderes políticos se auto perciben como responsables y racionales, pero no son sino seres humanos, con todo lo que ello implica, entre otras cosas, con una mayor o menor cuota de irracionalidad latente.

Por Víctor Toledo – Lic. en Relaciones Internacionales — 04/02/22

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Análisis

Ucrania, la línea de fractura

Nadie puede negar que Vladimir Putin ejerce el poder de manera autoritaria. A su vez, resulta evidente que los principios de la democracia occidental no forman parte del ADN del sistema político ruso y que Rusia ha manifestado, desde sus orígenes históricos, una tentación imperial. Estos tres ejes sustanciales no son, empero, suficientes para explicar la situación actual en una región que supone una frontera endeble entre occidente y Rusia. 

¿Por qué Ucrania? 

Hay muchas razones que explican el accionar ruso: económicas, de política interna, de proyección geopolítica, etcétera, que ya han sido analizadas profusamente. Sin embargo, hay razones profundas y arraigadas que hacen de Ucrania un caso particular y sometido a una inestabilidad persistente desde el derrumbe soviético.

El imperio ruso nació en Kiev, actual capital de Ucrania, y durante mucho tiempo ha mantenido su independencia política. Sin embargo, desde 1654, cuando Bohdan Khmelnytsky juró lealtad al Zar a cambio de ayuda contra el dominio Polaco, estuvo bajo la égida de Moscú.
Internamente, es un país dividido pues la región occidental ha formado parte de Polonia, Lituania y Austria-Hungría, mientras que la región oriental ha mantenido estrechos lazos con Rusia. No se trata solamente de una cuestión de mapas y fronteras, sino de un impacto importante sobre la población. Los ucranianos occidentales hablan ucraniano y se han mantenido firmes en sus posiciones nacionalistas; en cambio la población oriental en gran parte habla ruso y no han sido tradicionalmente anti rusas. En materia religiosa la división también es marcada y en este punto es necesario resaltar el carácter descentralizado del Cristianismo Ortodoxo en donde las iglesias son nacionales, lo que implica en cierta medida y según los casos, una ligazón más férrea con los poderes políticos. En el caso de Ucrania, los orientales tienen vínculos con la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero en la región occidental la mayoría pertenece a la denominada Iglesia Uniata, que practica el rito bizantino, pero que reconoce la autoridad del Papa.

Todos estos datos no son solo curiosidades demográficas, sino que han influido decisivamente en la dinámica de los acontecimientos desde el desmembramiento de la Unión Soviética. En las elecciones presidenciales de Ucrania lo habitual ha sido que se enfrenten líderes pro rusos y pro occidentales; el triunfo de unos u otros marca las tensiones con una u otra potencia. Las elecciones presidenciales de 1994 han sido una clara demostración, cuando el líder nacionalista Kravchuck venció en las 13 provincias de Ucrania occidental con amplia mayoría y el líder pro ruso Kuchma hizo lo propio en las 13 provincias de Ucrania Oriental. El último presidente ucraniano filo ruso fue Vìktor Yanukóvich, quien gobernó entre 2010 y 2014. Desde esa fecha, se han acelerado los conflictos internos, desde los intentos secesionistas de Donetsk y Lugansk pasando por la crisis y posterior anexión o recuperación, según el cristal con el que se mire, de Crimea por parte de Rusia.

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La coyuntura pasa, pero la historia queda. En Ucrania la historia marca la existencia de un país dividido en donde los conflictos han estado presentes o latentes de una manera casi permanente. En su célebre “Choque de Civilizaciones”, Samuel Huntington señalaba que la línea de fractura entre la civilización occidental y la ortodoxa pasaba por Ucrania y que el futuro de la región dependía de las relaciones entre estas dos naciones eslavas. El autor suponía como hipótesis más probable una Ucrania unida pero escinda y cercana a Rusia por conveniencia más que por convicción. No descartaba, aunque como una hipótesis menos probable, la división de Ucrania en dos entidades y la anexión de la oriental con Rusia. Claro, en los años 90, cuando Huntington escribió su obra, China no era una potencia mundial y Putin no estaba al frente del Kremlin

Por Lic. Victor Toledo — 27/02/22

Fuente: www.eltribuno.info

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