Observador Urbano

Amazonia: el frustrado globo de ensayo

La historia nos cuenta cómo España, en su Guerra Civil (1936-39) acabó siendo el gran laboratorio de estrategias, armas y tecnología, y el campo donde se midieron soviéticos, alemanes y quienes luego serían los aliados occidentales en la Segunda Guerra.

A poco que se observe, Amazonia casi vino a cumplir ese mismo rol de tantear fuerzas entre dos bloques, si no fuera por la constatación de que apenas se trató de un pomposo globo de ensayo.

En pocas palabras: La Conferencia Episcopal alemana viene desde hace tiempo amenazando con retobarse. Los puntos de discordia elegidos para que la crisis sea ostensible pasan por el celibato sacerdotal y el sacerdocio femenino. Aunque estos sólo son los temas más álgidos de una agenda que toca también la moral sexual, la comunión a los vueltos a casar y planteos más profundos sobre las estructuras de poder y su ejercicio en la Iglesia, todo en el marco de un proclamado modernismo hacia el cual hace tiempo se decidió derivar.

Tal vez alentados por las ambigüedades de un pontificado que transita en la banquina del relativismo -como lo demuestra Amoris Laetitia- y probablemente alentados por un especulado laissez faire proveniente de Santa Marta, los alemanes salieron a jugar sus cartas, en una mano que venían cocinando a fuego lento: sostener doctrinaria, económica y políticamente la movida que se venía gestando en la Amazonia.

Era el escenario ideal donde se podían ensayar -a prudente distancia del propio territorio y con un costo político sensiblemente menor- varias de las posiciones enarboladas por el progresismo alemán.

Así, mientras en Alemania todo seguía reduciéndose a pirotecnia que alimentaba los dimes y diretes de jerarquías, analistas, periodistas, comentaristas y vaticanólogos de todo signo, las fichas se iban colocando una tras otra en el casillero amazónico. Esto se tradujo en un remanido discurso que empezaron a pregonar algunos de los pesos pesados brasileños nostálgicos de la vieja teología tercermundista, hoy diluida en un suave cóctel que incluye entre sus ingredientes al indigenismo y la ecología, en clave pseudosocialista y populista. Y al calor de tales elucubraciones se fue gestando el brote del Sínodo Amazónico.

Y el resto de la Iglesia esparcida por todo el mundo sería testigo de una pulseada que -tarde o temprano- terminaría involucrándola, lo quiera o no.

Probablemente nunca sabremos cuánto de genialidad, cuánto de intuición y cuánto de especulación hubo en esta jugada que acaba de concluir con la publicación exhortación apostólica postsinodal “Querida Amazonia”, el 12 de febrero. Pero en un extremo del arco, tenemos la notable capacidad de poner en “off-side” (en “orsái”, en dialecto futbolero argento) a la vanguardia díscola del Episcopado alemán, alentada por gestos que razonablemente interpretó como favorables a las expectativas que enarbolaba. En el otro extremo, la más pedestre y especulativa confección de un globo de ensayo que le permitiera al Pontífice tomar posición de acuerdo a las reacciones que toda esta movida suscitara, para así saber hasta dónde avanzar sin arriesgar demasiado, dentro de su propia agenda progresista. Lo cierto y fuera de toda duda, es la habilidad e intuición de una jugada tan típicamente jesuita y peronista, pero que aun así, tomó por sorpresa a casi todos. Como el vernáculo tero, que confunde con el alboroto, al tiempo que distrae del verdadero objetivo que supone el nido.

La Amazonia resultó ser ese campo de pruebas funcional a estrategias ajenas. Pero como ocurriera con la lechera de Samaniego, todas las fantasías con la que parte de la iglesia brasileña se ilusionaba, terminaron -como el cántaro de leche del cuento-  en el piso, partidas en mil pedazos.

El riesgo cierto de cisma al que parecía dirigirse una parte importante de la Iglesia alemana en un fatal curso de colisión, parece por ahora -tan sólo por ahora- haberse conjurado. Aunque esto no necesariamente tendrá que leerse como una victoria de los sectores más moderados y tradicionales, sino probablemente como un impasse, hasta que los bandos en pugna en los próximos días terminen de limpiar heridas y evaluar los daños de esta mezcla tan peculiar de bleff y chirinada. 

Por Gustavo Almada Sánchez

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